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Don Pepito abre club de fans

AHORA SE LE SUMAN LOS QUE QUIEREN QUE EL CONCURSO DE RADIO HUELA MAL

Don Pepito, el dueño del periódico El Día, ya ha perdido el oremus por completo. Sus editoriales y los artículos de sus dos columnistas de cabecera, Ricardo Peytaví y Andrés Chavez, se empeñan cad

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Fernando Ríos, presidente de la mesa de adjudicación del concurso de radios.

Fernando Ríos, presidente de la mesa de adjudicación del concurso de radios.

Don Pepito, el dueño del periódico El Día, ya ha perdido el oremus por completo. Sus editoriales y los artículos de sus dos columnistas de cabecera, Ricardo Peytaví y Andrés Chavez, se empeñan cada día en miccionar un poco más lejos que la jornada anterior ante la sonrojante evidencia de que la gente no les hace ni puñetero caso, que provocan la carcajada generalizada entre el cuerpo electoral y entre los políticos, y el bochorno de la profesión periodística? Bueno, hay excepciones. Paulino Rivero y sus más acérrimos seguidores dentro de Coalición Canaria, acaban de sufrir cierta sacudida rebelde como consecuencia de los editoriales incendiarios, insultantes y subversivos del periódico de referencia en Tenerife. Algunos alcaldes, cuya voz ha sido convenientemente reconducida por históricos y no tan históricos dirigentes de la reconvertida ATI, han cuestionado la continuidad del presidente del Gobierno atendiendo de manera absurda a las exigencias lanzadas cada día, de manera majadera y bordeando el Código Penal por Rodríguez Ramírez en sus hilarantes escritos. No se han detenido un solo momento a reflexionar acerca de los verdaderos motivos que conducen al desquiciado editorialista a pedir para el presidente del Gobierno su deportación y la de su esposa bajo la amenaza nada sutil de que piensa echarle encima a la ciudadanía para que los linche. Porque don Pepito, o don José, como inmerecidamente pretende que le llamen a este payaso del periodismo, no persigue con su línea editorial reconducir la política canaria hacia una situación mejor de la sociedad a la que debería servir. Lo que quiere es perpetuar su negocio a la sombra del poder, y como no lo consigue, inflama, insulta, subvierte, amenaza y hasta reclama que se delinca en su favor. Y lo peor es que a veces consigue que los más insospechados agentes sociales le hagan el juego.

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