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El periodista que dio una lección al Parlamento (y otra a Soria)

Francisco Moreno renuncia a estar en el consejo asesor de RTVC por la perversión del proceso por parte de las fuerzas parlamentarias

La cachetada supone que no se pueda constituir el nuevo órgano en lo que resta de legislatura

El empeño de Soria por imponer a su correveidile provoca que Paulino Rivero pueda acabar su mandato con Willy García al frente de la radiotelevisión pública

El periódico ‘ABC’, haciendo conspiranoica con el PP, se empeña en convertir en sospechosa la adjudicación provisional de un concurso recurrido

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Francisco Moreno.

Francisco Moreno.

En su penosa comparecencia ante la Comisión de Control de Radiotelevisión Canaria, la semana pasada, el histórico jefe de prensa de Soria, Juan Santana, dijo que se presentaba al consejo rector de ese ente público “para dignificar al Parlamento”. Los diputados y diputadas más atentos repararon en aquel propósito sin lograr entender cómo un aspirante a formar parte del órgano de dirección de la tele y la radio públicas iba a dignificar un Parlamento que precisamente en aquellos instantes y con su mera candidatura, ya estaba cayendo en una indiscutible indignidad. Sí, la presencia de Juan Santana en la lista de seleccionados para inaugurar la nueva era de la RTVC constituía el sumun de la perversión política justo en el primer acto de puesta en marcha de una trabajada ley con la que se pretendía cambiar la mala imagen de ese ente, profesionalizarlo y convertirlo en un servicio público transparente, plural y eficiente. Santana, moviéndose en el límite mismo del analfabetismo, era el sumun pero no la única muestra de que los partidos políticos presentes en el Parlamento de Canarias siguen ajenos a lo que les demanda la calle. Se habían repartido el poder dentro de RTVC del modo tradicional: cada uno pone a quien le da la gana y los demás votan a favor sin mayores miramientos. Pero incumplían el espíritu y la letra de la ley, que exigía que los partidos se pusieran de acuerdo y presentaran a ese primer consejo rector a profesionales de valía, solventes en lo suyo, indiscutibles…  Sin embargo, el ramillete propuesto solo invitaba al desconcierto y a la desmotivación. Salvo Paco Moreno, el único que antes, durante y después ha sabido interpretar a la perfección para qué se le llamaba. El que ha dignificado al Parlamento con un solo gesto.

 

 

 

Para eso, que siga Willy

Paco Moreno fue invitado por el PSOE a ser miembro de ese consejo rector, y si las cosas se hubieran conducido por el sendero de la lógica, seguramente habría terminado por convertirse  en el primer presidente de RTVC de la nueva era post-Willy. Sin embargo, el maremágnum en el que se vio sumergido la semana pasada en medio de un grupo en el que no se reconocía le llevaron a pasar unas cuantas noches sin dormir para tomar la decisión que ejecutó este lunes en el Registro del Parlamento: renunciar a su elección antes de que se produjera. Moreno se marcha antes de tiempo para evitar contribuir a la mascarada en la que se había convertido el proceso por culpa del modo tradicional de conducirse que tienen los partidos políticos cuyos dirigentes se sorprenden del de la indignación de la gente y del ascenso de Podemos. En esas noches en vela probablemente se habrá trasladado a un consejo rector presidido por él en el que se veía explicando a Juan Santana (y a algunos otros de los presentes) aspectos básicos de la explotación de una tele, lo que es una ajena, lo que es un satélite, una señal o una parrilla… O peor, teniendo que tragar con una consigna de Soria trasladada a través del mentado Santana para vaya usted a saber qué propósito perverso. No, ésa no era la idea cuando los legisladores se pusieron manos a la obra para pasar la página de la prolongada dirección de Willy García al frente de RTVC. Porque para ese viaje, mejor hubieran hecho en no perder el tiempo y esperar a que los nuevos mandarines removieran al actual director general y metieran a otro que les riera las gracias.

 

Cachetada a Soria

A Paco Moreno lo tuvieron todo el día en el Parlamento ejerciendo de convidado de piedra de las negociaciones entre las fuerzas políticas para tratar de desbloquear el consejo rector de RTVC mediante el descarte de Juan Santana. Pero la postura de Australia Navarro, portavoz del PP, era inamovible: si quito a Juan Santana, Soria me corta la cabeza, viene a ser el resumen. Efectivamente, Santana nunca fue el candidato de la gente sensata del PP. Lo era la periodista tinerfeña Carmen Merino, que no pasó el primer corte al imponer Soria a su histórico jefe de prensa. La otra candidata del PP, María José Bravo de Laguna, con mucha más experiencia que Santana pero a años luz de Paco Moreno, fue impuesta por la que se perfila como candidata del PP a la Presidencia, Mari Carmen Hernández Bento. Con ella tenía una deuda desde que tuvo que marcharse muy cabreada de la Delegación del Gobierno, precisamente ante la inminente llegada desde Madrid del muy mentado correveidile. La defenestración de Juan Santana estaba cantada este martes en el Parlamento de Canarias antes de que se oficializara la renuncia de Paco Moreno, pero el evidente acuerdo entre Coalición Canaria y el PP (y luego dicen que no pactan) de no hacerse daño en esta cuestión, hacía presagiar que una votación este miércoles pudiera alcanzar los 40 votos exigidos por la ley. El PSOE había decidido votar en contra y entre Manolo Fajardo y Román Rodríguez se buscaron escisiones o ausencias que pudieran tumbar al candidato de Soria, y con él, la elección del primer consejo rector. Esos juegos de votos, esas dudas en CC, terminaron por convencer a Moreno, que acabó presentando su renuncia al final de la tarde.

 

Hasta después de las elecciones

Los sucesos de este martes pueden conducir a que la renovación de la Radiotelevisión Canaria se posponga a después de las próximas elecciones autonómicas. Las valoraciones a este respecto son muy variadas. Hay quien piensa que Moreno debió aguantar y comerse el marrón de un consejo inexperto y más peligroso que un volador sin rabo. En ese grupo se encuadran los que querían ver fuera de su cargo a Willy García antes de que terminara esta legislatura. Del otro lado se sitúan los que consideran al director general del ente en un dirigente amortizado, políticamente fuera de combate, que solo puede tener ahora mismo el valor de representar simbólicamente con su marcha la caída de los últimos vestigios del Paulinato. En este grupo se encuentran los que sostienen que antes de ejecutar una tremenda chapuza en los prolegómenos de la nueva ley, es preferible mantener a Willy García. En cualquier caso, lo ocurrido supone una cachetada muy sonada en la cara de Soria, que vuelve a comprometer de manera seria la credibilidad de su grupo parlamentario y, ante la ciudadanía, la calidad de sus caprichos. Ningún consejo rector de RTVC podrá salir con su Juan Santana dentro, y su empeño por imponerlo desembocará en que el que se haya de constituir después de las elecciones tenga un representante menos del PP por la previsible pérdida de diputados y la irrupción de otras fuerzas que, seguro, animarán el cotarro parlamentario y aminorarán estas prácticas tan decadentes.

 

 

ABC del periodismo: “Cómprese un diario”

Los tiempos más memorables de la conspiranóica en España tenían a Pedro J. Ramírez como cómplice imprescindible del PP. Eran los tiempos en que gobernaba el PSOE y el periodista comía huevo con el PP y sobraba huevo. Todo los escándalos, escandalillos, escandelates o montajes se publicaban en El Mundo y al día siguiente eran agitados por el PP mediante iniciativas parlamentaria que obligaran a los demás periódicos a hacerse eco de la cosa. Gracias a esa estratagema, algunas grandes falacias vividas por este país, que no resistían ni siquiera la prueba del nueve, se convirtieron en asuntos de Estado. Aquello terminó cuando el PP llegó al poder y el desencanto cundió entre el partido y El Mundo hasta desembocar en el estrepitoso despido que ha sufrido Pedro J. Ramírez. Por cierto, ahora monta un nuevo periódico – El Español, sin duda- erigiéndose en adalid de la libertad de expresión, el periodismo de calidad y la defensa de la patria. Cuando quieran les ponemos unos cuantos ejemplos de aquella conspiranoica para que los que le están metiendo dinero sepan con quién se van a jugar los cuartos. Pero, a lo que íbamos. Ese obsceno contubernio entre un partido y un medio de comunicación funcionando como recíproca correa de transmisión la hemos vista repetida este martes en Canarias, concretamente en el Parlamento. El diputado Miguel Cabrera Pérez-Camacho se preocupó mucho por ser él el que interpelara a la consejera de Empleo, Paquita Luengo, acerca de un concurso de mantenimiento informático cuya adjudicación ha sido recurrida nada menos que por la empresa Indra, que estos días ha vuelto a saltar a la fama por su relación con el pago irregular a jueces de Madrid y por su aparición estelar en la operación Púnica. Indra, como colegirán, perdió el concurso a manos de quien fuera su socio en la UTE que hasta ahora explotaba ese servicio, Arte Consultores, y como el Servicio Canario de Empleo decidió –ley en mano- hacer una adjudicación provisional “de emergencia” en favor de ésta última para no paralizar su funcionamiento, el periódico ABC montó una pieza muy sandunguera acusando a Luengo de adjudicar un concurso a dedo. Olé.

 

Rectificación sólo para suscriptores

La noticia inicial de ABC contenía algunas afirmaciones subiditas de tono que ya fueron analizadas por los servicios jurídicos del Gobierno canario por si había algún exceso. En ella se hablaba de “adjudicación a dedo”, lo que dio lugar a la reacción airada de la consejería por considerar que faltaban datos relevantes que explicaran esa adjudicación. Porque acusar a un organismo público de adjudicar a dedo un contrato de mayor cuantía equivale como mínimo a una prevaricación, y no están los tiempos para andar asumiendo imputaciones si –como parece que es el caso- se trata de una actuación reglada. Quizás la cosa no hubiera pasado a mayores si la consejera de Empleo no se hubiera molestado en ejercer su derecho de rectificación y obligara al ABC a publicar su versión conforme a lo que ordena la ley. Sólo que ese derecho no pudo ser ejercido inicialmente en plenitud porque el espabilado del delegado del periódico en Canarias, Bernardo Sagastume, publicó el texto de rectificación sólo para suscriptores, es decir, oculto para el común de los mortales. Cuando Luengo se lo hizo ver, la reacción del periodista argentino fue muy elocuente: “Si quiere la verdad, cómprese un diario”. Lo cierto es que la rectificación tuvo que salir como mandan los cánones, pero no es enlazada por el diario en las noticias relacionadas para que siempre quede flotando en el ambiente la duda sobre la limpieza del procedimiento. El remate a la campañita de prensa, enfocada hacia Paquita Luengo, la consejera en la que el PP invierte gran parte de sus ataques al Gobierno, se produjo este martes con Pérez-Camacho interpelándola para que explicara si esto es “un chanchullo o simple incompetencia”, esquivando la posibilidad –aunque fuera remota- de que todo haya sido un montaje del ABC previo acuerdo con la poderosa Indra, que seguramente tendrá abogados muy influyentes en Santa Cruz de Tenerife.

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