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Chéjov en tejanos

Les Antonietes nos presentan en el Espai Lliure 'Vània', una obra marcada con el sello cercano, humano y actual de la compañía.

Empapados en vodka, los personajes cogen complicidad con el espectador para transmitirle las inquietudes del autor: amor, vida, aburrimiento...

Una representación divertida, ágil, dinámica y original de un clásico del teatro.

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Ielena i Vània en un assaig./David Tarrasón

Elena i Vania en un ensayo./David Tarrasón

Desde el principio vemos que el drama de Chéjov nos va a proporcionar, cuando menos, diversión. Ternura, pena, incomprensión, piedad... pero también diversión. El humor se convierte en la herramienta para transmitir valores tan nobles y tan tristes como la degradación de la vida, la mentira, la falta de ilusiones... La puesta en escena podría sorprender. Pero es una apuesta firme de las Antonietes, que empieza a ser una compañía demasiado conocida como para sorprendernos al ver un espacio (el Espai Lliure) escondido bajo plásticos, metáfora (tal vez) del inmovilismo, del aburrimiento, de la casa de una familia perdida (escondida) en la mediocridad. Como si nada, de debajo de estas sábanas de plástico irán surgiendo los personajes, los habitantes o invitados de la casa del tío Vania, dispuestos a despojarse de sus intimidades, de sus miedos, de sus (pocas) ilusiones delante (prácticamente, alrededor) del público.

La llegada del profesor Serebriakov (Arnau Puig) revoluciona la vida en casa de Vania (Pep Ambròs). Este descubrirá que su admirado intelectual, enfermo de gota, marido de la bella Yelena (Mireia Illamola), por quien tanto él como la hija, Sonia (Annabel Castan), han trabajado manteniendo la hacienda, no es más que un fracasado. El fracaso, de hecho, es lo que invade la casa. El aire fresco de los bosques podría entrar con Mijaíl (Bernat Quintana), el médico, un hombre apuesto, amante de la naturaleza y de los árboles que, sin embargo, en el fondo lo único que hará será avivar el fuego de la desesperación en la familia. Él, de hecho, enreda un nudo de amores (evidentemente, no correspondidos) a su alrededor, al de Yelena, al de su gran amigo Vania y al de la pobre Sonia y también cae en la anestesia del vodka como inútil antídoto de la desesperanza.

El drama es un clásico escrito hace más de cien años pero (y por eso decimos que es un clásico) mantiene toda su vigencia. El vodka lo empapa todo: personajes, sueños, el suelo del escenario... Es un protagonista más de un drama chejoviano narrado en vaqueros, con teléfonos móviles y alta fidelidad a toda pastilla sin perder los valores originales ni pervertir la intención del autor. Un Vània fiel.

Las salidas de escena, la complicidad requerida a los espectadores, el desdoblamiento del personaje de Teleguin y del profesor (ambos interpretados por Arnau Puig), con los guiños que esto provoca, son marca de la casa y ayudan a humanizar el drama junto con el texto, sabiamente adaptado por Oriol Tarrasón, y los personajes, perdedores todos, cada uno a su manera.

Yelena, con toda su belleza, ama a su marido "sin amor" y se siente totalmente "vacía y un personaje episódico" (¿puede haber un sentimiento más triste?). Y contagia el aburrimiento que la martiriza inconscientemente. Por ello entiende que un hombre con talento (como el médico) no puede ser un ejemplo de moderación. La desdichada Sonia, en cambio, "inteligente, generosa, pura, sufre porque "es terrible no ser bonita" e intenta alejar a su amado de los excesos de la bebida, sufriendo también por él.

El amor se convierte en un indicativo más de la desazón que lo cubre todo, como los mantos de plástico. El amor en la derrota. La mujer hermosa incapaz de amar con amor; del hombre hermoso incapaz de arrancar una declaración de amor latente; la mujer fea que suspira por un hombre hermoso, el hombre borracho que sabe que no conseguirá a la mujer de sus sueños aún teniendo que convivir con ella; el hombre enfermo que tiene a la mujer hermosa que no le corresponde... Personajes que cuando les preguntan si son felices responden con un no categórico, acompañado de una risa... Personajes que prefieren la incertidumbre a la verdad para mantener una esperanza eterna. ¿Cobardes? ¿Irresponsables? ¿Víctimas? La representación, como decíamos, tiene una visión muy contemporánea...

Vania bebe. Bebe para superar este panorama. Bebe vino de mañana, vodka en todo momento y pone música a tope de madrugada. Es triste, pero no encuentra otra solución para superar el drama y, quizás, conocer alguna alegría en la vida. "Bebo porque no me gusta la vida que tengo y así me invento una llena de ilusiones".

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