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La autocrítica según Soria

El presidente del PP canario no cree que su connivencia con Repsol le haya restado votos; ni las discutibles listas electorales que hizo; ni la defenestración de Bravo de Laguna…

La razón del descalabro fue, sencillamente, que votantes de 2011 se pasaron a Ciudadanos, a otras fuerzas o a la abstención. Punto y final. ¿Siguiente pregunta?

La cara oculta del pacto del PSOE con el PP en La Palma; si Pestana logra quebrar el acuerdo regional, también él se quedará sin festín

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Miguel Cabrera Pérez Camacho.

Miguel Cabrera Pérez Camacho.

Por un oído le entran y por el otro le salen. Genio y figura. José Manuel Soria López es inmune a las críticas (las veladas y las no veladas), es inmune a la indignación de los suyos (los de aquí y los de allá) y es inmune a las derrotas más humillantes, que se despacha con la chulería del torero: “asumo la responsabilidad” y ya está, como si él fuera el único damnificado. En su particular diccionario, “asumir una responsabilidad” se reduce exclusivamente a que pueden echarle a él las culpas que quieran porque las consecuencias se reducen exactamente a cero. Tan seguro está de que nadie le va a hacer un reproche, tal el pavor que todavía despierta entre los suyos, que le basta con “asumir la responsabilidad” para que el debate empiece y acabe ahí mismo. La inmensa mayoría de los súbditos le temen y sólo se atreven a criticarlo a escondidas, en voz baja, y exclusivamente ante correligionarios de la máxima confianza. La indignación ya es indisimulable dentro y fuera de Canarias. Fuera, como ha quedado patente esta misma semana, por sus modales prepotentes y soberbios, por la manera de revolver las cosas que tiene, cuando las resuelve. Porque en ocasiones lo que acostumbra es a enredarlas más. Y dentro porque el autoritarismo que hasta ahora ejercía por aclamación ya es puesto en entredicho y señalado como causa principal de la derrota electoral y de la mala imagen y el desprecio que en muchos sectores despierta el PP. Muchos pensábamos que el ejemplo de dirigentes regionales del PP como Bauzá en Baleares, Rudi en Aragón, Fabra en Valencia… de anunciar que se retirarán en el próximo congreso de su comunidad iba a ser seguido por José Manuel Soria, valedor de unos catastróficos resultados y, como le han recordado desde Castilla y León, responsable de “haber destrozado al partido en Canarias”. Pero no, la autocrítica se ha reducido a un recuento de bajas y a echar la culpa a Ciudadanos, que se ha llevado un puñado de votos, y a los que se han abstenido. O sea, el culpable es el votante. Los análisis no son muy profundos de momento, y por eso quizás todavía no han apuntado a las culpas de Zapatero.

 

Apareció Pérez-Camacho

Pero de buenas a primeras, sin que nadie se lo esperara, se levantó este viernes la atronadora voz de Miguel Cabrera Pérez-Camacho para cantarle las cuarenta al Gran Timonel. Acostumbrados como estábamos a escuchar a este parlamentario dirigir sus dardos envenenados exclusivamente a la oposición, particularmente a las mujeres de la oposición, a las que literalmente desprecia, no esperábamos que tuviera el atrevimiento de tomar la palabra en el comité ejecutivo regional, levantarse y lanzar un durísimo alegato contra la dirección de su partido, es decir, contra José Manuel Soria, porque los demás no pintan un puñetero carajo. Ha tenido que ser un diputado que no vive de la política (el único que ejerce y no cobra nada de la política, ni siquiera sobres) el que se atreviera a tal gesta en medio del comité regional. Como pueden leer en la crónica que hemos dado hoy, Pérez-Camacho no se dejó nada en el tintero, pero por la carga de ese pasaje, destacaríamos el momento en el que recuerda a Soria que todas sus órdenes han sido obedecidas disciplinadamente pero que esas órdenes han conducido al PP canario al abismo. Falta por saber si las órdenes se ejecutaron todas con fe ciega en el líder, si alguna resultó discutida aunque fuera por lo bajini o si, como nos tememos, todas se compartían al cien por cien, lo que agrava un poco más la cosa borreguera. Por las declaraciones públicas que han efectuado históricamente dirigentes del PP, incluido Pérez-Camacho, todo el mundo estaba de acuerdo con la descarada connivencia de Soria con Repsol y con las prospecciones fallidas en Canarias. Todos aplaudieron los recortes en sanidad, educación, carreteras, obras hidráulicas, el certificado de residencia en la boca y el puteo inmisericorde al desarrollo de las renovables en Canarias. Nadie dijo ni pío cuando Soria se cargó a Bravo de Laguna para poner a Mercedes Roldós al frente de la lista del Cabildo de Gran Canaria, o a Australia Navarro en la del Gobierno en claro desprecio a Asier Antona, que hizo sus deberes en La Palma ganando un diputado más de los que había y evitando que la derrota fuera todavía más humillante. Ninguno levantó la voz cuando los corruptos seguían campando a sus anchas en Mogán, en Telde, en la lista al Cabildo de Fuerteventura. Todos callaron cuando el enfrentamiento con las instituciones canarias se saldaban con un debilitamiento de las posturas del PP en la calle, como reflejaban las encuestas. Nada de eso ha sido reconocido por Soria, a quien ha bastado proclamar urbi et orbi que él asume la responsabilidad y a otra cosa, mariposa.

 

Los padrinos de los palmeros

Lo que de momento parece claro es que el PP canario tendrá que esperar a que alguien le saque a bailar en la fiesta de apertura del curso político. Los dos partidos gobernantes, Coalición Canaria y el PSOE, le han dicho oficialmente que no cuentan con él, que sólo un milagro le devolvería a las moquetas del poder autonómico. Que vaya pactando lo que pueda y salvando aquellos ayuntamientos donde no necesite de nacionalistas o de socialistas, y todo irá encajando. Pero como hasta el rabo hay toro, ninguno de los dirigentes con visión ha despreciado la posibilidad de que se de una carambola final que pueda incorporar al PP a la pista de baile. Y esa posibilidad se está cociendo a fuego lento en La Palma, donde el PSOE regional no encuentra interlocución con Anselmo Pestana y los suyos para evitar, paradójicamente, que pacten las instituciones con el PP. Y no porque el presidente del Cabildo haya perdido habilidades sociales sino porque nadie de la Ejecutiva Regional tiene ganas de abrir un proceso negociador que corrija los efectos ocasionados por otros. Y esos otros son la candidata Patricia Hernández, el diputado Chano Franquis, el secretario general, Pedro Sánchez, y el secretario federal de Organización, César Luena. Sin despreciar a los secretarios insulares del PSOE, uno por uno, incluyendo al de Gran Canaria, Ángel Víctor Torres, incorporado a la mesa de negociación del pacto con CC. Hacia ellos se dirigen ahora las miradas de reproche para reclamarles que resuelvan el desaguisado que montaron al apoyar con mucha pasión que los rebeldes palmeros fueran readmitidos a la militancia socialista tras su indisciplina al pactar con el PP en 2013. Nadie va a mover un dedo en la Regional a la espera de que algún portento de los que abundan en el partido haga las siguientes cuentas: si el PSOE de La Palma pacta con el PP palmero y se quiebra el acuerdo regional con CC, los nacionalistas intentarán un pacto con el PP con la incorporación de Nueva Canarias o Asamblea Socialista Gomera, el partido de Casimiro Curbelo. Ese acuerdo trasladaría a La Palma la obligación del PP de apoyar a CC y expulsar de las instituciones al PSOE, lo que dejaría a los de Blas Bravo y Anselmo Pestana sin los gobiernos que ahora ansían, y a los socialistas canarios en la oposición en el Parlamento regional. Pleno al quince.

 

El lunes, más de lo mismo

En La Laguna la cosa es diferente. El ganador de las elecciones, el nacionalista José Alberto Díaz, se enfrenta con poca habilidad a un escenario nada propicio. Los adversarios que se han reunido con él han salido espantados ante una actitud que no consideran acorde a la gravedad de la situación de un partido, CC, que ha salido herido de muerte de estas elecciones en la ciudad. Ha perdido seis de sus trece concejales, y necesita al menos otros dos socios para poder mantener la alcaldía. Dicen los que con él se ha reunido, que actúa como si la alcaldía le fuera otorgada a CC por designio divino de manera eterna, obviando que la ausencia de acuerdo con socios que le apoyen podría poner fin a veinte años ininterrumpidos de mandato. Y de alfombras por levantar. No lo tienen más fácil sus contrincantes, y no por que no sumen o porque no dispongan de habilidades políticas más acentuadas, sino porque pasados seis días desde las elecciones, nadie da un paso decisivo hacia un acuerdo que desbanque a los nacionalistas. Se supone que la iniciativa han de tomarla los partidos que conforman Unid@s (6 concejales), pero no terminan de decidirse. Fueron los que obtuvieron los mejores resultados tras CC (7), y en su mano está impedir que en el último minuto tome posesión el cabeza de la lista más votada. El socialista Javier Abreu, tercero en liza (5), puede maniobrar, pero está supeditado al pacto regional de su partido con Coalición Canaria. No conseguirá el apoyo de Unid@s ni de Santiago Pérez (3) si da la alcaldía a CC o si, en última instancia, no incorpora al programa de gobierno profundos cambios, mayormente en el Plan General de La Laguna, panal de rica miel al que piensan acudir 100.000 moscas en cuanto la cosa se estabilice. El lunes se volverá a ver la comisión regional del pacto entre CC y el PSOE. El gran avance para esa fecha será saber si CC ha expulsado a sus correligionarios de Tuineje. Lo demás tiene que seguir esperando.

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