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Bravo de Laguna vuelve a tener una nueva oportunidad para contarlo todo y evitar, si convence, una inservible comisión de investigación

El periódico ‘El Día’ despide a José Rodríguez Ramírez con los mismos modales y abalorios del desaparecido editor

Josefina Navarrete se ve las caras hoy con el Zorro Plateado tras darle un buen meneo a su nuevo abogado

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Fachada del RIU Vistamar.

Fachada del RIU Vistamar.

Será nuevamente muy movidita la semana política que le espera al presidente del Cabildo de Gran Canaria, José Miguel Bravo de Laguna, que anuncia para este mismo jueves un nuevo esfuerzo por explicar sus relaciones con el presunto empresario Cristóbal Rodríguez Marichal, que lo ha denunciado ante la Fiscalía por presuntas negociaciones prohibidas a funcionario público. Veremos si en este intento Bravo de Laguna vuelve a quedarse a medias o, por fin, reconoce que fue completamente antiestético celebrar en su despacho profesional de abogado una reunión con un cliente con el que debió haber cortado todo tipo de relación profesional al acceder a la presidencia del Cabildo. Deberá explicar en su comparecencia de este jueves en qué consistió (si lo hubo) el asesoramiento que le prestó y, finalmente, cuál fue el resultado de ese asesoramiento, si corrió en el sentido de los intereses de ese cliente o si la cosa fue por otros derroteros con el expediente BIC que el Cabildo acaba de enviar al Gobierno. Para mejor ilustrar, también sería muy conveniente que Bravo de Laguna explique si es cierto que también ha celebrado reuniones con otros empresarios de la zona, como la familia RIU, los hermanos Carmen y Luis Riu, en concreto, y si alguna de esa reunión se tuvo que celebrar, casi a uña de caballo, en la sala VIP del aeropuerto Adolfo Suárez ante la insistencia persuasiva de la mayor del clan. La información habrá de completarse con los resultados obtenidos por las empresas y empresarios que, en el lógico desenvolvimiento de sus expedientes, han celebrado otros encuentros con el presidente insular: Lopesan, SeaSide, representantes de El Senador, verdaderos representantes del centro comercial Maspalomas, etcétera. Porque cuanta más información, mejor para la formación de una opinión de los líderes de la oposición y de los ciudadanos. Quizás así hasta se ahorre una inservible comisión de investigación.





Adiós, don José

Vayan por delante nuestras condolencias a la familia y amigos de José Rodríguez Ramírez, editor y director del periódico El Día, fallecido este martes en Santa Cruz de Tenerife tras una complicación post-quirúrgica relacionada con sus afecciones cardiacas. La muerte no es una derrota. Es un suceso obligado. Nadie lo espera, pero termina llegando. No es una victoria de nadie la desaparición de Rodríguez Ramírez, pero alivia a muchas personas, víctimas de la delirante deriva editorial y periodística de sus últimos años. No ha muerto una insigne figura del periodismo canario, por mucho que los hagiógrafos de turno quieran tejer alrededor de su figura un manto de reconocimiento. Ha muerto uno de los peores ejemplos de lo que debe ser el ejercicio de esta profesión y de la dirección de una empresa de comunicación respetable. No es preciso que hagamos ahora un inventario de insultos a instituciones, personas y hasta colectivos humanos; en la mente del lector seguro que hay en estos momentos ejemplos sobrados que demuestran lo que decimos. Es comprensible, sin embargo, lo dicho por políticos y empresarios en la despedida de José Ramírez: se comportan con los convencionalismos propios del momento. Más sincero es el artículo del periodista Nacho Martín, que publica Tenerife Ahora, porque está escrito por alguien que lo conoce muy bien. Y lo hace con respeto a la figura del empresario desaparecido y a la verdad, que ni siquiera debe esconderse en momentos tan relevantes como estos.


Sacaron las metopas

Lejos de dar un paso hacia la normalización y la humildad, en vez de mostrar con serenidad y sin alardes ya innecesarios la muerte de su propietario, el periódico El Día mantuvo este miércoles en pie la antorcha patológica que le ha conducido todos estos años al camino de la pérdida absoluta de la credibilidad. Pretender como hicieron sus responsables interinos hacer pasar a José Rodríguez como “máximo representante del periodismo canario” o “líder de la comunicación en Canarias”, como se podía leer en la noticia de su óbito, confirma que el delirio ha cuajado. Y apoyar el obituario con una pueblerina biografía sin actualizar ni siquiera en sus tiempos verbales, la misma biografía que entregó en su día el editor para intentar sin éxito que le concedieran el Premio Canarias de Comunicación, es no haber entendido nada. Bajo el titular “Una vida ejemplar llena de distinciones”, se desgranan una serie de hitos (“un matrimonio ejemplar”, su título de perito mercantil, su puesto en el Instituto Nacional de Previsión) entre los que se pretenden hacer pasar por reconocimientos profesionales y exaltaciones sociales lo que en realidad fueron, en su mayoría, premios a demanda para tener la fiesta en paz. La lista es interminable, desde la nominación de calles y rotondas, hasta su condición de Cofrade de honor de la Cofradía de la Flagelación de La Laguna, Ránking internacional del Prestigio, Copa de Honor al Mejor Editor de Prensa, Condestable de la Quinta Roja, Fregolino de Oro, Insignia de Oro y Brillantes de la afilarmónica NIFU-NIFA, Premio Arco de La Recova, etcétera. Si pretendían ensalzar a su desaparecido presidente, los encargados del homenaje le hicieron un flaco favor.


12 veces Paulino Rivero

El fallecimiento de José Rodríguez era esperado en Editorial Leoncio Rodríguez. Cada día los directivos recibían información directa del estado de salud de su presidente, que empeoraba por momentos. Aun así, decidieron mantener el estilo tabernario de sus editoriales, especialmente dirigidos estos días a lo de siempre, el machaqueo burdo y constante de Paulino Rivero y su esposa, Ángela Mena. Este mismo martes, sin ir más lejos, el editorial, de 1.212 palabras, contenía doce veces el nombre de Paulino Rivero, aderezado con los calificativos de siempre. El artículo terminaba convocando a los canarios a “librarse de las cadenas coloniales” y a echarse a la calle para manifestarse “contra quienes se apoderan del fruto de tu trabajo”. E invocaciones como “no permitas que te sigan explotando tus amos coloniales ni te sigan gobernando unos políticos que te han arruinado hasta dejarte en la indigencia”. Editorial marca de la casa, como los que se han publicado estos últimos quince días de agonía de Rodríguez Ramírez, que desde luego no cabe atribuir al fallecido editor. En su propia biografía se puede leer que “su extraordinaria modestia, sencillez, ecuanimidad y prudencia las ha reflejado en su inmensa producción periodística”, y que “redacta, personalmente, los editoriales de EL DÍA, y cuando se lo impiden motivos de viaje, etcétera, prepara los guiones para ser desarrollados por periodistas cualificados”. Sus dos periodistas cualificados han estado estos últimos días a la greña porque uno de ellos responsabiliza al otro de los últimos detritus, y el señalado no se explica a qué viene ahora la estampida, con lo unidos que estuvieron siempre en el mismo destino en lo universal.


Lo que viene ahora

La heredera de José Rodríguez Ramírez es su hija Mercedes, que en todo momento ha acompañado a su padre en sus últimos días de vida. Es, en teoría, la que ha de hacerse cargo de la nave que deja con varias vías de agua muy serias su progenitor. Expedientes de regulación de empleo, deudas bancarias, caída generalizada del mercado publicitario y de las ventas de periódicos impresos… dibujan un panorama que requerirá de la heredera del editor un importante empuje. Sobre su mesa tendrá muy pronto las mismas ofertas de compra de la editorial que tenía Rodríguez Ramírez, ofertas que siempre rechazó por el sentimiento heroico que le llevó prácticamente a morir con las botas puestas. “Tenerife no me lo perdonaría”, llegó a decir a Antonio Asensio cuando, ya talonario en mano, el fallecido presidente del Grupo Zeta iba a cerrar la operación en una reunión en el hotel Mencey. La más insistente de todas las ofertas posibles es la del grupo Editorial Prensa Ibérica, del zaragozano Javier Moll de Miguel, pero en los tiempos que corren, con la devaluación imparable de las cabeceras de papel, es muy probable que el precio ya haya sufrido una revisión a la baja y con unas condiciones distintas a la de asumir el pasivo que acompaña al lote. Moll es el único empresario de la comunicación que crece en estos momentos incorporando nuevas cabeceras. Está negociando precisamente la compra del Grupo Zeta y esta misma semana acaba de ser elegido presidente del Instituto de la Empresa Familiar.


Navarrete y Suárez Gil se ven las caras

Será este mismo miércoles, por la mañanita, en un juzgado de lo Penal de Las Palmas de Gran Canaria: el ex presidente de la Cámara de Comercio de Las Palmas, ex parlamentario regional, ex coordinador empresarial y delincuente José Miguel Suárez Gil se volverá a sentar en el banquillo de los acusados para responder del presunto delito de quebrantamiento de la orden de alejamiento que pesaba sobre él tras haber encañonado a su ex esposa, Josefina Navarrete, en un arranque de machote tras conocer que lo abandonaba. Les daremos buena cuenta de ese juicio porque, a tenor del abogado que lleva el Zorro Plateado para que lo defienda y el colmillo de experta jurista que tiene acreditado la víctima, la cosa puede estar muy divertida. Ya les contamos aquí en el momento procesal oportuno que Suárez Gil se quedó sin abogado por renuncia voluntaria de Eduardo López Mendoza, después de que juntos convirtieran en enorme aquel adagio que dice que se mezcló el hambre con las ganas de comer. El nuevo letrado del Zorro se llama Luis Miguel Vázquez Carus, y por lo que parece, ya se las ha tenido que ver con Josefina Navarrete tras haberle presentado una queja en el Colegio de Abogados. El jurista quiere que la ex esposa de su patrocinado se inhiba de los procedimientos en los que se ha personado en contra del Zorro Plateado por haber sido su abogada en dos procesos anteriores, el del caso Eolo y el de su divorcio de su segunda esposa, en ambas ocasiones antes de convertirse en su tercera contraria. El vapuleo dialéctico y jurídico al que Navarrete somete a su distinguido colega a lo largo de los diez folios en los que contesta a la queja es de los que merecen ser estudiados en la Escuela de Prácticas Jurídicas. Aquí, más modestamente, vamos a desmenuzarlos para ustedes.


Normativa aplicable al 9 mm. Parabellum

Navarrete parece haberlo pasarlo muy bien durante la redacción del documento que obra en poder del Colegio de Abogados de Las Palmas, porque por el tono y los ricos matices que contiene, es obvio que sólo puede ser obra de alguien que conoce perfectamente de lo que habla. “Omite el denunciante”, dice Navarrete al contestar por qué no se inhibe en las causas contra su ex, “cuál sería la normativa a aplicar en el caso de que, habiéndose producido el matrimonio entre anterior cliente y anterior letrada, el primero encañonara a la segunda con una pistola 9 mm. Parabellum durante casi dos horas cuando ésta le manifiesta su propósito de interrumpir su convivencia;  y olvida también mencionar si cuando tal comportamiento se consuma con la pregunta de dónde prefiere su antigua letrada recibir el primer tiro si en la cabeza o en el corazón (pregunta repetida por dos veces) ésta debe entenderse como una muestra de la relación de lealtad y confianza a la que el alude en su escrito como exigible a quien suscribe o, por el contrario, se trata simplemente de un detalle de buena educación de su actual cliente y anterior esposo y también (aunque más anterior aún) cliente de la firmante. Si en nuestra normativa profesional no existe precepto alguno al respecto se debe sin duda a que dichos sucesos son, afortunadamente, absolutamente infrecuentes”. Huelgan mayores comentarios.


Con una pizca de crueldad

Pero hay mucho más. Cuando Navarrete entra en el fondo de la cuestión, esto es, la petición de inhibición de las causas penales en las que ejerce de acusación particular contra Suárez Gil, vuelve a ridiculizar a su colega con mucha elegancia y una nada disimulada pizca de crueldad. “Con nuestra mejor voluntad hemos intentado localizar algún precepto en ambos textos (Código Deontológico y Estatuto General de la Abogacía) que contemplara la obligación del abogado de dejarse matar por un antiguo cliente sin plantear ningún tipo de resistencia; y si éste no tenía éxito en su iniciativa por un motivo u otro (en este caso por la oportuna llegada de la policía llamada por una tercera persona) el deber de renunciar a ejercer las acciones legales que puedan asistirle como consecuencia de los perjuicios de toda índole sufridos como consecuencia de dicho ataque. Son muchos los deberes que conlleva el ejercicio de la profesión que todos nosotros compartimos.  Pero afortunadamente, no llegan a tanto”. Sarcasmos aparte, lo que realmente debe haber escocido al letrado Vázquez Carus es que le tengan que explicar en un escrito que la figura de la inhibición está reservada a jueces y magistrados, y no a abogados que se personan en procedimientos como parte perjudicada. Tras recordar que una Junta de Gobierno de un Colegio de Abogados no podría adoptar un acuerdo instando a uno de sus colegiados a inhibirse “porque vulneraría el derecho a la tutela judicial efectiva”, Navarrete se pregunta por el interés que podría tener el Zorro Plateado por hacerla desaparecer como parte en el proceso que se juzgará hoy y otro que está en camino por tenencia ilícita de armas. “Pero ¿por qué tanto interés en que se me aleje del estrado de la acusación en ambos procedimientos, cuyos juicios están próximos a celebrarse?  ¿Será, por casualidad, que el denunciante aventura mejor final para los intereses de su cliente si sólo debe enfrentarse a la acusación del Ministerio Público?  ¿Será que quizá está valorando la posibilidad de negociar una sentencia de conformidad y conoce que por imperativo de la Ley de Enjuiciamiento Criminal en tal caso debería aceptar la pena más grave de las pedidas por las acusaciones, es decir, la solicitada por mi parte?” Y, ya de remate, Navarrete recuerda a su compañero quejoso que cuando se personó en las dos causas penales contra su ex esposo se encontraba en la situación de “letrado no ejerciente, sin que resulten por tanto de aplicación, en aquella fecha y circunstancias, ninguna de las normas invocadas”. Ante un ambientillo previo así, el juicio de hoy promete grandes emociones. Se lo contaremos a nuestros lectores.


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