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Isabel-Clara Simó: "El independentismo no es una ideología, es un estado que quieres alcanzar"

Isabel-Clara Simó ha sido galardonada con el 49è Premi d'Honor de les Lletres Catalanes

"Escribir es vivir", declaró Isabel-Clara Simó como colofón de una trayectoria que escribe ahora una nueva página con el Premi d’Honor de les Lletres Catalanes. La autora alcoyana hilvana estas reflexiones desde la perspectiva de su madurez y con una cuarentena de obras publicadas, entre ellas éxitos de ventas tan rotundos como su novela Júlia o la juvenil Raquel, con casi 50 ediciones. Simó ha hecho méritos para ganar el Premi d’Honor de les Lletres Catalanes desde que empezara a publicar a finales de la década de los 70, con el volumen de cuentos És quan miro que hi veig clar, que ganó el premio Víctor Català en 1978. Con su particular humor nos cuenta que "cuando hace muchos años que estás en el oficio, van cayendo premios. Esto es inevitable".

Dice usted que ha "amado locamente los Países Catalanes" y que no se había sentido correspondida... ¿Tras recibir el galardón más importante de las letras catalanas se siente más querida?

Me he sentido rechazada en muchas ocasiones y, sin embargo, no he parado de escribir. No me he sentido querida a menudo, ahora sí. El Premi de les Lletres Catalanes es un acto de amor completo. Me da alegría que esta vez pueda decir que soy mujer, cuando normalmente por el hecho de ser mujer, y ahora viuda y vieja, soy vista desde una mirada paternalista. Mucha gente siempre ha tenido la imagen que escribo historias de amor, algo que no he hecho en la vida, que escribo interiores, que es donde ponen a las mujeres, y cosas para tías. Hay dos elementos que han jugado en mi toda la vida: el hecho de ser mujer y ser valenciana. Ahora en cambio, me han dado este premio, en parte, por ser mujer y valenciana.

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Adrián D. Bóveda: "YouTube está construyendo una plataforma nueva para los artistas"

7 Notas 7 Colores

El Festival Cara•B quiere ser un reflejo del estado actual de la escena musical independiente y underground catalana y española. Con tres ediciones no han perdido la ambición, los últimos dos años han decidido alargar el festival en dos días, en el mismo recinto y por un precio muy razonable, 30 euros el abono y 18 euros la entrada de un día. Los próximos 19 y 20 de febrero, podremos ver a grupos nacionales como de la ciudad condal y de diferentes estilos: 7 Notas 7 Colores, Agorazein, Joe Crepúsculo, Nueva Vulcano, Bejo, Bad Gyal, Las Rosas, Los Nasty, Kokoshca, Fiera , Yumi Yumi Hip Hop, Alien Tango, Meneo y BSNPosse. De esta manera, a través de los directos de las propuestas musicales que actualmente incendian la escena independiente, un certamen retrospectivo de los mejores videoclips producidos en 2016 y una exposición comisariada por el colectivo femenino de ilustradoras Hits With Tits, el festival da visibilidad, celebra y difunde el talento que se esconde tras el circuito más convencional.

Joe Crepusculo_mariaherreros

Joe Crepusculo Maria Herreros

El Cara•B tiene una visión de 360 grados alrededor de la cultura musical independiente. Lo hace a través de diferentes disciplinas artísticas que conforman la escena independiente tal como la entendemos. La exposición B•SUAL contará este año con 39 obras originales de algunas de las ilustradoras más talentosas y prolíficas del panorama estatal actual, que han pintado para la ocasión a sus bandas musicales fetiche, dibujado canciones y reinterpretado carteles de conciertos y las portadas de sus discos favoritos. El festival también se aproximará al audiovisual con el concurso Cara•B CLIPS. Este año el Premio del Jurado ha premiado al realizador Iñaki Antuñano,con la canción Jodidamente Loco de Los Bengala. El Jurado también ha hecho una mención especial a Pablo Hernando y la realización del videoclip de My Private Dance Alone de Aaron Rux. Por otra parte, el Premio FILMIN ha sido para Nacho A.Villar, por Poems From Ramayana de Emelvi.

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Comisario Camarasa

No existe ningún género más pegado a la realidad que el negro y criminal. Las noticias insinuaban que Paco Camarasa (Valencia, 1950), el librero inagotable, el prescriptor, el agitador, no iba fino de salud. A pesar de la enfermedad, estas últimas semanas no ha parado de contar historias con su apasionamiento habitual. Motivos no sobran: a sus 66 años, tiene en sus manos su primer libro, Sangre en los estantes (Destino), que, asegura, también será el último, por la sencilla razón de que ya lo ha dicho todo. La promoción del libro coincidió con el inicio de la BCNegra, la semana en que Barcelona se convierte en el escenario ideal para hablar de crímenes, robos, falsificaciones o sobornos.

Hablando de escenarios, fue en el Palau de la Virreina, donde Camarasa se ha despedido, donde empezó todo. "Queríamos que fuera una historia de amor, como 'Casablanca', entre la ciudad y la novela negra. Deseábamos que fuera larga y ha sido larga". Para ser más exactos doce años de relación que culmina el 4 de febrero, el último día en que este enamorado de los libros hace de comisario. El verano pasado ya empezó a dar vueltas. Acababa de cerrar su emblemática librería "Negra y Criminal" en la Barceloneta y se le sumó un cáncer, por lo que tenía muy claro que tenía que dejar pasar a alguien que pudiera aportar nuevas ideas.

Camarasa confiesa haber disfrutado mucho estos 12 años, con éxitos como que pudieran pasar por la BCNegra autores de la talla de Andrea Camilleri y Henning Mankell -aunque lamentó que hayan faltado más como Jo Nesbo y Fred Vargas-: "mi gran equivocación fue no querer aprender inglés de joven por el imperialismo yankee, que continúa y va a peor, y sin saber que llegaría Trump". Este lunes, cuando se ha despedido, ha recibido un fuerte aplauso de los ex concejales que le han acompañado estos doce años, de amigos y de los periodistas. Faltaban los barceloneses que hoy agradecen que les haya inoculado la pasión por la novela del crimen.

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Cuando Tuset Street lo era todo

Salida del mítico Bocaccio, a finales de los 60

Entre mediados de los sesenta y los primeros setenta, casi durante una década, la calle Tuset de Barcelona se convirtió en Tuset Street, condensando una breve historia de modernidad de una ciudad que, mirando hacia Europa, intentaba poner color a la etapa de posguerra y el tardofranquismo más rancio. Esta pequeña calle situada entre la Avenida Diagonal, donde residían las oligarquías, y la Travessera de Gracia, de familias acomodadas, pasó en cuestión de diez años de ser un tramo de solares edificables en un eje comercial con las apuestas más modernas de la ciudad. En este caso, la innovación, la apuesta por el diseño y la modernidad fueron el aglutinador. En un contexto de crecimiento económico, el hecho de que las agencias publicitarias pioneras escogieran Tuset y las calles adyacentes para instalar sus sedes, atrajo a él un público concreto y sectores de conexión directa con la actividad publicitaria, como los también pioneros diseñadores gráficos, a la vez que se convertía en el escenario para la grabación de spots o para sesiones fotográficas. "Fue el fotógrafo Oriol Maspons quien se inventó el nombre de Tuset Street y quien diseñó una camiseta con todas las tiendas de la calle [...], el boom fue efímero y pasajero; en poco tiempo volvió a convertirse en una calle más con bares y tiendas ", escribe Oriol Regàs en Los años divinos. Barcelona (Destino, 2010).  

A pesar de la historia de Tuset fue breve o efímera, se puede valorar la trascendencia, tanto por el eco de las publicaciones que en su momento hicieron referencia como para que motivó la realización de la película Tuset Street (1968), dirigida finalmente por Jorge Grau, con guión de Luis Marquina, protagonizada por Sara Montiel y Patrick Bauchau. La película no obtuvo los frutos deseados. A lo largo de los años setenta los anhelos de modernidad de Tuset Street se fueron disolviendo pero queda un valioso testimonio gráfico y escrito. Los años de esplendor coincidieron con la existencia de una publicación también "efímera", el semanario Tele/estel (1966-1970), ligado al diario de la tarde Tele/eXpres. En esta revista Àngel Casas publicaba una sección en papel rosa con el nombre de la calle, donde se hacía eco de los acontecimientos que tenían lugar. Esta es la primera experiencia de prensa en catalán de posguerra, que, junto con La Cova del Drac -donde Josep Maria Espinàs programaba para la noche recitales de canción protesta, cantautores y pop en catalán, con vinculaciones con la discográfica Concèntric-, justifica la "defensa" que existió una modernidad genuina, con rasgos particulares dados por el contexto peculiar del país, que podríamos extrapolar a la arquitectura, el diseño y la edición, entre otros campos.

Modernidad genuinamente catalanista

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Pere Camps; "Sólo avanzaremos hacia la igualdad si las revoluciones se hacen desde el feminismo"

Foto de familia del Barnasants

Este año el Barnasants celebrará su edición más feminista y lo hará conmemorando dos cumpleaños y dos grandes mujeres: el centenario de la revolución bolchevique, que posibilitó que por primera vez una mujer, Alexandra Kollontai, fuera comisaria del pueblo (ministra) en un gobierno y que también se convirtiera en la primera embajadora de la historia, y los 100 años del nacimiento de Violeta Parra, referente indiscutible de la canción de autor latinoamericana.

De esta manera, el Barnasants celebra su edición más violeta homenajeando a dos mujeres imprescindibles en la lucha por la igualdad de derechos, haciendo un llamamiento al inconformismo ante la situación política y social de nuestro país, y dando voz a una lucha ya una reivindicación que cada vez son más necesarias en los tiempos que corren. "Barnasants es un proyecto cultural que entiende la cultura como transformación", afirma Pere Camps, director y máximo responsable artístico e ideológico.

En Este sentido, el festival hace años que se construye a través del cartel. La imagen de este año, obra de Júlia Solans, es sólo una cara visible de toda una manera de hacer y tiene el lema "Viva la asamblea". Según Camps, se inspira en "Viva el soviet" y es un mensaje sobre "el derecho a decidir todo. Cuanto más horizontal es la manera de decidir, más posibilidades tenemos de que los procesos de transformación, de cambio y de soberanías compartidas se puedan hacer ".

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Dossieres que esconden secretos

'Una casa a l'Est' ha inaugurado El Cicló del Tantarantana

Los padres de Laura Mihon se mudaron a España en 1992 cuando tenía 4 años. La dictadura a la que estuvo sometida Rumania las últimas décadas, una de las más duras del bloque comunista, había caído hacía tan sólo 3 años. Vinieron de manera temporal y finalmente se quedaron. Mihon se crió aquí, manteniendo siempre una estrecha relación con sus raíces, tanto por el idioma, como por las visitas anuales a los familiares de Bucarest.  Al comenzar este proyecto, pensó que requeriría una investigación histórica a fondo sobre un país del que la información siempre había llegado filtrada por su familia.  "Las historias que tenemos más cerca son, muchas veces, también difíciles de explicar", asegura la autora y directora. No pretendió hacer un estudio histórico, tampoco un trabajo autobiográfico, aunque sí está inspirada en todas las historias que le han contado sus padres y abuelos, vividas por ellos mismos o sus conocidos. A diferencia de la familia de la obra, Mihon y su hermano recibieron todo tipo de información sobre la dictadura.  

Para la elaboración del texto también serle de gran ayuda libros como Café Europa: Life After Comunism, de Slavenka Draculik, o El fin del Homo sovieticus, de Svetlana Aleksiévich, ambos centrados en los testimonios y experiencias personales de la gente común, durante el período soviético. Un hecho que ha inspirado en gran parte esta obra es la iniciativa por parte del gobierno de Rumania, en 2005, de permitir a cualquier ciudadano consultar su portafolio personal del régimen, en caso de que lo tuviera. Este hecho cambió la vida de muchas personas, que encontraron en estos documentos testigos de delatores, algunos conocidos o incluso familiares cercanos, que nunca habrían imaginado. Algunas de estas personas han publicado en la red sus historias, y también han sido fuentes de inspiración.

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Adrià Olay, Arántzazu Ruiz i Pau Sastre interpretan 'Una casa a l'Est'

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Núria Pompeia, sola ante la viñeta

Núria Pompeia aportó un punto de vista diferente y de gran calidad al humor gráfico

Nació en Barcelona pocos días después de la proclamación de la República en el seno de una familia burguesa y, pasada la guerra, recibió la educación típica de una señorita de época. En la Barcelona gris de la posguerra fue forjando su sentido crítico respecto a la encorsetada sociedad que la rodeaba. Hablaba con entusiasmo de sus veranos en Arenys de Mar y Sant Joan de les Abadesses. Decía sentirse libre paseando por los bosques y que el mar le sacaba todas las manías. Como explica en el libro Barceldones, "El prolongado y variado contacto con la naturaleza, en su punto más dulce, fue la semilla que arraigó dentro de mí, creció con mi cuerpo y mi mente y ganó terreno a otras manías y afecciones que, como dicen los entendidos, condicionan y conforman los valores y las prioridades, el carácter y la personalidad".

La afición por el dibujo de Núria Pompeia vino, más que nada, por falta de otras alternativas. Su padre decía que no le gustaban las mujeres sabias y la hizo estudiar cultura general a las monjas y luego la matriculó en la Escuela Massana para que aprendiera a dibujar. Este contacto con los lápices y los pinceles se rompió en 1952, cuando se casó con Salvador Pániker, y durante una larga temporada se dedicó a la profesión de madre de familia en la que no le faltó trabajo ya que tuvo cinco hijos. Hacia 1960 volvió a coger el lápiz, haciendo estampas para primeras comuniones, y comenzó a hacer algún dibujo con intención crítica y humorística. Hizo un librito y lo dio a un agente literario, que consiguió venderlo a una editorial francesa que lo publicó en 1968. El libro se llama Maternasis y es totalmente mudo. El mismo año comenzó a publicar la serie Metamorfosis en la revista Triunfo. Las viñetas de esta serie evolucionan y explican un cambio de forma sin ninguna línea de texto.

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Daniela Aronica: "Los cineastas italianos han dejado de mirarse el ombligo para confrontarse con la realidad"

Daniela Aronica, directora de la Muestra de Cine Italiano de Barcelona, considera que su país vive "un momento dulce", después de años de crisis, con una gran producción anual y una cuota de pantalla, que ha pasado del 21,8% al 35% en los últimos años. Aunque, asegura, que "la falta de una industria sólida europea es la causa de la escasa visibilidad del cine italiano fuera de sus fronteras. Es necesario ampliar propuestas como la nuestra y dotar de más apoyo a los proyectos y espacios que apuestan por la exhibición". Competir de igual a igual con el cine americano no ha sido fácil. A finales de los setenta el cine italiano entró en crisis por dos razones. Primero, la creación desregularizada de televisiones, en el año 78 llegó a haber más de cien canales. Las productoras dejaron el cine para pasarse a la pequeña pantalla. La segunda razón, la convulsa situación política. Grupos de izquierda radicales derivaron hacia el terrorismo, fue una época de asesinatos como el de Aldo Moro y las Brigadas Rojas estaban en su apogeo. Los artistas, la mayoría de izquierdas, prefirieron replegarse sobre sí mismos y dejar la realidad, la reflexión política y social.

Este panorama comenzó a cambiar en los años noventa con una regeneración de la sociedad. El juicio Manos Limpias fue muy importante. Los autores se replantearon su papel, y empezaron a estar convencidos de lo que decían y de cómo lo decían. El efecto Berlusconi también hizo reaccionar, ya no podían estar callados. Tras una primera década del siglo XXI no especialmente lúcida, el cine italiano está protagonizando en los últimos tiempos una remontada. El Oscar de Paolo Sorrentino con La gran belleza, el premio del jurado de Cannes a Matteo Garrone para Reality y el Oso de Oro de los veteranos Taviani por Cesare deve morire confirman, según Aronica, "la pujanza de este cine en los festivales, y las nuevas generaciones de directores encadenan obras que apuntan a un relevo generacional necesario. Este año los jóvenes son los grandes protagonistas de la Muestra de Cine Italiano".

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'La ragazza del mondo' de Marc Danieli

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Mos Maiorum

La expresión Mos Maiorum (la costumbre de nuestros antepasados) se usó en 2014 para ocultar el operativo policial que, implicando en varios países de la Unión Europea, impulsó el Consejo Europeo contra las personas inmigrantes. España participó en el operativo. El objetivo confesado era detener inmigrantes sin papeles para interrogar y pedir información con dos finalidades: dibujar el mapa de las migraciones (como llegan las personas, qué precio pagan a los que comercian con su transporte, etcétera) y establecer las rutas criminales de las mafias que se enriquecen con el tráfico irregular de personas. La Unión Europea insistió en que no era una operación de control de fronteras (no se trataba de impedir entradas ni de expulsar a nadie): sólo se pretendía obtener información.

Mos Maiorum es también el título que adopta el montaje de los creadores Ireneu Tranis, Mariona Naudin y Alba Valldaura. Nació en 2015 a partir de uno de los naufragios más graves de la historia del Mediterráneo donde casi un millar de personas murieron ahogadas en las costas de Lampedusa. La clase política europea enseguida puso el grito en el cielo, aparentemente indignada por el acontecimiento fatal que tildaron de "tragedia humana", pero a los pocos días la noticia ya había caído en el olvido y no se tomaron medidas ni se vieron cambios reales. Todo fue una pantomima hipócrita y políticamente correcta que se acabó convirtiendo en humo. El montaje se hace la inevitable pregunta: ¿Por qué no se evita este genocidio oculto?

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Niños refugiados en Europa

Unos 250 millones de niños viven en zonas del mundo afectadas por la guerra y los conflictos armados, según un informe del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef). En cualquier emergencia por desastre natural o por conflicto armado los niños son los que están expuestos a peligros mayores. La evidencia es clara: en 2015, 98 millones de personas sufrieron las consecuencias de los desastres naturales, 37 millones de niños se han quedado fuera de la escuela en los países afectados por conflictos y uno de cada 200 es un refugiado. Los niños son las víctimas más indefensas y sufren consecuencias devastadoras como la desnutrición, la violencia y la falta de acceso a servicios básicos de salud, de educación y de protección.

El documental Un Hogar en el mundo aborda este y otros temas. Sorprende por su realismo sobrecogedor y consigue que nos pongamos en la piel de los niños que se han visto obligados a abandonar sus hogares debido a la inseguridad de la guerra. Magomed es un niño refugiado checheno. Desde un rincón del patio observa en silencio como sus compañeros de clase se pelean por un balón. Ali viene de Afganistán, de donde huyó en 2008. De noche tiene pesadillas donde cinco hombres con cuchillos hieren a su padre. Ellos y sus amigos pasan los días soñando en el momento en que sus familias obtendrán el permiso de residencia. Mientras tanto, juegan, hacen manualidades y aprenden a argumentar, al igual que hacen los niños en cualquier otra escuela. La diferencia es que ellos han vivido situaciones límite y conviven con recuerdos dolorosos. Muchos de ellos, como Ali, Magomed, Heda o Amel han huido de países en conflicto. Los educadores luchan cada día para que estos niños saquen lo mejor de ellos mismos y tengan las herramientas para construir un nuevo lugar en el mundo donde sentirse como en casa.

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