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Betepocs: reencontrar una generación de artistas de posguerra

Un grupo de jóvenes artistas catalanes de mediados de los duros años cuarenta son rescatados del olvido en la muestra Betepocs: el arte que pasa que se hace en la Llotja de Sant Andreu de Barcelona comisariada por el historiador del arte Bernat Puigdollers. De estilo figurativo y academicista, los artistas del grupo realizaban acampadas durante el verano para llevar el arte y la cultura a diferentes lugares. Dieron un nuevo aire a la Llotja hasta que se disolvieron en 1957.

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Los Betepocs, un grupo artístico i olvidado de Postguerra surgido de la Llotja de Barcelona

Los Betepocs, un grupo artístico i olvidado de Postguerra surgido de la Llotja de Barcelona

Hasta el 12 de junio en Espacio La NauU de la Escuela la Llotja Sant Andreu de Barcelona se puede visitar la exposición Betepocs: la cultura que pasa en la que Bernat Puigdollers, su comisario, ha hecho una tarea de exhumación de uno de los olvidados grupos artísticos catalanes de Posguerra. Una exposición muy completa que se zambulle del principio al final de una agrupación que con el arte pretendía pasárselo bien y transmitir cultura. Fotografías, cartas, esculturas, dibujos, pinturas y juegos retratan una muy peculiar cosmogonía que, con diferentes estilos y virtuosismos diversos, aquellos chicos despreocupados e irónicos llevaban con sus caballetes a acampadas veraniegas. Fuera de la Llotja, fuera de la capital catalana, trabajaban las telas sin renunciar a un academicismo que querían reformular.

Pero quién eran los Betepocs? Se trataba de un grupo de unos veintitrés jóvenes artistas que se formaban en la Llotja de Barcelona durante los años 40. Dentro de la vertiente academicista, entre ellos había artistas para todos los gustos, algunos de ellos excelentes pintores y escultores, con muchísimo bagaje técnico. No sólo los unía el espíritu del arte sino que sobre todo eran amigos y significaron una de las primeras reanudaciones de la cultura y el arte después del conflicto fratricida en un “panorama cultural desolador, fruto del miedo, la represión y la precariedad de un país devastado económica y moralmente”.

Cuando durante el curso 43-44 Emili Colom invita a cenar a sus compañeros para celebrar que acaba de tener un encargo, comienza la aventura. De mano de Josep M. Garrut, que será el alma del grupo, surge la idea de hacer exposiciones antes de comenzar el curso para presentar los dibujos hechos en verano sin la presión de la institución ni de los profesores. Traerían trabajos genuinos hechos por cada cual durante las vacaciones. Y como una cosa traer a otra, acabaron montando Campamentos Pictóricos donde iban todos juntos.

Viladrau, Sant Julià de Vilatorta, Camprodón, Andorra, Ibiza, Tarragona, Tarazona y Cuenca, son pueblos que vieron sus calles llenas durante un par de semanas con sus caballetes. Su idea era la de llevar la cultura catalana a todas partes por lo que también ofrecían recitales de poesía, conferencias, conciertos… Casi siempre en catalán y para mostrar la cultura que se hacía en la tierra, en un momento sensible en el que no debía de ser fácil. Por este ir de lugar en lugar a plantar la tienda y la cultura, Eugeni d'Ors les dedicó un artículo titulado La cultura que pasa, de donde toma nombre la presente exposición.

Los Betepocs entre telas de tiendas i pinturas en una de las acampadas veraniegas

Los Betepocs entre telas de tiendas y pinturas en una de las acampadas veraniegas

Ya en 1957, se disuelve por la edad: aquellos jóvenes que ya no lo son tanto, tienen que ir al trabajo y atender la familia. Se disuelve como agrupación artística, pero como amigos la mayoría seguirán quedando a lo largo de la vida. De los Betepocs sabemos que no les tiraban mucho las vanguardias pero que consiguieron lo que querían, renovar y dar un aire fresco a la Llotja, renovarla, como también supieron difundir la pintura propia y catalana. Para ahondar algo más en estos artistas, el día 14 de mayo a las 18.30h habrá una mesa redonda con el crítico e historiador Àlex Mitriani, la directora del CONCA Sílvia Muñoz Imbert y el comisario de la muestra Bernat Puigdollers.

Hasta ahora a los Betepocs no se los conoce fuera de los círculos más ilustrados en arte. Y, según en Puigdollers, algunas razones son que al ser contemporáneos del Dau al Set, se vieron eclipsados puesto que Tàpies, Brossa y compañía sí que hicieron del arte una forma de vida y de negocio y han sido los favoritos de historiadores y críticos por su carácter descaradamente innovador. Por otra parte, hoy en día la posguerra es todavía un terreno por explorar que tiene una fuerte carga que según quién y cómo se prefiere no tocar. Como tampoco los ha ayudado el hecho que no eran rompedores ni novedosos y se asocia muy a menudo el arte figurativo de posguerra al Franquismo. Es por eso mismo que la exposición tiene valor, amplía nuestra forma de entender aquel periodo haciéndonos descubrir parte importante de la trama artística del momento.

Si alguien se pregunta de donde viene el nombre del grupo, hay que decir que influidos por el dadaísmo sus fundadores en una de sus tertulias habituales en el Café de la Rambla, el Oro del Rin o la Taberna Carolines escogió una letra al azar. Salió BTOX que con el tiempo y la pronunciación acabó siendo el que hoy nos hace conocer la exposición de Sant Andreu. Y para acabar, no nos queremos olvidar de los 23 artistas que participaron: Llorenç Alier, Oriol Balmes, Rafael Bataller, Ramon Bech, Tomàs Bel, Emili Colom, Joaquim Datsira, Jaume Escala, Albert Ferrer, Josep Maria Garrut, Josep Llenas, Josep Lloveras, Cándido Mateo Moral, Joan Montcada, Llucià Navarro, Manuel Ortega, Josep Maria Puig López, Joan Rebled, Francesc Riera i Serra, Rafael Rosés, Jesús Ruíz Manent, Ricard Sala i Albert Sangrà.

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