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Turquía: ¿de la República secularizada al autoritarismo islamista?

Existen dos escenarios a medio plazo que merece la pena considerar. El primero, pesimista, afirma que el AKP fomentará la construcción de un régimesn más autoritario, y el segundo, optimista, que afirma que mediante la supresión de las influencias del movimiento Gülen, el AKP será más proclive a realizar reformas democráticas.

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Erdogan afirma que "cumple pero no respeta" la orden judicial de abrir Twitter

Un cartel con una fotografía del Primer Ministro turco, Recep Tayyio Erdogan.

Durante las elecciones generales de noviembre de 2002, los escándalos de corrupción y el colapso de la economía turca supusieron la pérdida consumada de los partidos de centro-derecha, traspasando el poder al partido AKP (Partido de la Justicia y el Desarrollo) con cerca del 34% del voto popular. El AKP fue fundado por el aun presente primer ministro Recep Tayyip Erdoğan a sólo 15 meses de las elecciones generales, presentado a la opinión pública como la alternativa política económica con pragmatismo y flexibilidad ideológica. Desde ese momento, Erdoğan ha gozado de un apoyo electoral in crescendo con un 47% en 2007 y un 50% en 2011 y ha estado en el poder desde 2002, gobernando Turquía más tiempo que cualquiera de los otros primeros ministros desde que el país se convirtió en una democracia multipartidista en 1950. Además, el AKP ha originado una ruptura dentro del equilibrio de las élites tradicionales (militares, empresarios, periodistas) defensores del laicismo kemalista, contrapuestas a la provinciana clase media emergente islamista (principalmente de Anatolia) que se reafirma formando parte de la nueva élite política, derivando en una polarización de la sociedad turca nunca divisada en la historia de la República.

Ante este panorama político social, las elecciones municipales del 30 de marzo y las del 28 de agosto del presente 2014 pueden considerarse como un referéndum sobre el liderazgo del partido en el gobierno ya que, para el AKP, ofrecen una oportunidad para fortalecer su posición en el período previo a las elecciones parlamentarias de 2015, teniendo en cuenta que, en medio de una feroz lucha por el poder entre Erdoğan y el clérigo islámico con sede en EE.UU. Fethullah Gülen, éste último ha sido acusado de llevar a cabo una campaña indecente basada en publicaciones anónimas de grabaciones de audio que implican al primer ministro, a sus familiares más cercanos y funcionarios de alto rango en asuntos de corrupción política. Ante esta situación, Erdoğan ha negado cualquiera de las  actividades fraudulentas alegando que se trataba de un complot político contra él, al igual que Gülen desmintió la participación en la divulgación de las grabaciones gubernamentales secretas. Consecuentemente, el 21 de marzo, la TIB (Autoridad de Telecomunicaciones de Turquía) bloqueó el acceso a Twitter y una semana después a YouTube, alegando que las grabaciones filtradas de forma anónima avergonzaron al gobierno del primer ministro. Afortunadamente, después de que el Constitucional declarara ilegal el bloqueo de las redes sociales sumado a la presión de la comunidad internacional y la sociedad turca, Erdoğan cedió y acató el dictamen de la máxima instancia judicial.

El 30 de marzo la confusión reinó durante el recuento de los votos, resultando en cuantiosas denuncias por fraude electoral. Fuera de las oficinas del gobierno local del distrito sudoriental de Ceylanpina, cerca de la frontera con Siria, cientos de manifestantes fueron dispersados por la policía antidisturbios con gases lacrimógenos y cañones de agua. En la provincia sureña de Osmaniye también hubieron protestas provocadas por los rumores de una supuesta quema de las papeletas y el hallazgo de boletas impresas con votos a favor del CHP (Partido Republicano del Pueblo) y el MHP (Partido de Acción Nacionalista) en bolsas de basura en seis escuelas donde había ganado el AKP. Los acontecimientos concluyeron con al menos seis muertos y 13 heridos por enfrentamientos en distintas localidades del país.

A pesar de todo, Erdoğan ha ganado claramente las elecciones locales del 30 de marzo, obteniendo cerca del 45% de los votos, revalidando la alcaldía de Estambul y, por un margen estrecho, la de Ankara. De ese modo, al primer ministro se le allana el camino para presentar su candidatura en agosto a la presidencia de Turquía, teniendo en cuenta que, ya que el estatuto interno del AKP prohíbe a los funcionarios del partido ser elegidos como primer ministro durante más de tres legislaturas, para Erdoğan, la fórmula para permanecer al frente de la política turca sería postularse para presidente. De todos modos, el artículo 101 de la Constitución estipula que el presidente no puede pertenecer a un partido político, una cláusula destinada a procurar un presidente no partidista que pueda actuar como un árbitro entre los diversos partidos en el parlamento.

A todo esto, convertirse en un gobernante fuerte permitiría dirigir al país hacia un panorama basado en el conservadurismo social y la identidad islámica, pero para poder eliminar la naturaleza “no partidista” de la presidencia requeriría una enmienda a la Constitución, posible a través de dos vías. La primera de las dos formas en que se podría lograr dicha modificación sería con la aprobación por 367 de los 550 escaños de la legislatura. El segundo método requiere un menor número de votos (330), pero seguidamente exige que se ponga la enmienda a votación popular. Debido a que el AKP sólo tiene 320 escaños en el parlamento turco, el primer ministro necesita votos adicionales de miembros de otros partidos, así como la aprobación de un referéndum popular, o hasta cuarenta votos sin referéndum. Es un marco posible, teniendo en cuenta que por el momento el público turco no parece estar cambiando sus preferencias políticas. Otra de las razones que puede justificar la fortaleza del partido es que las condiciones económicas en Turquía no están sujetas a un deterioro significativo y, dado que las acusaciones de corrupción no parecen haber influido en las preferencias del público, los votantes probablemente se adhieren a criterios habituales de elección de voto como las predisposiciones ideológicas.

A todo esto, existen dos escenarios a medio plazo que merece la pena considerar. El primero, pesimista, afirma que en lugar de construir un consenso político para desarrollar iniciativas políticas conjuntas, una nueva Constitución escrita por representantes elegidos democráticamente, o un sistema presidencial que escucha y se adapta a los distintos grupos dentro de la sociedad turca, el AKP fomentará la construcción de un régimen más autoritario. El otro escenario, optimista, afirma que mediante la supresión de las influencias del movimiento Gülen, el AKP será más proclive a realizar reformas democráticas y abordar el problema kurdo con mayor eficacia.

De todos modos, la comunidad internacional debe trabajar para proporcionar una perspectiva más amplia e incentivar la cooperación en el seno de un régimen más democrático. Solamente de este modo se pueden crear alternativas para mantener la República sobre la base de una democracia abierta.

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