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Cristina Alonso: "Todavía necesitamos ser reconocidos en el extranjero para que nos hagan caso"

El festival Sâlmon celebra su cuarta edición hasta el 6 de diciembre como plataforma de difusión de la creación contemporánea que trabaja con el cuerpo pero sobre todo con artistas vinculados con la fábrica de creación El Graner

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Cristina Alonso es coordinadora artística del Graner / Roger March

Multitud, de Tamara Cubas, es uno de los espectáculos estrella del festival Sâlmon con cien bailarines y una coreografía que explorará cómo es posible conservar la heterogeneidad dentro de un colectivo y cómo se pueden trabajar las relaciones interpersonales a partir del deseo y la negociación. Destacan también las actuaciones de El Conde de Torrefiel, dos reinteretacions de espectáculos de Sonia Gómez o el nuevo montaje de danza de Roser López Espinosa. La mayoría de propuestas provienen del sur de Europa o de América Latina como Apnea del chileno Rodrigo Sobarzo; la catalana Raquel Tomás y la mexicana Olga Gutiérrez, el multidisciplinar Diente de oro, y la chilena Bárbara Pinto, con una exposición de fotos y vídeos. Sâlmon rompe las barreras de la danza como disciplina y como espacio clásico de representación. Este es un festival de autor que sencillamente describen como "movimiento y más". Conversamos con una de sus comisarias, Cristina Alonso.

¿De qué manera el presente de la danza está condicionado por su futuro?

El festival se ha caracterizado por establecer un diálogo continuado con el artista. Es lo que nos corresponde como institución de acompañamiento. En este diálogo planteamos preguntas e hipótesis. De cómo los artistas nos avanzamos en este imaginario futurible aunque sea muy inmediato. El eslogan del festival 'Que el futuro se haga presente' responde a ese futuro y al mismo proceso de creación. Pensando en el aquí y el ahora, como el ahora se hará presente compartido con el público de la manera más honesta. Las preguntas que nos hacemos que se conviertan en piezas escénicas.

¿Como observa la danza contemporánea a la sociedad?

En este momento es más importante el 'cómo' que el 'qué'. Por ejemplo, la propuesta de Tamara Cubas con Multitud incide en el concepto de masificación, nuestra opinión como ciudadanos, el papel del ente político. La dimensión, una coreografía con cien bailarines, que se podrá ver en la Sala Oval del Museo Nacional, plantea el rol qué adoptamos dentro de un colectivo y cómo nos relacionamos a partir de los impulsos.    

¿Qué papel desarrolla El Graner en la gestación de los montajes que acaban definiendo la programación del festival?  

No queríamos hacer el festival solos. Por eso hemos abierto las puertas y hemos tejido una red. Hay una frase que me gusta mucho que dice; 'Como nos dejamos afectar y como somos afectados'. Tenemos mucha relación con entidades de Barcelona y de fuera. Este es un festival que busca la interrelación, construimos espacios específicos donde el público pueda hacerse las mismas preguntas que los creadores se han hecho durante un año y que han acabado concretando el festival.

¿Por qué miráis con una atención muy especial a América Latina?

Europa, hegemónica durante muchos años, ha aprendido a no mirarse el ombligo. La crisis nos ha ayudado a todos. En un momento determinado América Latina con lo que hacía el resto del mundo. Las formas de trabajar son similares en todos los sitios. Las dependencias extremas no facilitan las relaciones. Es un buen momento para reencontrarnos y detectar cuáles son las necesidades en cada situación. Nos hemos acercado mucho a América Latina gracias a programas como el de Iberescena que facilita este flujo de artistas. No es un tema económico sino para buscar una manera diferente de hacer las cosas. Europa ha trabajado muy bien aspectos operativos y ejecutivos pero ha olvidado las maneras de hacer comunitarias. América Latina tiene un conocimiento y una teoría muy interesante.

¿De qué manera como espectadores somos cómplices de lo que proponen los artistas?

Cada lenguaje busca su significado. Lo más importante es cómo el mundo del arte genera preguntas que no somos capaces de plantear. Esto exactamente es lo que pido al Sâlmon. Que de alguna manera plantee preguntas que no somos capaces de hacernos.  

¿Cómo afectará la fuga de talento al mundo de la danza?

Es cierto que en estos momentos nos hacen más caso fuera que aquí. Todavía necesitamos ser reconocidos en el extranjero para que nos hagan caso. Este es un aspecto que cuesta y tiene que ver con nuestra tradición e historia. Ahora bien, nuestro tejido artístico tiene un nivel espectacular. Finalizamos el festival con un encuentro de programadores internacionales y el nivel de respuesta y de solicitudes es muy alto. Contar con treinta programadores internacionales nos dice muchas cosas. No es necesario que en el extranjero nos digan que tenemos talento.

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