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El Niño Bravo y el patio de su casa

EL ALCALDE DE SANTA BRÍGIDA METE LA OTRA PATA

Santa Brígida necesita un buen alcalde, y quizás lo pudo haber sido Lucas Bravo de Laguna, un joven con ambición, capaz, con buena cuna política y miembro de un partido, el PP, que se dispone a adentrarse en una catarsi

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Santa Brígida necesita un buen alcalde, y quizás lo pudo haber sido Lucas Bravo de Laguna, un joven con ambición, capaz, con buena cuna política y miembro de un partido, el PP, que se dispone a adentrarse en una catarsis en los próximos veinte meses. Tiene cierta formación y, si se lo propusiera, cambiaría el sino decrépito y cutre de tantos alcaldes populacheros con escasa visión de futuro. Pero al Niño Bravo le pierde su soberbia y sus ramalazos de pequeño gran dictador, pero eso tiene cura con un poco de humildad y un repaso a los clásicos. Su última incursión en el autoritarismo no ha hecho más que confirmar los peores presagios, los que tienen que ver directamente con la soberbia que le impide reconocer sus errores y rectificar. El feo incidente con el Club de Lectura Drago de Sataute ha mostrado la cara más intolerante y reaccionaria de este joven aprendiz de político que en dos días consecutivos ha insistido en el error metiendo la segunda pata sin haber sacado la primera. Empezó hablando de literatura pornográfica (sic) y terminó confundiendo el patrimonio municipal con el patio de su casa.

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