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Un sobrino muy colaborador

ENTRABA Y SALÍA DE LA ESTANCIA PERO NUNCA SOCORRIÓ A LAS VÍCTIMAS

La única versión que hasta ahora conocemos de lo ocurrido aquel aciago 4 de enero en la casa de Suárez Gil en Tafira Baja es la de Josefina Navarrete, que la ha contado a todo aquel que se lo ha pedido. Los detalles son bastan

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La única versión que hasta ahora conocemos de lo ocurrido aquel aciago 4 de enero en la casa de Suárez Gil en Tafira Baja es la de Josefina Navarrete, que la ha contado a todo aquel que se lo ha pedido. Los detalles son bastante espeluznantes porque describen a un Zorro Plateado en posición de disparo, con las piernas separadas y la pistola, montada y sin seguro, cogida con las dos manos apuntando a su esposa. Una situación de la que se salvó la abogada al reclamar al que quería ser su verdugo que le otorgara la gracia de expresar sus últimas voluntades. Y ahí estuvo su salvación, siempre según la versión de la víctima, en la que se llama poderosamente la atención el papel desempeñado por el sobrino del empresario ahora preso. El hombre, de unos cuarenta años, presenció prácticamente toda la actuación de Suárez Gil, y obedecía sus órdenes cuando las dos mujeres que estaban en la estancia pedían agua o un cenicero. Pero en ningún momento avisó a la Policía ni ejerció su deber de socorro en favor de dos personas que sufrían una situación bastante extrema, con riesgo cierto para sus vidas. Todo ello, insistimos, según la versión de la víctima y de la amiga que llamó a la Policía. Porque el presunto agresor ha declarado que no se acordaba de casi nada.

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