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Los fantasmagóricos papeles de Puebla

Debemos desear a don Juan Inurria, el nuevo abogado defensor de don José Esteban, mucho éxito y mucha paciencia. A priori, y sin tener ni idea de qué estrategia procesal piensa desplegar, la empresa se nos antoja bastante comp

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Debemos desear a don Juan Inurria, el nuevo abogado defensor de don José Esteban, mucho éxito y mucha paciencia. A priori, y sin tener ni idea de qué estrategia procesal piensa desplegar, la empresa se nos antoja bastante complicada porque la demanda de Paulino Rivero tiene que ver con la perreta desquiciada de don Pepito de que la familia del presidente del Gobierno posee unos oscuros negocios en Puebla, México. Esa afirmación, que sigue sosteniendo el periódico con un empeño incomprensible, fue contundentemente desmontada en su día por el mismísimo presidente, que aportó certificaciones de que las personas que supuestamente habían firmado en Puebla unas escrituras notariales de constitución mercantil jamás habían salido de la isla de Tenerife. Y salvo que en una de sus habituales levitaciones patrióticas don Pepito haya podido teletransportarse al más allá y contactado con astutos ectoplasmas presentes en el escenario del crimen, mucho nos tememos que poco de exceptio veritatis va a poder aplicar al caso el doctor Inurria. Y toda la majadería, queridísimos, por el morrocotudo cabreo del dueño de El Día por no haber conseguido las frecuencias de radio que pretendió obtener en el ya famoso in the world concurso de concesión de frecuencias. Lo dicho, ánimo, don Juan, que el sacrificio letrado valdrá la pena. Por lo menos cobrará un pastón y se va a descojonar un rato con las ocurrencias de su cliente (atento cuando le hable de las virtudes teologales)

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