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Y al final, ¿qué ha pasado con el roaming?

Los estira y afloja sobre el roaming en Bruselas son sólo un éxito relativo para los consumidores europeos o para nuestros representante y, al mismo tiempo, una muestra perfecta de cómo el poder de las grandes corporaciones, y de sus lobbies de presión, influye sobre decisiones que deberían ser únicamente políticas.

Nos remontamos a los inicios. Hace más de 10 años que la Unión Europea, en beneficio de los consumidores y de la lógica de un mercado común y sin fronteras, se enfrenta al poderoso lobby de las operadoras de telefonía por su voluntad de acabar con el roaming.

En octubre de 2009 el Tribunal de Justicia de la UE señaló que Bruselas podía imponer límites a los precios de las llamadas en itinerancia en contra de la impugnación que habían hecho las cuatro grandes operadores de telefonía: Vodafone, Telefónica O2, T-Mobile y Orange a la norma que la UE había aprobado en junio de 2007, y que marcaba una rebaja de precios de hasta el 70% en el roaming entre países europeos que debía aplicarse paulatinamente hasta 2009.

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Brexit e incremento de los partidos xenófobos, votos de castigo más allá de la inmigración

La semana pasada el discurso de Juncker sobre el estado de la Unión Europea y la reunión del Consejo en Bratislava dieron el tiro de salida de lo que, finalizado el verano, ya es una prioridad urgente: si la UE quiere sobrevivir necesita definir quién es y hacia dónde va, o como mínimo hacia dónde quiere ir.

Las predicciones no son demasiado optimistas; el discurso de Juncker en la Eurocámara no levanto precisamente pasiones y el polaco Tusk al frente del Consejo es más un caballo de Troya que un aliado. El euroescepticismo se cierne sobre el futuro de la Unión, no hace falta decir que de la mano de las fuerzas más a la derecha, que viven un auge preocupante. Crisis y populismo las han alimentado, pero también la inoperancia de la Unión y gobiernos cada vez más débiles ante los grandes poderes.

Se dibuja un panorama bien incierto e incluso preocupante. El análisis del voto en el reciente referéndum del Brexit, sumado al triunfo de los extremistas de derecha en las votaciones en el land natural de la cancillera Merckel y su fuerte subida en el mismo Berlín, deberían suponer un toque de atención para todos aquellos que temen que posiciones extremistas se hagan Fuertes en Europa.

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Un nuevo balance de competencias UE-Estados

Boris Johnson, ex alcalde de Londres y, hasta hace escasos días, potencial futuro primer ministro británico declaraba, ante la victoria del Brexit, que la UE había sido una idea noble convertida en innecesaria. No negaba, por tanto, la necesidad de la cooperación internacional ante los retos globales actuales, sino que defendía vías alternativas para materializarla, que no supusieran la pérdida de soberanía implícita al proyecto de la Unión Europea. Se podría pensar en la COP21, donde 196 países independientes tomaron acuerdos comunes para hacer frente al reto del cambio climático; o en la multiplicidad de acuerdos bilaterales o multilaterales en el ámbito económico; o, también, en la geometría variable de coaliciones armadas en los últimos conflictos bélicos mundiales. En resumen, unas relaciones tan líquidas como hoy en día lo son todas - incluyendo las sentimentales y las laborales. Unas relaciones sostenidas en compromisos temporales y concretos, más que de por vida.
 
El economista Dani Rodrik alertaba en su famoso trilema de la imposible coexistencia de democracia, estado-nación y globalización económica, y el propio Reino Unido ha visto como su decisión de abandonar la UE puede conllevar la escisión de Escocia e Irlanda del Norte; de tal manera que su decisión no sería para volver a un pasado añorado sino para convertirse en un Reino (des) Unido más pequeño y, por tanto, más necesitado de acuerdos con terceros. Algo similar a lo que puede pasar en España con la independencia de Cataluña y, más tarde, de Euskadi y quizás Galicia. Y para todos estos pequeños países hay pocas dudas respecto a la necesidad de la UE, más bien entendida como proyecto en construcción que como realidad solidificada. Porque es evidente que la UE aún no ha encontrado el balance de competencias óptimo entre el nivel comunitario, el de los estados y el de las naciones sin estado; un balance multinivel nada fácil de alcanzar y para cuya construcción habría sido mucho mejor poder contar con los británicos.
 
En todo caso, el reto para la UE es claro: redefinir el balance de competencias evitando las muchas contradicciones actuales. Por ejemplo, una libertad de movimientos del capital sin armonización fiscal, lo que ha supuesto un verdadero dumping fiscal; o una libertad de movimientos de las personas sin un sistema de protección social común, lo que puede conllevar el colapso de los sistemas más generosos; o una capacidad de regulación inmensa con una capacidad de gestión insuficiente, como evidencia el propio presupuesto de la UE (un 1% de su PIB, frente al 20% en EEUU).
 
Redefinir el balance de competencias supondrá devolver algunas a los estados -los actuales y los emergentes- y acabar de completar algunas de la UE con cesiones de los estados. Por tanto, no sólo más Europa, como dicen algunos, ni tampoco menos, como quisieran otros. Una Europa mejor para los ciudadanos, depositarios últimos de cualquier soberanía y, como tales, dispuestos a cederla a diferentes niveles para afrontar los diferentes retos al nivel más adecuado para cada uno. Algo que por otra parte no es fijo sino que un mismo reto, hoy local, puede convertirse en global mañana y viceversa, haciendo necesario que el balance de competencias tenga que ser flexible y dinámico si quiere ser eficiente a lo largo del tiempo.
 
De entrada, el primer reto se encuentra en el seno de la Unión Monetaria y su asimetría original, con la política estrictamente monetaria centralizada y la fiscal descentralizada; una asimetría que se ha demostrado incapaz de garantizar la estabilidad económica y mucho menos de garantizar la prosperidad compartida. Y a la hora de darle simetría, un dilema crucial: ¿Es inevitable un mecanismo de reciclaje fiscal de los superávit comerciales? Es decir: ¿Es inevitable reproducir el esquema de déficits y superávits fiscales que tan bien conocemos en Cataluña, y que no ha sido capaz de resolver las disparidades sino que las ha congelado?
 
En el debate europeo sobre la unión fiscal, que el Brexit no puede sino acelerar, este es uno de los temas centrales, por no decir el principal. Y con unas posiciones de partida muy claras: los que serían receptores potenciales, a favor, y los que serían donantes, en contra. No sorprendentemente, lo que forma parte del debate Cataluña-España se reproduce en la UE; y esto no es sólo en el caso del déficit fiscal. Cerrando el artículo por donde lo empezábamos, el mundo se ha hecho pequeño, y los problemas de siempre tienen hoy una dimensión ampliada. Eso es todo y no es poco.

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La Transición Energética en Catalunya cuantificada

En 2015, se estima que hubo en Catalunya un gasto energético aproximado de 222.000 GWh. Esta cifra es la suma de toda la energía procedente de recursos fósiles y uranio importados, más todo tipo de recursos renovables destinados a usos térmicos, eléctricos, movilidad de personas y mercancías [1].

De toda este gasto energético sólo se ha aprovechado en forma de energía útil (o final, a la "rueda del coche", en los hogares o en las industrias) unos 100.000 GWh / año. El resto, 55%, se ha disipado y perdido por los senderos de los largos itinerarios energéticos típicos de los combustibles fósiles, que tienen unos rendimientos energéticos muy bajos ( "del pozo a la rueda" de un vehículo no se llega al 19% de rendimiento).
 
Estos 100.000 GWh/año realmente utilizados pueden reducirse con relativa facilidad a unos 80.000 GWh/año mejorando la eficiencia en base a técnicas contrastadas y disponibles, a usos más racionales y mejores prácticas sociales. Esto se puede hacer sin exigir ningún tipo de heroicidad ecológica ni ninguna renuncia al confort. Este potencial global de mejora en eficiencia concuerda plenamente con las previsiones y estimaciones oficiales de la Unión Europea.

Finalmente, si el 2015 ya hubiéramos estado en la fase 100% renovables, para poder suministrar a la sociedad catalana estos 80.000 GWh/año realmente útiles habría que capturar en origen y dentro del territorio de Cataluña unos 145.000 GWh/año. A pesar de las energías renovables tienen unos itinerarios energéticos mucho más eficientes, también disipan y tienen pérdidas. Las principales "pérdidas" corresponden a las necesidades de almacenamiento asociadas a las renovables, en buena parte basadas en el hidrógeno generado cuando hay exceso de sol o de viento y poca demanda instantánea de electricidad.

En resumen, a pesar de que desde el marco mental de las energías fósiles parezca el milagro de los panes y los peces, se puede afirmar que con el nuevo modelo:

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O seremos verdes, o no seremos

La reciente celebración del Día de Europa, el pasado 9 de mayo, dejó poco espacio para las felicitaciones. Entidades, ciudadanos y organizaciones de todo tipo aprovecharon la cita para expresar su decepción y poca confianza en el futuro de Europa.
No podemos hacer más que entenderlos. Del concepto de Europa hoy solo derivan notícias y percepciones negativas: es Europa, la Troika, quien aprieta a los gobiernos para que hagan recortes más allá de los límites que deberían de imponerse para defender los derechos más básicos de los ciudadanos; es Europa quien permite que las grandes corporaciones y fortunas hagan dumping fiscal, cargando sobre los hombros de la clase trabajador la mayor parte de la fiscalidad de los países; es Europa quien da la espalda a las personas por intereses geopolíticos, dejando miles de ciudadanos que huyen de la guerra en manos de mafias y terceros países, mercenarios de la ayuda internacional.
El proyecto europeo, la ilusión compartida de hacer de una Europa unida un estandarte de convivencia, cultura, ciudadanía y derechos sociales se ha ido diluyendo en manos de una crisis no solamente económica, sino también de valores.  No ha sido ajena a esta crisis la derrota del pensamiento socialista más tradicional -aquel que definía los principios y las personas-, primero totalmente superado, después directamente  plegado ante un neoliberalismo en el que los individuos desaparecen en favor de los intereses de la gran economía. 

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La Transición Energética como fuente de ocupación local digna y sostenible

Más allá de muchos otros argumentos, una de las ventajas de emprender la transición energética en Cataluña debe ser un motor en la generación de empleo digno, de calidad y sostenible. Estamos sufriendo una crisis en la que miles de jóvenes universitarios formados tienen que emigrar por falta de trabajo. Muchos de ellos tienen capacidades técnicas y de gestión que pueden encajar plenamente en el esfuerzo de la transición energética.

Hay que recordar que cuando se habla del 100% Renovable se habla también del 100% de la energía utilizada, es decir, la de los consumos domésticos, comerciales e industriales, así como toda la energía necesaria para la movilidad (vehículos privados, transporte de mercancías, trenes, metro, etc.). Por tanto, las fuentes de empleo de calidad derivadas a la Transición Energética están ligadas a multiplicidad de sectores y modalidades de empleos. Hay que ser conscientes de que en términos macroeconómicos, dado que el gasto en FEEF [1] no genera puestos de trabajo en nuestro país, todos los recursos que se detraigan de esta factura para inversiones productivas implicarán puestos de trabajo con un enorme abanico de empleos.

Uno de los campos que debe impulsar la economía y generar empleo es la transición de los vehículos a motor de explosión a los de tracción eléctrica (o con celdas de hidrógeno). Las políticas oficiales de la Unión Europea son contundentes: "la electrificación del transporte es importante para romper la dependencia del petróleo ... / .... Europa necesita acelerar la electrificación de su flota de vehículos y llegar a ser un líder en electro-movilidad y almacenamiento de energía"[2]. Cataluña tiene una fuerte tradición en industria automotriz que hay que" electrificar ".

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Migración y Brexit

Uno de los elementos más utilizados por los defensores del Brexit ha sido la amenaza migratoria. Y es cierto que el Reino Unido ha sido uno de los países europeos con un mayor flujo migratorio desde que empezó la crisis. En la tabla adjunto, con datos de Eurostat para el periodo 2007-2014 se puede apreciar comparado con otros países.

migració i brexit

En valores absolutos, el país que más migración recibió fue Italia, que solo en 2013 acogió a más de un millón de personas (1.183.000). En segundo lugar viene Alemania, que, en todo caso, compensó la caída del crecimiento vegetativo interno, y después el Reino Unido que, manteniendo un crecimiento interno de magnitud parecida, incrementó su población en un 5,37%; por debajo de países como Suiza, Noruega y Suecia. 

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El 100% Renovable es económicamente factible, pero financieramente dificultoso.

Puesto que la tecnología actual ya es suficiente (y cada día mejora más) el principal problema de la Transición Energética no es técnico, sino político y financiero. Posiblemente, la principal dificultad radica en cómo financiar la transición.
En Cataluña, en 2014, la factura energética exterior en fósiles (FEEF) [1] pagada al oligopolio y a los países productores fue de 8.000 millones de euros (el 4,2% del PIB). La propuesta es sencilla: en términos económicos, la Transición Energética consiste en retirar de forma progresiva recursos económicos de la factura energética exterior en fósiles (FEEF) para dedicarse progresivamente a inversiones en generación renovable, en remodelación de las redes y en almacenamiento.
Esto se puede hacer en 34 años (horizonte 2050) y varios expertos estiman que estas inversiones se acercarían al 1% del PIB, es decir, una cuarta parte de la FEEF. Por tanto, si bien estamos ante una evidente factibilidad económica, nos enfrentamos también a un evidente y notorio problema financiero. Un 1% del PIB no es una broma.
Se trata de una inversión en el propio territorio, que por lo que tiene la ventaja de generar empleo local, tanto para la primera instalación como para el posterior mantenimiento y gestión. Es una inversión que tendrá una parte muy distribuida (pequeñas empresas agregadores, comercializadoras, gestoras, etc., así como la inversión familiar residencial), pero que también tendrá una parte más concentrada con operadores de dimensión no tan pequeña. Se necesitan mecanismos financieros adecuados a estos tipos de inversión.
En la actualidad, la FEEF la pagamos la gente y las empresas, a través de las facturas mensuales de gas, electricidad y gasolina. Un 20% de la totalidad del gasto energético catalana se dedica a importar "basura" (dirty fósil fuelóleos como dice incluso Obama). Estamos funcionando como si fuéramos "en alquiler" y los "propietarios" de la energía fueran -lo son, de hecho- los accionistas del oligopolio energético y sus bancos. Transitar hacia un modelo renovable significa, de facto, acercar esta "propiedad" a los usuarios finales de la energía. Una parte de esta "propiedad" será muy distribuida ( captación en Km0), y el resto estará un poco más concentrada, pero no demasiado lejana ( captación y almacén en Km100). Pero acceder a esta propiedad exige inversión. La parte de esta inversión más distribuida pedirá créditos pequeños y, por tanto, relativamente costosos de gestión. La otra parte más concentrada también tendrá sus peculiaridades. Todo ello necesitará un sistema financiero específico y bien diseñado. El banco público alemán KfW, que se dedica a estos asuntos nos puede servir de inspiración.
La Banca Pública catalana debe ser una pieza fundamental para el éxito de la Transición Energética. Las experiencias danesa y alemana muestran que si se sabe generar confianza en la Transición, si se convierte en un proyecto nacional, la financiación no es un grave escollo. Más ahora que la captura de flujos renovables ya es en muchos casos plenamente competitiva con los sistemas fósiles tradicionales. A menudo se habla de 7 a 10 años para amortizar inversiones distribuidas. La clave está en generar confianza y dotarse de una Autoridad Reguladora del Mercado de la Energía (ARME) moderna, sólida y eficaz. El buen diseño de las estructuras de gobernanza de la Transición será la pieza clave.
Finalmente, habrá que superar la resistencia que el oligopolio pondrá a des-invertir en fósiles. Las grandes inversiones realizadas en extracción y transporte de combustibles fósiles desde tierras lejanas, aún no amortizadas y que están en manos del oligopolio y del sistema financiero, ofrecen y ofrecerán una gran resistencia al cambio. En España conocemos bien el dominio de escándalo del oligopolio sobre las decisiones del Ministerio de Energía. Con puertas giratorias incluidas.
 
 
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[1] La Factura Energética Exterior en Fósiles (FEEF) es la que se paga "en puerto" por el conjunto de combustibles fósiles importados (petróleos, gas y uranio) y no incluye impuestos. Representa aproximadamente un 20% de todo el gasto energético catalana.

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La insoportable irrelevancia del 26J

La cultura de Occidente se asienta sobre dos principios de origen británico: los destilados por Charles Darwin i Adam Smith; es decir, la teoría de la evolución y del libre mercado, que no dejan de tener vínculos entre ellos —la competencia entre especies y entre individuos, respectivamente. Otro pilar de nuestra cultura es la idea de la democracia moderna —competencia colectiva o de partidos— igualmente surgida en el Reino Unido, donde tuvo lugar la primera revolución burguesa europea (S XVII). Y si añadimos que la revolución industrial también tuvo origen ingles, como resultado seguramente de los anteriores principios, así como el vasto uso de su idioma, es muy probable que la Historia dé el calificativo de británica o inglesa a nuestra Era, sucesivamente dominada por el propio imperio británico y, a continuación, por su epígono americano, donde los principios de evolución, mercado, industria y democracia fueron rápidamente implantados. 

También en el continente europeo se integraron, si bien nunca tan plena e intensamente. La revolución francesa engendró a Napoleón, la alemana al Kaiser y la rusa a Stalin. Y más tarde Europa engendró a Hitler y sus réplicas meridionales. Por lo que fuera, el continente siempre fue más proclive al orden y la regulación que a la competencia, y hasta en dos ocasiones el Reino Unido y su primo americano han salvado a Europa de sus monstruos. Para muchos británicos, el Brexit también va de esto: de frenar su tentación estatista, como Cameron le ha hecho prometer a la UE para defender la permanencia; de hacerla saltar por los aires con un efecto dominó, como proclama Farage; de liderarla con los valores británicos, como querría Brown; o de democratizarla, como propone Corbyn de la mano de Varoufakis. 

Nadie defiende a la UE actual ni a su deriva. Una UE que Alemania ha hecho progresivamente suya: primero financió los déficits de quien los tuviera con su enorme exceso de ahorro, y a continuación hizo de su crédito una herramienta de dominación global; frente a los deudores, sometidos a una austeridad homicida, y frente al resto de socios, convertidos en cómplices a copia de hacerles compartir su crédito. Una jugada maestra! Bajo el pretexto de salvar Grecia, Alemania repartía y reducía su riesgo, y a la vez invitaba a sus socios a hacer de Grecia el paradigma de infierno para los desobedientes. En lugar de la disciplina de los mercados, tan apreciada por los liberales británicos, la disciplina presupuestaria. También de esto va el Brexit. 

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La necesaria Transición Energética (1)

Lo que hace 15 años podía parecer un sueño o un deseo, ahora es una realidad constatada: los avances tecnológicos de la humanidad y la consiguiente caída de los precios de los sistemas de captación de energías renovables (eólica, fotovoltaica, etc.) permiten hoy que el mundo pueda funcionar exclusivamente con renovables.

Este 100% renovable, a parte de ser técnicamente posible, no requiere renunciar al confort energético que hoy disfrutamos. Aún más, la parte del mundo que no lo disfruta lo puede alcanzar con relativa facilidad. Hay energía renovable suficiente para todo el mundo, y a 2016 ya la sabemos capturar. Nos falta aún saber como almacenarla mejor, pero nos queda poco. 

Estamos acostumbrados al modelo energético actual, en el que dominan los combustibles fósiles y el uranio, cargado de graves inconvenientes como la contaminación, el cambio climático, la especualación, las guerras, o unos costos directos e indirectos elevadísimos. Y parece que nos negemos a ver las evidentes ventajas de un nouevo modelo basado en las renovables: prácticamente cero contaminación, soberanía energética local, captación a Km0 o a Km100, precios estables, etc. Se puede defender con seriedad que ya es hora de que la Transición Energética se sitúe en una posición muy destacada en los programas políticos de los partidos progresistas en Catalunya.  

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