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Ruido de maletines en el Consejo Político Nacional de CC

Se intensifican los rumores acerca de los motivos que llevaron a ocho dirigentes nacionalistas a cambiar su voto en el último momento

A Paulino Rivero se la tenían jurada en Tenerife desde que dejó caer a la vieja cúpula de Caja Canarias

En Gran Canaria, el Círculo de Empresarios se movilizó hasta límites inconfesables para que el presidente no pudiera repetir

Zerolo pide a su partido una prorroga como senador hasta que acabe el periodo de sesiones, es decir, hasta diciembre

Y en La Palma, Anselmo Pestana se lleva dos sacudidas el mismo día: la Federal del PSOE le pide que rompa con el PP y la Audiencia santifica las expulsiones

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Paulino Rivero, sobre la corrupción: "Le estamos dando la razón a Podemos"

Paulino Rivero.

Muchos andan preguntándose todavía cómo fue posible que Paulino Rivero se presentara ante el Consejo Político Nacional de Coalición Canaria sin tener amarrados seriamente todos los apoyos necesarios para revalidar su candidatura a la presidencia del Gobierno. Algo había fallado para que, en el último momento, ocho votos que le tenían prometidos se torcieran hasta el punto de hacerle morder el polvo en la primera votación de aquel fatídico sábado de septiembre del que salió elegido su relevo, Fernando Clavijo. Los fontaneros de palacio localizaron muy pronto por dónde habían venido las fugas, pero no tenían ni idea de lo que había pasado para un cambio de criterio tan imprevisto. En concreto, fueron localizadas ocho fugas, unas cuantas de ellas desde Venezuela, donde se daba por hecho el respaldo de la casi totalidad de miembros con voto. El resto tuvo su origen en la isla de Tenerife, la que, junto a Gran Canaria, presentaba más división a priori. Con esa cara de tonto que se te queda cuando algo falla y se derrumba el castillo de naipes, los fontaneros se retiraron con el rabo entre las patas, pero en el entorno más íntimo del presidente tomaban cuerpo algunas noticias desdibujadas que habían llegado algunos días antes de aquella derrota. Paulino Rivero conoce perfectamente qué fue lo que ocurrió, quizás porque las mismas fugas que lo descabalgaron de la carrera electoral tenían su razón de ser en determinados cenáculos del mundo empresarial, donde también habitan los testigos protegidos y los generosos comentaristas. Poco a poco, Rivero ha ido recomponiendo el escenario previo a aquella votación y las conclusiones son tan alarmantes que ha decidido guardar silencio y esperar para contarlo cuando la alarma no corra el peligro de convertirse en catástrofe.

 

 

CajaCanarias y el Círculo de Empresarios

Rivero sabía desde hacía mucho tiempo que los poderes tradicionales de Tenerife la habían puesto bola negra. Bajo la siempre bien recibida excusa de que tiraba más para el canarión que para su propia isla, lo que en realidad le había llevado a la defenestración fue la decisión del Gobierno de intervenir CajaCanarias y desalojar de ella a los que nunca hicieron ascos a ser el brazo financiero de operaciones inverosímiles, verbigracia, la de Las Teresitas: aquel préstamo de 30 millones de euros concedido a un empleado de Ignacio González Martín que no ganaba más de 600 euros de sueldo al mes. La reacción de la oligarquía tinerfeña, con Álvaro Arvelo y El Día al frente, fue de absoluta indignación, como si de repente alguien hubiera osado profanar el templo más sagrado del tinerfeñismo. Otros empresarios y respetables próceres de la Nivaria profunda fueron más zorroclocos y no se manifestaron en público, pero desde entonces conspiraron dentro y fuera de Coalición Canaria para desplazar a Rivero. Por el lado canarión, la cosa tiene más enjundia. La oposición al actual presidente tiene en el Círculo de Empresarios de Gran Canaria a sus más feroces representantes. Y no es que sean todos los que están, pero los más activos miembros ese no tan selecto lobby llevaban mucho tiempo buscando una fórmula para cargarse a Rivero. No es que el presidente les haya pisado los callos como ocurriera con CajaCanarias en Tenerife, sino sencillamente que desde que decidió no volver a pactar jamás con el Partido Popular ya no les es útil. Son empresarios muy de derechas camuflados de liberales de toda la vida, a los que les irrita el intervencionismo del Gobierno salvo cuando se trata de recibir subvenciones, como por ejemplo, el Plan Pive para la compra de coches nuevos. Quieren, estos respetables patronos, que el PP vuelva a gobernar en Canarias y están dispuestos a cualquier cosa con tal de conseguirlo.

 

Tú a Miami, yo a Madrid

El núcleo más íntimo de Paulino Rivero ya tiene localizadas a las personas que intervinieron económicamente para frustrar su reelección como candidato de Coalición Canaria. Algunas pistas las han dado algunos de sus intermediarios en sus redes sociales. Hay registrado un viaje a Miami de al menos dos miembros del Consejo Político Nacional de CC que cambiaron su voto tras pisar La Florida. Otro viaje que ha quedado registrado para la posteridad es el de otros compromisarios que pasaron unos días muy divertidos en el piso madrileño de un alto cargo nacionalista. Esos episodios, puestos en relación con filtraciones de arrepentidos, evidencias de los aleccionados y una pizca de sentido común han conducido al candidato frustrado a tener claro cómo fueron aquellos días previos a la votación y, sobre todo, quién compró a quien. Pero el traicionado calla, no se sabe si porque en estos momentos sería más el estropicio que el beneficio o simplemente porque en su estrategia esas revelaciones convendrán en otro momento. Nadie da nada por seguro ni siquiera que Rivero esté pensando presentarse bajo otras siglas, nacionalistas, of course. O que en el último momento, cuando más felices se las prometan los de los maletines, todo salte en mil pedazos y se arme una buena.

 

Zerolo pide una prórroga

No nos movemos de Coalición Canaria, metida en una auténtica guerra interna sin necesidad de que todavía alguien ponga sobre la mesa la historia que acabamos de contarles. La gente de Fernando Clavijo hace lo imposible por apagar incendios, y de momento lo consiguen a duras penas, no sin refriegas como la que le tocó estos días a Inés Rojas. Su intento por desplazar cariñosamente a Miguel Zerolo para ganar una plaza en el Parlamento que ofrecer al presidente del PNC, Juan Manuel García Ramos, ha quedado de momento sólo en eso, en un intento. El ex alcalde de Santa Cruz de Tenerife ha pedido a los suyos que por favor, por favor, lo dejen cobrando del Senado hasta el final del actual periodo de sesiones, es decir, hasta diciembre. Lo que no sabemos muy bien es si para acumular trienios y la pensión correspondiente o si por completar su estrategia procesal ante el Tribunal Supremo, que habría de desentenderse de las dos causas que tiene entre manos con Zerolo de protagonista en cuanto pierda la condición de aforado. Porque la tercera razón, la del decisivo y activo papel de senador que ejerce en la Cámara Alta el ilustre condenado la vamos a descartar de plano. Si nadie tiene ninguna objeción, claro.

 

Malas noticias para Anselmo Pestana y los suyos

Tampoco en el PSOE están las cosas para tirar voladores. Se asientan, eso sí, al menos de cara a la calle, las tiranteces sobrevenidas tras las primarias en las que resultó elegida candidata a presidenta Patricia Hernández. Pero en la vida orgánica sigue habiendo marimorena. Este lunes estuvo en la sede federal de la calle Ferraz el presidente del Cabildo de La Palma, Anselmo Pestana, expulsado como saben junto a otros cinco compañeros por pactar con el PP en esa institución. A Pestana se lo volvieron a poner clarito: si quieres que anulemos las expulsiones tienes que romper inmediatamente con el Partido Popular. El líder socialista palmero, que acudió a Madrid en compañía de Manolo Marcos Pérez y Julio Cruz les dijo que lo tenía que consultar con los suyos y que ya les diría. No sabía que a su regreso a la isla se iba a encontrar con otra mala noticia: la Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife ha dado la razón al PSOE en estas expulsiones y ha revocado la sentencia de lo Contencioso-Administrativo que había dictado una juez palmera, a la que el Partido Socialista afeó que interviniera siendo como es cuñada de un consejero del PP en el Cabildo de la isla. Pestana no quiere romper con el PP, y no por lo que resta de legislatura, al fin y al cabo ya en minutos basura. El verdadero motivo es que, tras las elecciones de mayo, querrá volver a dejar fuera de las instituciones a CC, y para ese propósito tendría que convertirse en reincidente ante el partido que un día lo perdonó.

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