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El tahúr y el ajedrecista

LA PARTIDA MÁS FAMOSA A ESTE LADO DEL MISSISIPI

La verdad es que la envidia nos corroe. No ya por la suerte que tiene La Provincia de enterarse de estas cosas antes que el resto del mundo mundial, sino por no haber podido ver la escena a través del ojo de una cerradura. Dicen que no es cie

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La verdad es que la envidia nos corroe. No ya por la suerte que tiene La Provincia de enterarse de estas cosas antes que el resto del mundo mundial, sino por no haber podido ver la escena a través del ojo de una cerradura. Dicen que no es cierto que Manolo Torres asistiera a la partida. Aunque bien es cierto que cuando un tahúr y un ajedrecista se meten en faena ignoran por completo el entorno y sólo se acuerdan de los presentes para pedirles fuego. El tahúr es Ángel Luis Tadeo, un experimentado jugador de póker, experto en el farol y en la cara de yo no fui. El jugador de póker sabe de sus cartas, pero estudia al adversario para conocer las que lleva. Cambia exactamente los naipes necesarios, ni uno más y ni uno menos. Y a veces ni eso: se para, hace que le brillen los ojos, resopla y pide sólo una, aunque no tenga ni pareja de doses. El ajedrecista es Gonzalo Angulo, estratega paciente que va tendiendo trampas al que tiene enfrente con la suficiente sutileza para que no las descubra a tiempo. A su vez, prepara sus propias estrategias de escape, que así es también ese juego-deporte, de manera que todo buen ataque esté convenientemente cubierto por el enroque o, en su defecto, la huída. Incluso hacia adelante en alguno de los sesenta y cuatro escaques.

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