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Un insistente metepatas

CON EL CÓDICE, CON EL ETARRA BOLINAGA, CON SÁNCHEZ GORDILLO, CON LOS NIÑOS DE CÓRDOBA...

Este lunes, con motivo de la filtración de uno de los dos informes extraoficiales sobre los restos de los dos niños desaparecidos en Córdoba, el ministro volvió a las andadas, a hablar de sumarios judiciales declarados

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Este lunes, con motivo de la filtración de uno de los dos informes extraoficiales sobre los restos de los dos niños desaparecidos en Córdoba, el ministro volvió a las andadas, a hablar de sumarios judiciales declarados secretos, a pontificar sobre investigaciones policiales en curso, a revelar aspectos de las pesquisas que deben preservarse hasta que la causa abandone la fase de instrucción y se traslade a la Audiencia Provincial para la celebración de juicio. No es la primera vez que Fernández Díaz ejerce de ilustre bocazas: con motivo del robo del famoso Códice Calixtino, el ministro demostró su colosal despiste temiéndose que sus sustractores lo hubieran vendido tan solo 24 horas antes de que la Policía lo recuperara, eso sí, sin querer, en un garaje santiagués. Más recientemente, en un gesto que añade a su incontinencia verbal un profundo desconocimiento de la legalidad vigente, "ordenó" la detención de las personas que asaltaron varios supermercados en Andalucía, incluido un diputado regional, Sánchez Gordillo, al que, por su condición de aforado sólo se le puede detener en muy especiales circunstancias. Apoteósico ha estado también Fernández con el tercer grado y la excarcelación del etarra Iosu Uribetxeberria Bolinaga, al que ahora el Gobierno no sabe cómo retener en prisión después de haberle otorgado el tercer grado por el conducto reglamentario y mandar luego a la Fiscalía a que se oponga a no se sabe muy bien qué procedimiento de curación del cáncer terminal que padece. Es tal el galimatías en el que se han metido Fernández y el Gobierno del que forma parte que a estas alturas nadie se atreve a asegurar qué es lo que han decidido y qué es lo que piensan decidir sin violentar la ley. Pero el colmo, insistimos, es la enorme, la colosal e inconmensurable metedura de pata del caso Ruth y José, en Córdoba.

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