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La calle va ganando de calle

La competencia obliga a los partidos a proponer, no sólo a protestar, a posicionarse, no sólo a oponerse. Les obliga a prometer y comprometerse. Pueden volver a fallarnos pero ahora el fallo se paga más caro.

Los nuevos partidos han conseguido que se discuta de ideas y propuestas como nunca en una campaña. Han logrado meter los programas electorales en los programas de tele. La banalización de la política convive con su recuperación.

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La nueva política, con todas sus contradicciones y ramalazos del pasado, está cambiando a la vieja. Es cierto que la precampaña ha sido un circo de políticos haciendo de monetes de feria en la televisión y que la campaña ha empezado, como siempre, con los candidatos pisando la calle que nunca pisan, besando a señoras y achuchando a niños en mercados a los que no van en la vida. Políticos haciendo de personas, en lugar de personas que son políticos. Pero no es menos cierto que los nuevos partidos han conseguido que se discuta de ideas y propuestas como nunca en una campaña. Han logrado meter los programas electorales en los programas de tele. La banalización de la política convive con su recuperación.

No es un fenómeno electoral, es un efecto de la crisis. El descrédito de los políticos ha sido contestado con el rescate de la política por parte de la ciudadanía. Los gobiernos rescataban bancos, los movimientos sociales rescataban la cosa pública. Habría que irse al inicio de la Transición para encontrar otro momento en nuestra democracia en el que la sociedad estuviera tan politizada. Los informativos y tertulias políticas inundan las televisiones en horarios de máxima audiencia. El debate a cuatro fue visto por 9 millones, como un partido de España en competición oficial. Cuando el Parlamento ha quedado anulado por la mayoría aplastante del gobierno y por un reglamento obsoleto, los platós de televisión se convierten en los nuevos parlamentos.

Las cámaras no pueden ni deben sustituir a la Cámara, pero entre el ruido y la furia de los tertulianos, se cuelan chispazos inéditos de verdadero debate de fondo. En estos años, hemos discutido sobre hipotecas, sistema económico, trabajo, inmigración, modelo de país, de educación, de sanidad, incluso modelo de Estado, aunque ese debate nos hurtaron una vez más. Pero nadie ha podido esquivar la nueva agenda política que impusieron el 15M y las mareas. Podemos la recogió y la metió en las instituciones, aunque después la moderó para intentar abrirse hueco, pero en cualquier caso, ha obligado a renovarse al resto de formaciones, las más viejas y las que van de nuevas como Ciudadanos. El declive de los partidos políticos está generando la regeneración de la política.

Nos podemos quejar de que continúa el pim pam pum de siempre y la hueca retórica publicitaria de los mítines. Pero no podemos negar que hemos tenido más debates que en ningunas elecciones, más plurales y con mucho más contenido. No recuerdo una campaña en la que se discutiese tanto sobre puntos concretos de los programas políticos. Podemos fue el primero en sufrir el escrutinio entomológico de sus propuestas, pero el examen se ha extendido al resto en mayor o menor medida. La competencia obliga a los partidos a proponer, no sólo a protestar, a posicionarse, no sólo a oponerse. Les obliga a prometer y comprometerse. Pueden volver a fallarnos pero ahora el fallo se paga más caro porque el votante tiene más posibilidades.

Ya no se pueden poner de perfil tan fácilmente, la competición les obliga a correr de frente. Así hemos visto a Ciudadanos patinar en la violencia machista o generar dudas con el contrato único, al PSOE reivindicar su historia al mismo tiempo que reniega de parte de ella, a Podemos centrarse y a IU reafirmar su izquierdismo. Todos dan la cara menos el PP que presenta un programa que parece sacado de El rincón del vago. Es más que Aguirre que sólo tenía una hoja en word. Creen que les basta con ser ellos mismos, la España en serio que se toma a broma a sus propios votantes. “Somos como somos” decía Rajoy parafraseando (imagino que sin saberlo) el lema de Antonio Maura para los conservadores: “nosotros somos nosotros”. Y un vaso es un vaso.

A muchos nos sigue escandalizando que siga ganando en las encuestas el partido de la corrupción, la desigualdad y los recortes que ha destruido puestos de trabajo, subido los impuestos en contra de lo que prometió y aumentado la deuda hasta límites impagables. Pero van a perder la mitad de votos y no tienen ni mucho menos asegurada la gobernabilidad. Nadie la tiene. Todos tienen que mejorar y aprender a entenderse. La competición les obligará a la cooperación. Están mejorando, aunque algunos sigan perdidos como demostraron en el debate y perdiendo votos como muestran las encuestas. La batalla de las urnas no sé, pero la de la democracia la ha ganado la calle. De calle.

Miércoles a las 12h en www.carnecruda.es, Carolina Bescansa, nº 2 en la lista de Podemos a las elecciones.

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