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“Papel mojado” arroja luz sobre los “gatos encerrados” de los medios de comunicación

João França

Barcelona —

“Los periodistas tenemos la tendencia de analizar nuestro mundo como si no formara parte del sistema económico en el cual opera”, dice Pere Rusiñol, de la revista Mongolia. Esa tendencia es la que intenta romper con la sección “Perro como perro” de la revista y con el libro que presentaban ayer en el Col.legi de Periodistes de Catalunya, Papel mojado. La crisis de la prensa y el fracaso de los periódicos en España. Para Rusiñol hay algunas preguntas fundamentales que a veces los periodistas pasan por encima: “¿Quién es la propiedad? y ¿por qué hace la cosa?”

El libro habla especialmente de El País y Público. Dos casos distintos que muestran el paradigma actual de los medios de comunicación. “Cuando se hacen EREs y se echa a los mejores periodistas de España, es que hay gato encerrado”, dijo el periodista en referencia al primero. Lo que no se veía era cómo el diario español de referencia había caído en manos de las entidades financieras. El libro de Mongolia relata los juegos de poder, las puertas giratorias entre los medios de comunicación y los bancos y fondos de inversión, en lo que casi se podría calificar de thriller financiero.

El País

El País pasó de tener un beneficio de 143,7 millones de euros en 2005 a despedir un tercio de la plantilla, 129 trabajadores sin haber tenido pérdidas. José María Martí Font aprovechó para relatar algunos desmanes de las épocas de bonanza, como cuando el grupo adquirió un 15% de Le Monde sabiendo de que era un mal negocio. Cuando estalló la burbuja, tal era la deuda del diario con los bancos que estos acabaron por entrar a formar parte del accionariado, con efectos evidentes sobre la línea editorial.

En este proceso, Rusiñol asegura que los diarios –y no sólo El País– se han convertido en instrumentos de propaganda de los bancos. “Si volviéramos a una situación de bonanza y los medios absorbieran estos trabajadores que se han ido al paro, la situación habría cambiado igualmente, porque ahora los medios son de los bancos”, concluye.

La Vanguardia

Otro caso paradigmático es el de La Vanguardia. Aunque con menor peso, este medio aparece en el libro porque “no se entiende este país sin La Vanguardia y La Caixa, que son lo mismo”, según Rusiñol. El libro habla de las relaciones del diario con la entidad financiera de la que su propietario, el Conde de Godó, es vicepresidente. Una relación articulada a través de su director, José Antich, muy próximo a las cúpulas de CiU y PP, y, según el texto, colocado al frente del diario por el propio José María Aznar.

Rusiñol expresó su preocupación ante el panorama mediático catalán: “El principal problema que tenemos aquí es el poder de La Vanguardia y la supeditación de El Periódico a los intereses de La Vanguardia, porque tiene un consejero delegado puesto por la competencia, y además del sector financiero” a causa de su deuda con La Caixa, dijo. Apuntó también que algo similar pasa en los medios públicos, cuyos dirigentes designados por CiU provienen del grupo Godó.

Público

El caso de Público es un ejemplo de como los intereses económicos pasan por delante del proyecto periodístico. “Nosotros dudábamos de cuál era la explicación de Público, porque nos lo pasábamos muy bien haciendo el diario, pero teníamos la sensación que ahí también había gato encerrado”, dice Rusiñol, que dejó El País para entrar como adjunto a la dirección del diario de Mediapro.

El libro cuenta cómo todo apuntaba a que Público alcanzaría la sostenibilidad rápidamente, en un contexto en el que todos los diarios se hundían, pero la propiedad no apostó por salvarlo. Se trata de una crónica pormenorizada del cierre del diario, en la que, según el texto, los propietarios se apartaron sin tapujos de su línea editorial en nombre de sus intereses económicos.

El decano del Col.legi de Periodistes, Josep Maria Martí remarcó que “ningún diario ha dado lugar a tantos proyectos periodísticos alternativos, de reacción, como los nacidos de la desgracia del cierre de Público”. Para Martí, “esto no es emprendedoría, sino autoocupación, gente que se ha quedado en la calle y se busca la vida”. En este sentido, Rusiñol añadía que “los capitalistas nos dicen que la crisis es un momento de oportunidades, pero tenemos que aprovecharlo para crear medios que sean nuestros, propiedad de los trabajadores, aunque suene como del siglo pasado.”

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