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Al enterrador

¿Va a tardar usted mucho?

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Hace tiempo me dio la impresión de que usted venía a hacerse cargo de la liquidación del PSOE. Los hechos lo confirman: es el sepulturero de un partido al que ya sólo le queda descansar más o menos en paz. Basta el testimonio de su incoherencia, de su propensión a la chapuza, de su grandilocuencia desmentida siempre por sus actos y sobre todo del su comportamiento de ciclista con pájara o de boxeador sonado que da tumbos erráticos contra las cuerdas antes de caer sobre la lona como un peso muerto.

¿Le parece razonable romperse la garganta presumiendo de democracia interna y de primarias, para luego recurrir cuando le conviene a los candidatos designados desde arriba? ¿Coherente acaso? ¿Ejemplar tal vez?

¿Le parece razonable sacar el látigo para expulsar a gritos del templo de la virtud a un mercader de Parla, para luego dejar sueltos a todos los bandoleros que de Despeñaperros para abajo campan a sus anchas con total impunidad? ¿Coherente por ventura? ¿Ejemplar a su modo de ver?

Es mi opinión que el PSOE es incapaz de ganar nada en Madrid, entre otras cosas por su desatinada fe en el paracaidismo. Ustedes siempre arrojan sobre la capital algún paracaidista caído del cielo para que obre milagros. Un famoso, un economista que no sea del partido, cualquier vendedor de crecepelos que encuentren disponible. Además de manifestar su absoluto desprecio a sus propios militantes, su recurso al paracaidista da testimonio de su desconfianza de la política real: lo único que quieren es ganar elecciones con algún elixir mágico, en lugar de trabajar desde abajo creando convicciones. De nada les ha servido, claro está: a Madrid no se llega en paracaídas, sino con la infantería, a pie firme y con paso llano

Por otra parte, su doble rasero, que mide de distinta forma en Parla y en Andalucía, es la mejor ilustración de su ensimismamiento como partido: sólo les interesa su propio ombligo y su rebatiña por el poder, y son incapaces de tomar en consideración ni por un segundo los intereses de los votantes.

Supongo que el catedrático de Metafísica no se hará ilusiones de ganar en Madrid. Sin embargo, su carácter le impide rechazar cualquier invitación a ser protagonista, aunque en este caso usted no le haya invitado nada más que a un entierro: el del PSOE.

Por mi parte, debo decirle que no lamento el inminente óbito. Nadie merece tanto criar malvas como el partido que malversó el entusiasmo que tantos españoles le entregaron en 1982.

Mi única pregunta para el enterrador es esta: ¿puede darse un poco de prisa? Es que tantas pompas fúnebres nos distraen demasiado de lo importante: volver a hacer política.

 

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