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Los primeros fondos reservados

Y NOSOTROS SIN ENTERARNOS POR LA PRENSA

De aquella gloriosa época de la también gloriosa UCD se cuentan casos realmente espectaculares. Eran momentos de una incipiente democracia en la que no se tenía cogido el truco a la mayoría de mecanismos de que disponía el recién estrenado Esta

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De aquella gloriosa época de la también gloriosa UCD se cuentan casos realmente espectaculares. Eran momentos de una incipiente democracia en la que no se tenía cogido el truco a la mayoría de mecanismos de que disponía el recién estrenado Estado de Derecho. Relatan testigos de primera fila que de aquella época son las anécdotas protagonizadas por el mentado Garrigues cuando necesitaba dinero para gastos de representación. El ministro se dirigía al jefe de servicio del departamento presupuestario correspondiente y le tenía que indicar que se disponía a acudir a un almuerzo de trabajo. El diligente funcionario le aflojaba al instante y de modo solícito, diez mil chuchas de las de antes. Y Garrigues, mosqueado. A la siguiente ocasión, el ímprobo funcionario respondió de igual modo, lo que llevó al ministro a preguntar abiertamente si era el empleado el que pagaba los gastos de representación de su bolsillo. No era así: todo provenía de los fondos reservados, que ya existían para entonces, y cuyos remanentes eran democráticamente repartidos entre los compañeros llegado el 31 de diciembre de cada año. Luego, Felipe y media España se enteraron por la prensa. Por cierto, antes de que se nos olvide, nuestra más cálida enhorabuena a Juan Cambreleng.

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