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Zoido y Roldós

El titular de la cartera de Interior presidirá este jueves la toma de posesión de la nueva delegada del Gobierno, a la que le queda buena tarea por delante para acabar con el sectarismo que impera en la Plaza de la Feria

Mercedes Roldós tendrá que lidiar con una Policía cabreada a la que el jefe superior tiene haciendo operaciones de menudeo para engordar la estadística. Ya ni el nivel 4 les emociona

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Mercedes Roldós, en un acto de campaña. (ALEJANDRO RAMOS)

Mercedes Roldós, en un acto de campaña. (ALEJANDRO RAMOS)

Es una pena que el sectarismo siga a todavía a estas alturas instalado en la sede de la Delegación del Gobierno en Canarias. Por esa causa no voy a poder estar de cuerpo presente en la toma de posesión de la nueva delegada, Mercedes Roldós, que este jueves tomará posesión de su cargo en presencia del ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, venido a esta ultraperiferia en viaje de estreno. Sabe Zoido que Roldós no es ni va a ser una delegada cualquiera, que su nombramiento viene de las más altas instancias, del mismísimo Rajoy, y que si se ha producido un relevo tan comentado en Canarias ha sido por algo más que algunas discrepancias de tipo orgánico.

De Roldós se espera justamente lo contrario de lo que vino haciendo el antecesor de Zoido en el Ministerio del Interior, Jorge Fernández Díaz. El nuevo ministro se ha adelantado a anunciar que tiene por delante la ardua tarea de desmontar la terrorífica imagen de ministerio franquista que su antecesor construyó durante cinco años y que en los estertores de su mandato le estalló entre las manos. Utilizar los instrumentos y mecanismos del Estado para perseguir a adversarios políticos puede no ser reprochable penalmente para la Sala Segunda del Tribunal Supremo (ole), pero a la ciudadanía le provoca un fuerte rechazo cuando no un crujir de dientes por lo mucho que ha apestado la cosa al más rancio totalitarismo modelo Torrente.

Pero mucho se habrá de esforzar el nuevo titular de esa cartera, porque antes de limpiar la imagen de Fernández Díaz deberá explicar algunos de sus comportamientos precedentes, tanto como alcalde de Sevilla como en su etapa de factótum del Partido Popular de Andalucía. El señoritismo andaluz que aplicó desde la alcaldía de la capital andaluza le acompañará durante mucho tiempo, como la frustrada persecución que emprendió su partido contra la jueza de los cursos de formación de la Junta de Andalucía, llevada sin éxito ante el Promotor de la Acción Disciplinaria del Consejo General del Poder Judicial en una pirueta que recuerda mucho a los modos de José Manuel Soria.

Zoido no quiere derogar la Ley Mordaza, sino pulirla y abrillantarla, lo que viniendo de un juez de carrera debería imprimir tranquilidad, a no ser que los conocimientos y los principios jurídicos hayan quedado en él demasiado relegados en beneficio del practicismo político. Ya se sabe. El titular de Interior comparte Consejo de Ministros con Rafael Catalá, uno de los más ardientes defensores de prohibir que los jueces que dan el salto a la política puedan volver a la Judicatura. Premisa que tiene excelsas excepciones, por supuesto, como la que representa el actual presidente del Consejo General del Poder Judicial y del Tribunal Supremo, Carlos Lesmes, ocho años director general (no cargo electo) en el Ministerio de Justicia, y ya ven.

El ministro del Interior presidirá, como decía, el solemne acto de toma de posesión de Mercedes Roldós como delegada del Gobierno. Acto al que, finalmente, sí acudirá su antecesor en el cargo, Enrique Hernández Bento, que dudaba hasta este mismo miércoles si hacerlo en aplicación de su principio de no aplaudir a quien le ha venido a reventar los cachivaches. Ya puede Bento ir practicando el aplauso más elocuente de cuantos tenga en el catálogo porque su metedura de pata criticando ácidamente su relevo le ha colocado dentro del Partido Popular en una posición muy embarazosa. Criticar una decisión política emanada de La Moncloa no es una buena tarjeta de presentación para quien dice querer optar a la presidencia regional del PP y aglutinar respaldos y parabienes. Y, de remate, mandarle mensajes hostiles a María Dolores de Cospedal, secretaria general y ministra de Defensa, no es precisamente una estrategia inteligente. Cosa distinta a lo que lleva haciendo Asier Antona desde que en abril cayera con estrépito el gran timonel: el palmero cuida mucho el rebaño que cuida en Canarias al tiempo que ha conseguido sintonizar adecuadamente con la jefatura nacional, donde ven con buenos ojos a este chico tan simpático de las Canarias, oyes.

Tarea para Roldós

Mercedes Roldós tiene ante sí romper algunos métodos muy poco edificantes instalados en la Delegación del Gobierno durante estos meses de Hernández Bento. En primer lugar la erradicación de las mismas prácticas que Juan Ignacio Zoido dice repudiar para su ministerio: la utilización de esa institución para atacar y perseguir a los adversarios políticos. Bento se equivocó demasiadas veces haciendo campaña de enaltecimiento de su imagen personal abriendo guerras que no le correspondían. Las hemerotecas y las videotecas están plagadas de excesos del ex delegado, ora persiguiendo por tierra, mar y aire a la ex diputada de Podemos Victoria Rosell, ora montando polémicas estúpidas -que no hubieran pasado de meras anécdotas- con las banderas o los colores de las luces de un edificio público.

El sectarismo lo tiene Roldós dentro del equipo médico habitual de la Delegación del Gobierno, donde Hernández Bento recolocó a uno de los hombres de la máxima confianza de Soria, el jefe de prensa del PP, Juan Santana. Quizás el peor consejero que pueda tener la nueva delegada para restablecer el diálogo con sectores a los que anatemizó de por vida el ex presidente regional del partido.

En el terreno puramente policial, la nueva delegada se habrá de entender con un jefe superior de Policía que habla maravillas de Enrique Hernández Bento. Sí, José María Moreno asegura haber trabajado muy cómodo durante estos meses, seguramente porque las estadísticas funcionaban a la perfección, no así el buen ambiente en el cuerpo.

Mientras estamos en nivel 4 de prevención antiterrorista y toda nuestra economía depende de que transmitamos que somos un destino seguro, la Brigada de Seguridad Ciudadana ha dedicado muchos fines de semana y muchas semanas enteras a machacar barrios (Zárate y San Cristóbal se llevan la palma) para levantar actas por armas, por drogas o por identificaciones en aplicación precisamente de la Ley Mordaza, cumplimentando estadillos que engorden el plus de productividad, también conocido como Dirección por Objetivos. En vez de tener a todo el personal haciendo lo que se llama “prevención de la delincuencia”, desplegado en las zonas de alta afluencia de personas, los agentes se dedican a cachear e identificar a la gente, a veces en más de una ocasión en el mismo turno a las mismas personas. Levantan actas no nominativas por colillas de porros encontradas en el suelo y con todo eso abren expedientes que se pasan a la Delegación del Gobierno para que parezca que la Ley Mordaza es muy eficaz.

Ante este panorama, lo mejor es desear a Mercedes Roldós muchos aciertos en su nuevo cometido. En el Senado le van a agradecer siempre que por su culpa se siente entre ellos Jorge Rodríguez, el político de más recto proceder y más alicatado hasta el techo de este lado del río Pecos.

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