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Sobre este blog

Adiós a las armas nace con el objetivo de contribuir a la construcción de un mundo más seguro, a través de la cultura de paz y el desarme, desde la investigación y difusión de los efectos perversos del militarismo y el armamentismo, prestando especial atención al comercio de armas, la financiación de las armas, el gasto y presupuestos militares, las fuerzas armadas, la industria militar, la Investigación y Desarrollo (I+D) de armamento, las operaciones militares en el exterior, con especial atención en el Estado español; también hacemos análisis de conflictos armados, el militarismo y armamentismo mundial y de las doctrinas de seguridad y defensa de España, la UE y la OTAN.

Adiós a las armas es un blog coral en el que escribimos investigadoras y colaboradoras del Centro Delàs de Estudios por la Paz, pero dónde también se pueden encontrar artículos firmados por autoras que hacen una lectura de los conflictos y las relaciones internacionales incorporando un análisis crítico desde la cultura de paz y la no-violencia.

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Impuestos: Responsabilidad y objeción fiscal al gasto militar

Xema Moya

Centre Delàs d'Estudis per la Pau —

Cuando faltan apenas unas horas para finalizar el plazo de entrega de las declaraciones de renta a Hacienda, donde regularizamos nuestros impuestos con el estado, se me ocurre hacer una pregunta a todos aquellos que puedan leer estas pequeñas notas en el blog, sobre la consciencia de cada uno de nosotros del uso que se da al dinero, que cada año damos al estado en concepto de impuestos.

Seguramente el pensamiento mayoritario y genérico es que estos impuestos son necesarios para que el país funcione: para pagar pensiones, para construir infraestructuras i servicios (algún hospital, escuela o carretera que otra); para pagar a la casa real, al gobierno y a los grupos políticos, mantener el ejército y el entramado relacionado del comercio de armas, etc. Por supuesto, estos son conceptos que reciben dineros de las arcas del estado, así como muchos otros. Pero si ampliamos la pregunta al grado de conocimiento del monto de euros que se destina a cada uno de estos conceptos, entonces este conocimiento se convierte en casi inexistente.

Durante muchos años hemos ido pagando los impuestos, ciertamente con desgana, porque todavía no tenemos interiorizada la necesidad de pagar impuestos; mientras que el estado los ha ido repartiendo en las diferentes partidas, en la proporción que le ha interesado, por no encontrar oposición en la propia sociedad suministradora de los mismos.

El acto de liquidar la renta anualmente y olvidarse hasta el año próximo no nos exime de responsabilidad en momentos en que el gobierno practica recortes en necesidades básicas como vivienda, sanidad, educación o lucha contra la pobreza. Si no hay dinero, forzosamente se tienen que realizar estos recortes, pero me pregunto si no hay otras partidas que puedan sufrir mayor recorte y así evitar que las necesidades básicas sean tocadas. Se me ocurren varias, pero como este es un artículo antimilitarista me centraré sólo en una: el ejército y el entramado militar.

Según el informe “La cara oculta del gasto militar” realizado por el Centre d’Estudis per a la Pau J.M Delàs en base a los Presupuestos Generales del Estado, el gasto militar en 2014 alcanzará la cifra de 16.526 millones de euros, es decir 45,27 millones de € diarios.

Ciertamente es una cantidad enorme, máxime cuando el destino es mantener una estructura que durante toda la historia ha provocado muertes, destrucción y padecimiento de la población civil. En consecuencia, si nosotros pagamos los impuestos que mantienen la estructura militar, nosotros somos co-responsables de las acciones y efectos de esta estructura. O admitimos esta co-responsabilidad o ejercitamos desobediencia civil contra leyes que van contra nuestra conciencia, como en su tiempo fue el Movimiento de Objeción de Conciencia al servicio militar. Aquellos objetores al servicio militar pensaron que para ser coherentes, después de su objeción militar personal, deberían continuar siéndolo en la parte económica de sus impuestos y se declararon objetores fiscales al gasto militar, acto que hasta hoy mantienen en su lucha contra hacienda y por lo tanto contra el estado, desviando “los impuestos militares” a proyectos sociales.

Tal vez esta reflexión llega tarde para poder ejercitarlo, cuando el proceso de renta acaba, pero no por ello debemos esperar al próximo año para interesarnos en saber qué hace el gobierno con nuestros impuestos. A la vez que profundizamos en el conocimiento de para qué sirven, asumiremos la necesidad de colaborar con ellos, pero siempre con la perspectiva que los impuestos deben revertir en la mejora de la sociedad, no en su padecimiento o destrucción.

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