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No es blanco, ni es tinto, ni tiene color

"El tablero político no es el eje izquierda-derecha, sino democracia-oligarquía", aseguran portavoces de Podemos

Lo de no ser de derechas ni de izquierdas lo dijo antes la UPyD de Rosa Díez y lo reivindica hoy Ciudadanos, la formación de Albert Rivera

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Imagen de la Asamblea de Podemos en Vista Alegre

Uno de los mantras de Podemos es asegurar que no entran en la dinámica derechas/izquierdas, que consideran superada por otros parámetros: los de arriba y los de abajo, lo viejo y lo nuevo o, en fin, la ciudadanía frente a las élites. Lo de no ser de derechas ni de izquierdas lo dijo antes la UPyD de Rosa Díez y lo reivindica hoy Ciudadanos, la formación de Albert Rivera, que, según los sondeos, le está comiendo cada vez más espacio a los magenta. Y, mucho más lejano en el tiempo y en circunstancias bien distintas, el propio fundador de la Falange, José Antonio Primo de Rivera.

En Europa también se dan ejemplos similares. Lo apunta el analista Marcello Belotti que en un artículo publicado antes de la llegada al poder del actual primer ministro italiano, Matteo Renzi, lo definía así: "Es un moderado y mantiene, sin esconderse, relaciones con personajes de la finanza mundial. Interpreta la modernidad como un debilitamiento de las fronteras entre derecha e izquierda, como una renovación puramente pragmática de la vida social, sin rasgos políticos e ideales fuertes".

Volviendo al caso español, en Podemos no hablan del eje "izquierda-derecha, sino democracia-oligarquía". Algo reiterado en el documento aprobado tras la Asamblea celebrada en Vistalegre a mediados de octubre en relación a los comicios locales: "Las candidaturas de unidad popular no buscan ubicarse a la izquierda del tablero político sino ocupar la centralidad", aseguran.

Contradicciones

 Aquí se producen algunas contradicciones más que evidentes.

La primera, el hecho de que formen parte del grupo de la Izquierda Unitaria en el Parlamento Europeo, junto  a formaciones como La Izquierda Plural (abanderada por IU), Die Linke, Bildu, Front de Gauche, Bloco de Esquerda o Sinn Fein. Y que muestren, asimismo, una enorme simpatía y admiración por formaciones como Syriza, integrada también en la Izquierda Unitaria.

La segunda contradicción está entre lo que son y lo que dicen o quieren ser.

Es cierto que los diferentes estudios sociológicos confirman la heterogénea composición de su electorado, con un partido que pesca en todos los caladeros: en el PSOE, en IU, pero también en el PP y UPyD (o en CC y en NC en Canarias), conformando un apoyo sociopolítico de origen multicolor. Con muchos ciudadanos y ciudadanas con el menor interés en procesos constituyentes o en cambios profundos en el modelo económico y que les votan, fundamentalmente, por rechazo a los otros. Al margen de su composición y de su programa.

Y, asimismo, se muestra que Podemos tiene una buena parte de apoyo en las clases altas y medias altas, mientras que los obreros siguen todavía decantándose mayoritariamente por el PSOE.

Pero esto contrasta con el grupo dirigente, con claras raíces militantes a la izquierda del PSOE. Y, también, con buena parte de su dirigencia en las Islas, ubicada en su prolongada trayectoria política a la izquierda, no sólo de los socialistas, sino también del PCE y de IU.

Dicotomía

Cabe interrogarse si es posible una organización colocada en el centro del espacio político, dirigida por colectivos y personas que, al menos teóricamente, aspiran a transformaciones mucho más profundas, incluso rupturistas y revolucionarias, de la sociedad.

Y si esa dicotomía, junto a las notables discrepancias internas, no acabará por implosionar, originando una nueva decepción y desactivando buena parte de la contestación de los últimos años.

Para el catedrático de Ciencia Política Ramón Cotarelo es justamente esa ambigüedad "su elemento más llamativo a la par que criticable. Es el inconveniente de tener mil ocasiones de expresarte en público: que se nota mucho aquello que silencias, ocultas o confundes. Son diversos los puntos de ambigüedad del discurso de estos novísimos no tan nuevos y dictados por esa voluntad tacticista, pragmática, reconocida por ellos mismos de salir a ganar cueste lo que cueste. Esa ambigüedad afecta a todos los puntos de un posible programa todavía por formular".

El catedrático tiene pocas dudas de que sacarán muchos votos, "pero me apuesto algo a que el personal se quedará sin saber exactamente qué quiere hacer Podemos con su idea de Patria/Soberanía, con las relaciones entre la Iglesia y el Estado y con el derecho de autodeterminación de los catalanes".

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