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Bajo el sol de la exclusión

LAURA VOLVERÁ EN VERANO A UNA GUARDERÍA PRIVADA ANTE LA FALTA DE ALTERNATIVAS PÚBLICAS

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Dentro de tres días comienza oficialmente el verano, unos meses donde sin duda los niños son los protagonistas. Sin embargo, la época estival no llega para todos, o al menos, no de la misma manera. Laura forma parte de ese colectivo de menores que sufren discriminación social y, en este caso, también institucional, sólo porque no es como todos.

Tiene 14 años, aunque su discapacidad intelectual hace que se comporte como una niña de 8. No habla, pero entiende absolutamente todo lo que se le dice y ocurre a su alrededor. Está matriculada en San Juan de Dios por la necesidad de las terapias de rehabilitación y "porque no la admiten en un colegio público", explica su madre, Carolina Rodríguez. "El único cuidado especial que precisa mi hija es que hay que cambiarle los pañales una o dos veces a lo largo de la mañana".

Hace tan sólo unas semanas Laura fue admitida en los talleres de verano que desde hace cuatro años organiza el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria. Una iniciativa que, durante el mes de julio, ofrece una alternativa de actividades lúdicas y refuerzo escolar a los alumnos de Educación Infantil o Primaria y, también a niños con déficit motórico, auditivo o intelectual.

Después de esta supuesta admisión, Carolina recibió una llamada "a los 15 minutos de salir de las oficinas" de la empresa Eulen -encargada de organizar todas la actividades de esta campaña estival- para comunicarle que Laura no podía ser aceptada porque "la empresa no tiene monitores preparados para atender a esta clase de niños", afirma Carolina. "Me dijeron además -continúa- que mi hija no podía ser admitida porque no se le podía cambiar el pañal" debido a que los monitores "no pueden tocar a los niños". También recuerda Carolina que en la empresa le dijeron que ni los niños en silla de ruedas ni los autistas podían ser admitidos en estos talleres.

A esta madre no le duele que su hija sea rechazada: le "indigna". No comprende cómo el Ayuntamiento organiza "con el dinero de todos" unas actividades destinadas "sólo para algunos". "Reivindico que si se hacen talleres de verano para niños desde la administración pública con dinero público, también tengan cabida los niños disminuidos, porque ellos también tienen verano".

Carolina Rodríguez lo deja muy claro: "a una empresa privada le admito que discrimine a un sector de la sociedad, a una pública no. Por ahí no paso".

La paga extra, para la guardería privada

"Llega el verano y, ya desde mayo, no duermo pensando en cómo podré pagar los 360 euros mensuales para la guardería privada a la que llevo a mi hija durante el verano desde los 4 años", manifiesta esta madre que, a sus 42 años, dedica su vida en cuerpo y alma a su hija.

Carolina Rodríguez insiste en lo injusto de que estos talleres municipales, que cuestan sólo 12 euros y cuyo objetivo es "facilitar a las familias que tengan dificultad para atender a sus hijos, el cuidado de los mismos", estén dirigidos únicamente a "unos pocos".

La única ayuda estatal que recibe esta madre coraje son 290 euros cada seis meses, una mínima ayuda familiar que seguirá percibiendo hasta que su hija cumpla los 18 años, sólo entonces Laura empezará a cobrar la minusvalía.

"Me duelen los nudillos de tocar puertas que no se me abren", concluye Carolina ante la mirada risueña de su niña.

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