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Los sepelios unen a las familias de los nueve marroquíes ahogados

EL PASADO DÍA 7 EN LAS COSTAS DE ARGUINEGUÍN

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Las familias de cuatro de los nueve inmigrantes marroquíes que se ahogaron el pasado día 7 tras saltar de la patera en que viajaban junto a la costa de Agüimes, en la isla de Gran Canaria, esperaban este sábado la llegada de los cuerpos.

Los preparativos para el traslado de los cadáveres desde el aeropuerto de la ciudad marroquí de Agadir se ultimaban en la sede la Asociación Marroquí de Derechos Humanos (AMDH) en Buizakarn, localidad de cerca de 14.000 habitantes y de la que procedían tres de esos jóvenes.

En las ambulancias de la Media Luna Roja que trasladaan los restos mortales de los inmigrantes viajaba también un representante de cada una de las familias, alguno de los cuales, como el padre de Mohamed El Mrabat, Bachir, conoció la noticia de la muerte de su hijo en la mañana de este mismo sábado.

"Mohamed se fue de casa hace un año y medio sin destino conocido y no sabíamos que había intentado ir a España. Nos hemos enterado hoy", afirma con el gesto sereno pero cabizbajo y todavía sobrecogido por los acontecimientos.

La muerte de ese joven de 20 años y la de otros ocho marroquíes y un tunecino se produjo a pocos metros de la orilla de la playa de Risco Verde, cuando saltaron de la patera en la que viajaban creyendo haber llegado a tierra, aunque en realidad se encontraban en una roca rodeada de aguas con dos metros de profundidad.

La repatriación de los cuerpos se inició el viernes con la salida de los cuatro primeros desde el aeropuerto de Gran Canaria, en un vuelo de Iberia vía Madrid con escala en Casablanca y destino final en Agadir, desde donde se desplazan hasta los lugares de origen, en la región de Goulimine, a 80 kilómetros de Sidi Ifni.

Con la llegada de los últimos, el domingo a las 18.00 GMT, se cierra una historia de esperanzas truncadas que, a juicio del presidente regional de la AMDH, Abdulá Batu, es consecuencia de la situación socioeconómica por la que atraviesa el país.

"La región está marginada, no hay trabajo para los jóvenes y la tasa de paro se eleva cada año. Todos estos factores han llevado a la gente a intentar ir a España o a otros países como Francia. Si no logran conseguir un visado buscan vías alternativas como ésa", señaló Batu.

El paro y la discreción con la que llevaron a cabo los preparativos del viaje son circunstancias comunes a los nueve marroquíes fallecidos, identificados como M'Bark Bassaina, El Mrabat Mohamed, M'Bark Riad, Mohamed El Harrath, El Bachir Boukhair, Ahmed Outemzgou, Ahmed Abouah, Abdellah id Bouja y Lahcen Berrouaidi.

''No vayas''

"Tomó la decisión solo; nos llamó el mismo día de la salida y nos dijo que iba hacia Canarias esa misma noche. Le insistimos en que no realizara el viaje y le pedimos que volviera", recordó el hermano de M'Bark, Bubakar Riad.

"La gente es discreta sobre sus intenciones y algunos no se lo dicen ni a sus allegados, porque saben que no van a querer dejarles marchar", apuntó en la sede de la AMDH el tesorero de esa asociación, Husein Hamiki.

"Todo el mundo conoce los peligros del viaje, pero se da cuenta de que no hay otra solución. A los jóvenes les gusta la aventura y aunque saben que corren un gran riesgo desean llevar a cabo nuevos proyectos, ven que hay otros amigos que lo han conseguido y quieren intentarlo", agregó Hamiki.

Las deudas que dejaron algunos de ellos para sufragarse el desplazamiento se unen ahora a los costes que deben afrontar las familias para sufragar los sepelios, y que van a impedir que los familiares de El Mbrabat, procedente de Sboya, vayan a poder acudir en su totalidad al entierro, previsto para este domingo en Buizakarn.

"Viven en una zona lejana y de difícil acceso, a 60 kilómetros de Buizakarn, 17 de ellos por una pista rural, y nadie quiere ofrecerse a llevarles. El gasto del viaje sólo en carburante es de alrededor de 200 dirhams (unos 20 euros)", explicó el presidente de la AMDH.

De costear la repatriación desde Canarias se ha encargado la Fundación Hasán II, institución dependiente del Palacio Real, y las comunas rurales son quienes han puesto a disposición de las familias las ambulancias con las que se completará el resto del trayecto.

Horas antes de ir a recoger los cadáveres, los familiares de parte de esos marroquíes, apesadumbrados por las circunstancias, se mostraron conscientes, no obstante, de que las limitaciones de quien se queda en la zona convierten a la emigración prácticamente en la única salida.

"Incluso mi hijo de tres años dice que se quiere ir a España. Sólo espero que si lo llega a hacer sea a través de un visado", afirmó a modo de ejemplo Lahoucine Boukhair, hermano de El Bachir.

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