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¿Qué me dices, Albert? ¿Qué haces, Casimiro?

El líder de Ciudadanos, inquieto ante la cotización de las naranjas en la plaza del mercado andorrana, echa por tierra su sacrosanta equidistancia el último día de campaña

Podemos, con la cotización de las berenjenas igualada a la de los tomates, se lleva de calle los registros de asistencia a los mítines de cierre de campaña

Casimiro Curbelo niega haber pedido el voto para Coalición Canaria, aunque ha llegado a los gomeros en el mismo sobre de su partido la papeleta de Ana Oramas

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Papeletas de ASG al Senado y de CC al congreso por Santa Cruz de Tenerife.

Papeletas de ASG al Senado y de CC al congreso por Santa Cruz de Tenerife.

Los más viejos del lugar, esos de la generación del 78 recuperados a mitad de campaña para la causa regeneradora, no recuerdan una campaña tan apasionante como la que este viernes, por fin, se dio por terminada. Y no solo por lo abierto que se presenta el resultado por a la potente irrupción de Podemos y de Ciudadanos, reflejada en las múltiples encuestas y sondeos que aún este sábado podremos seguir conociendo gracias a las piruetas que nos llegan desde la plaza del mercado de Andorra. También por el piñazo a Rahoy (y la paliza al concejal Jacinto Ortega), la utilización de la Fiscalía para atacar a adversarios y el tiempo veraniego que nos ha acompañado. También por las apoteósicas meteduras de pata de algunos de los candidatos. El último día de esta campaña, por ejemplo, estuvo fuertemente marcado por el sonado patinazo del líder de Ciudadanos, Albert Rivera, que seguramente influenciado por esos sondeos diarios (tracking, parece que se llaman), hizo un cambio radical de su discurso sobre pactos postelectorales que probablemente acaben pasándole factura en las urnas. Después de haber sostenido insistentemente que no daría el voto al PP, aunque ganara, y menos para volver a hacer presidente a Mariano Rajoy, el líder de Ciudadanos dio por sentado que, de quedar cuarto, como dicen los sondeos, no va a permitir “un pacto de perdedores”, es decir, una alianza de izquierdas entre el PSOE, Podemos (y vaya usted a saber si hasta Izquierda Unida) dejándolo a él y a Rajoy en la fría bancada de la oposición. Lejos quedaron, de repente, sus soflamas sobre la posibilidad de ser él quien eligiera novio; lejos su relato sobre el cambio que están exigiendo los españoles. Albert Rivera tiró por la ventana en los minutos de descuento su etiqueta como marca alternativa de la derecha española, para la que fue promocionado por grandes empresas del país, para reducirse sin decorado de ningún tipo a un apéndice del PP. Glorioso. Su renuncio puede provocar que muchos de sus posibles votantes regresen al Partido Popular para ahorrarse un rodeo o, sobre todo los jóvenes que se incorporan este domingo al censo electoral, elijan la otra alternativa emergente, Podemos.

 

Hasta aquí hemos llegado

Mientras esto decía Rivera ante un auditorio de 4.000 personas (según estimaciones de Ciudadanos), los partidos que compiten por las cuatro primeras plazas en estas elecciones cerraban con desigual fortuna sus campañas. El Partido Popular eligió su histórico feudo de Valencia, casi perdido para la causa desde las pasadas elecciones autonómicas y locales pero con un suelo de respaldo que los estrategas de la formación consideraron interesante abonar en los minutos finales para mejor proveer. Las estimaciones del PP hablan de otros 4.000 seguidores aclamando a Rajoy, los mismos que logró congregar Albert Rivera. En la misma ciudad coincidió con el presidente del Gobierno el líder de Podemos, Pablo Iglesias (segunda coincidencia tras la que tuvo lugar en las dos capitales canarias), y una vez más fue la formación berenjena la que se llevó el primer premio a la mayor afluencia en un mitin. Podemos congregó a unas 9.000 personas (también según sus cálculos) en un mitin en el que intervinieron dos de los fichajes estrellas del partido, el general Julio Rodríguez y la jueza Victoria Rosell. Pedro Sánchez eligió Fuenlabrada (Madrid), donde no llegó a alcanzar las 5.000 personas. El candidato socialista retomó para el cierre de campaña la famosa frase que le espetó Rajoy en el cara a cara cuando recibió el cachetón del apelativo de “indecente”: “Hasta aquí hemos llegado”. Y lo que en boca del presidente del Gobierno era una confirmación de que Sánchez le había tocado las narices, para el secretario general del PSOE suponía la actualización de aquel “váyase, señor González” de Aznar. “Hasta aquí hemos llegado, señor Rajoy”. Que se mande a mudar ya, hombre.

 

La sonrisa y la fiscalía

La suerte, como suele decirse en momentos tan solemnes, está echada. Ma non troppo. Porque a tenor de lo que vienen reflejando las encuestas que se vienen realizando esta semana desde el extranjero (Andorra) para eludir la ley seca hispana, puede depararnos escaramuzas incluso en la jornada de reflexión. El nerviosismo mostrado este viernes por Albert Rivera podría coincidir con la baja cotización que está presentando la naranja española en el mercado de abastos andorrano. Quedar cuarto nunca entró en las previsiones de Ciudadanos, pero a ese lugar –presunto- les han venido empujando sucesivas meteduras de pata provocadas por la insolvencia de un discurso que se desmorona a medida que vas profundizando en él. El desbarre de la candidata Marta Rivera de la Cruz sobre la marcó el punto de inflexión a partir del cual los ciudadanos Rivera se empezaron a precipitar al vacío, salvo mejor opinión del electorado este domingo. Ha sido una de las grandezas de esta campaña, precisamente su propio valor para convencer a indecisos o hacer cambiar de voto a los que se sintieron defraudados antes de acudir a las urnas. El domingo sabremos, por ejemplo, qué incidencia puede haber tenido en la circunscripción de Las Palmas la bipolarización generada en torno a Podemos y el Partido Popular a cuenta de la utilización de la fiscalía por parte de José Manuel Soria contra Victoria Rosell. Que el ministro haya lanzado a la candidata de Podemos el balón, las redes y los banderines de córner cuando el partido pitado por el fiscal jefe de Las Palmas ya había terminado, parece mostrar algo de nerviosismo (además de odio ciego y cartaginés). Lo que se reforzaría con ese eructo de final de campaña de Bank of America Merril Lynch, cuyos analistas anatemizan a Podemos por el riesgo de que con su hipotética llegada al Gobierno puedan frustrarse “las grandes reformas” que todavía opinan que deben seguirse haciendo a mayor gloria de los que nos jodieron.

  

Casimiro Curbelo: “Yo soy socialista, pero no hay PSOE”

La última polémica de final de campaña la hemos encontrado en la isla de La Gomera, donde algunas personas aseguran haber recibido en su casa el sobre de propaganda de la Agrupación Gomera Independiente (ASG), el partido de Casimiro Curbelo, con la papeleta al Senado con la marca en la casilla de su candidata, Yaiza Castilla Herrera, y la de Coalición Canaria al Congreso de los Diputados, la que encabeza la tinerfeña Ana Oramas. Hay fotos que intentarían acreditarlo, pero ya se sabe que salvo que las haga una persona de confianza, esas pruebas las puede constituir cualquiera. Fuentes periodísticas tinerfeñas aseguran que el mismísimo Casimiro Curbelo aseguró la mañana del viernes, ante los micrófonos de radio El Día, que su partido pedía el voto para Coalición Canaria por lo bien que el presidente regional, Fernando Clavijo, se está portando con la isla. Para despejar la incógnita, pasadas las diez de la noche, cuando acabó su último mitin en San Sebastián de La Gomera (400 personas, según sus estimaciones), hablamos con el líder de ASG, que negó rotundamente tales extremos. “El gran problema”, declaró, “es que la gente no quiere al PSOE; no le va gente a los mítines. Aquí, en San Sebastián, le fueron el otro día diez personas”: ¿Y eso?, preguntamos al que fuera líder socialista indiscutible hasta que fue deshonrado la pasada primavera por el que fuera su partido de toda la vida. “Porque no hay PSOE, el PSOE se acabó”, contestó con rotundidad. Curbelo, presidente del Cabildo gomero y diputado regional por ASG (con tres actas en la Cámara autonómica) asegura que en el mismísimo mitin de cierre dijo a los suyos que voten “a quien quiera” al Congreso de los Diputados, y culpó a sus antiguos compañeros de partido de haber lanzado esa acusación de conchabo con CC: “Ellos saben que se van a llevar un batacazo y dicen boberías”. La supuesta petición del voto por parte de ASG a la candidatura de CC al Congreso avalaría, de ser cierta, el acercamiento que los nacionalistas de Ana Oramas y Fernando Clavijo pretenden tener con el veterano político gomero de cara a conformar una nueva mayoría con el Partido Popular. Pero la ecuación está destrozada desde el mismo momento en el que los tres diputados de Coalición por Fuerteventura, con Mario Cabrera a la cabeza, advirtieron a la dirigencia nacionalista que con ellos no contaran para ese apaño. Pero todo en esta vida es susceptible de cambiar, y lo que se barrunta para este domingo puede tener mucha más fuerza que las advertencias majoreras o los intentos nada disimulados de generar un nuevo pacto de gobierno en Canarias.

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