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Universidad de la vida, en el Negrín

UN INDIGENTE UCRANIANO

Ha causado una gran conmoción la noticia adelantada el pasado fin de semana por La Provincia sobre la muerte de un indigente ucraniano a las puertas del servicio de Urgencias del hospital Doctor Negrín, en Las Palmas de Gran Ca

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Ha causado una gran conmoción la noticia adelantada el pasado fin de semana por La Provincia sobre la muerte de un indigente ucraniano a las puertas del servicio de Urgencias del hospital Doctor Negrín, en Las Palmas de Gran Canaria. Que una persona pueda perder la vida en ese lugar sin que nadie le atienda y que, encima, lo haga sentado en una silla de ruedas, a la vista de los usuarios, y permanezca muerto durante horas sin que nadie se percate, es un hecho que sólo puede entenderse en una sociedad tercermundista. Para colmo, la Consejería de Sanidad llegó a dudar de la existencia del cadáver, seguramente sospechando su portavoz que el periodista se lo estaba inventando todo para fastidiar al Gobierno. Esa experiencia del indigente es propia de la Universidad de la Vida en Canarias, la que sólo da oportunidades a los escogidos, a los más fuertes, a los que tienen la suerte de estar en el lugar preciso en el momento preciso. El ucraniano sin nombre que llegó en barco ha destapado nuestras vergüenzas sin querer, inmóvil en una silla de ruedas, y ha dictado una lección magistral contra tanta criminal ineptitud.

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