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Natalia, la bloguera que ayuda a padres y madres de niños transexuales

La historia del blog “A mi querido Daniel” comenzó en septiembre de este año. La de Natalia y Daniel hace algo más de diez años, justo en el momento en el que ella se enteró de que estaba embarazada de su segundo hijo

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Foto: Carlos de Saá.

Foto: Carlos de Saá.

Natalia Medina se sentó un día detrás del ordenador y decidió abrir un blog. Su intención no era convertirse en una bloguera que marcara tendencias ni empezar a sumar seguidores. La finalidad era dar a conocer su historia y la de su hijo Daniel, un niño transexual de 10 años. El objetivo: “ayudar a otras familias a no verse tan perdidas como me vi cuando me dijeron que mi hijo era transexual”.

La historia del blog A mi querido Daniel comenzó en septiembre de este año. La de Natalia y Daniel hace algo más de diez años, justo en el momento en el que ella se enteró de que estaba embarazada de su segundo hijo. El embarazo fue, desde el principio, distinto al de su hija Irene. “Sentía que era un niño, pero el ginecólogo me dijo, finalmente,  que no”, recuerda.

El 30 de enero de 2006 nació una niña, pero siempre fue un niño. Natalia explica cómo al principio todo iba bien hasta que “empezó a crecer y hablar y veo que no era feliz”. El pequeño era hiperactivo, vivía malhumorado y lloraba por cualquier motivo. La situación terminaría desbordando a Natalia, que llegó a recurrir a ayuda psicológica cansada de plantearse si “era una mala madre”.

Con tres años Daniel acudió a una fiesta en el colegio con el traje típico masculino canario. Días antes, le había dicho a su madre “que quería uno como el de papi”. Natalia se lo compró y, a partir de ahí, el pequeño empezó a vestirse con prendas masculinas, algo que llegaría a generar comentarios en su entorno. Ella hizo oídos sordos y solo quería ver feliz a un hijo que cuando le crecía el pelo no dudaba en coger unas tijeras y hacerse el corte que realmente deseaba.

En una ocasión, Daniel viajó una semana a Gran Canaria para ver a su abuela. Durante su estancia el niño acudió, junto a su abuela, a una boda con un vestido. Poco después, Natalia vio la foto y no tardó en preguntarle el motivo por el que había decidido ponerse esa ropa. La contestación fue: “para hacer feliz a abuela”.

Puede leer el reportaje completo en Diario de Fuerteventura.

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