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Quique, Asier, el PP sin Soria, la política

El ex delegado del Gobierno, Hernández Bento, se queja de que su destitución haya sido política, “una purga”, que se parece mucho a la de Víctor Jordán en 2008 por apoyar a Paulino Montesdeoca en el congreso insular del PP grancanario

A Asier Antona se le sube la sangre a la cabeza y comete sus primeros errores graves: rehabilita a Clavijo con un Fedecan disparatado y desbarata al PP canario en momentos cruciales

El PSOE aceptará el nuevo reparto del IGTE porque cree controlarlo; sus consejeros no dimitirán y, por lo tanto, aprobará el presupuesto de 2017; quedará a expensas de que CC siga zarandeándolo a su antojo

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El exdelegado del Gobierno en Canarias, Enrique Hernández Bento

El exdelegado del Gobierno en Canarias Enrique Hernández Bento EFE

A Asier Antona se le ha subido la sangre a la cabeza. Esperó un tiempo prudencial (ocho meses) a que se enfriara el cadáver de Soria y la mayoría del PP canario pasara el luto, para poner los pies encima de la mesa sin quitarse los zapatos, puro en boca, y ponerse a ejercer de mandamás. Eligió un mal modelo, el de su antecesor, que remedaba de modo único al caudillo: “Haga como yo, no se meta en política”. Meterse en política en el Partido Popular de Canarias es poner en duda la autoridad y el liderazgo del presidente. Pocos se atrevieron a hacerlo durante la larga noche soriana, y los que lo hicieron pagaron cara su aventura. El último decapitado fue el abogado tinerfeño Miguel Cabrera Pérez-Camacho, cuya bronca en una junta directiva regional afeando a Soria los malos resultados electorales le costó la irradiación inmediata.

Pero hay que remontarse al año 2008 para encontrar una destitución tan fulminante como la que hemos vivido estos días del delegado del Gobierno en Canarias, Enrique Hernández Bento. A Víctor Jordán se lo cargó José Manuel Soria de su puesto como viceconsejero de Pesca del Gobierno de Canarias por ser el jefe de campaña de Paulino Montesdeoca, que osó disputarle la presidencia insular de Gran Canaria a la soriana Australia Navarro, hoy felizmente reconvertida en antoniana. Aquel congreso fue de traca: no se respetó el secreto de la votación de los afiliados (las papeletas de cada candidato eran tamaño DIN A-3 y tenían un color diferente) y se le negó al candidato crítico acceder al censo y presentarse en algunos de los comités locales. No hace falta recordar que aquel congreso lo ganó Australia Navarro y que tanto Paulino Montesteoca como Víctor Jordán están fuera del partido.

A Quique Hernández Bento se lo fulmina Asier Antona por unas cuantas razones, todas ellas muy relacionadas con el empeño del destituido por meterse en política. No hubo nada que objetar mientras lo hizo al amparo de José Manuel Soria, jugando sucio más veces de las deseables: pregunten en el Gobierno de Canarias a qué se dedicó durante los aciagos meses de las prospecciones petrolíferas frente a Lanzarote y Fuerteventura; o pregunten en Aena por las grabaciones de las cámaras de seguridad filtradas a la televisión amiga para la cacería contra Victoria Rosell.

Resulta patético escuchar a todo un delegado del Gobierno y ex subsecretario del Gobierno de España quejarse de que su destitución haya sido una “decisión política” como si no lo hubiera sido su nombramiento, decretado por Soria para que el hombre no se quedara sin coche oficial tras su precipitada salida del Ministerio  de Industria.

Seguramente Bento se estaría refiriendo a otro tipo de “política”, la de contestar al líder Antona, impuesto por la superioridad de modo interino entre Soria y un congreso regional que ya llegará. Sostiene el ex delegado que el presidente (o presidenta) del partido debe ser de Gran Canaria, y es en esa isla donde parece contar con muchos apoyos. Hay más críticos a Antona, empezando por Cristina Tavío y Manuel Domínguez en Tenerife, con voces cada vez más sonoras desde Lanzarote, La Gomera o Fuerteventura.

Voces que no solo critican la destitución de Hernández Bento (él), al que incluso homenajean, sino también el boca a boca que Asier Antona acaba de aplicarle a Fernando Clavijo con el famoso Fondo de Desarrollo de Canarias (Fdecan) mediante una pirueta que puede acabar como el rosario de la aurora. Antona presume de haber cogido el toro por los cuernos, de ser el macho de las cañadas que desbloqueó una situación endemoniada de la que pudo salir herido de muerte este Gobierno de Canarias. Y hasta presume de haber apañado un millón de euros para el paseo marítimo de Tías, donde gobierna su partido. Otro para el transporte público de Las Palmas de Gran Canaria, o tres para rehabilitación de zonas turísticas obsoletas, todo cuestionable si se aplica el acuerdo de la comisión mixta por la que el Gobierno de Rajoy decidió ceder los restos del IGTE a Canarias.

La prensa del régimen saludó el desbloqueo del Fdecan como si el PP hubiera salvado el reparto de Clavijo, cuando en realidad, con los números delante, queda bastante en entredicho aquello de la triple paridad. En el PSOE están convencidos de que para el pesebrismo sólo le quedarán 16 millones si se aplica el acuerdo de aplicación del REF.

Por eso los socialistas esperarán a que este lunes el presidente les explique en el Consejo de Gobierno qué va a hacer con el asunto, para a continuación decidir si se dejan echar, si se marchan voluntariamente o si siguen tragando como posesos.

Muchos temen que el presidente vuelva a hacer trampas, posponga la solución al galimatías y espere a que el PSOE le apruebe los presupuestos este mismo martes para, a continuación, echarlos del Gobierno, sin ni siquiera agradecerles los servicios prestados.

Otros sostienen que a estas alturas del curso, con el relato fijado en la calle de que al pobre Clavijo lo han zarandeado sin motivos, lo mejor es aguantar y aguantar mientras el cuerpo resista. Muy pocos están dispuestos al gesto valiente de unirse al PP, a Nueva Canarias y a Podemos y tumbar a CC los presupuestos de la Comunidad Autónoma, provocando así una crisis que sólo podría resolverse mediante una cuestión de confianza a la que debería someterse el presidente Clavijo.

Pero no. La postura sigue siendo la de la quietud (llámenla sumisión, si quieren) a la espera de que cualquier ruptura en la fórmula que fuera, despierte al Partido Popular y se decida a tomar partido. Porque eso de que populares y nacionalistas tienen un pacto cerrado es no conocer a Asier Antona. Hágame caso, no se meta en política.

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