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El atasco perfecto

DE CÓMO SE PUEDE COLAPSAR MEDIA CIUDAD A MEDIA NOCHE

Sólo una fatal combinación de elementos puede producir una demostración de tal grado de cutrerío como la vivida la noche de este lunes en Las Palmas de Gran Canaria. La combinación necesita, naturalmente, el concurso de una consejería de Obras

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Sólo una fatal combinación de elementos puede producir una demostración de tal grado de cutrerío como la vivida la noche de este lunes en Las Palmas de Gran Canaria. La combinación necesita, naturalmente, el concurso de una consejería de Obras Públicas, quizá del Cabildo grancanario; de un director de obra que no acudió a clase en el trimestre en que se impartió lo de la programación con el mínimo efecto en los usuarios de la vía pública, y de una policía local que cierra a la misma hora en que cierran los comercios y que entiende que su competencia no es la satisfacción del ciudadano, sino la mejor manera de jeringarlo para que aprenda lo que el poder municipal entiende por autoridad. Esos son los elementos combinados diabólicamente. El resultado fue un atasco de colosales proporciones ¡a las once y media de la noche! en una ciudad que se dice moderna y baluarte de la igualdad de oportunidades. Ocurrió en la autovía marítima, en dirección Sur. Todos los carriles colapsados, y en el interior del polígono de la Vega de San José (San Cristóbal), lo mismo. Los conductores hasta apagaban los motores de sus vehículos de lo prolongado de la retención. La guardia presoriana, en Belén con los pastores: sólo dos agentes aparecieron en el escenario del crimen para tratar de agilizar el cruce entre el Hospital Insular y el paseo de San José. La agente agitaba los brazos pidiendo una imposible agilidad a los automovilistas; su compañaro, tan ricamente en la acera de brazos cruzados. Más adelante, dos semáforos que controlan el acceso a Zárate y El Lasso, activados y acrecentando aún más el caos. Total, tres cuartos de hora para atravesar dos kilómetros. Atascos a las siete de la mañana, a las ocho, a las nueve y a las diez. Y, para completar el grado de satisfacción ciudadana, a media noche. Ciudad europea sin mi coche y, que sea pronto, sin estos cerebros.

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