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El presidente llamó a todo el mundo

SE MASCABA INCOMODIDAD EN EL AMBIENTE

Desde el día que detuvieron a Santana Cazorla (y no días después, como dijo a El País), el presidente Martín sabía que sus conversaciones y las de su consejero Berriel con el empresario podían

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Desde el día que detuvieron a Santana Cazorla (y no días después, como dijo a El País), el presidente Martín sabía que sus conversaciones y las de su consejero Berriel con el empresario podían acarrearle dificultades. O sea, que alguien le dio un soplo o filtración. Por eso no sólo telefoneó al delegado del Gobierno en Canarias, José Segura, sino que aprovechó sus magníficas relaciones con el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, para transmitirle su inquietud. No nos constan las gestiones que hayan podido realizar Segura o Rubalcaba, pero es más que probable que se interesaran por la cuestión. Su margen de actuación era estrechísimo, casi imposible. Un auto es un auto y sólo un magistrado y un fiscal pueden desactivarlo. Estaba tenso Martín entre la tortilla con callos y esas lentejas de La Ancha que no se pueden aguantar.

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