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"Despreciar la cultura y la educación nos llevará a un mundo de lobos"

El dramaturgo Esteve Soler está triunfando por toda Europa con su trilogía 'Contra el Progreso', 'Contra la democracia' y 'Contra el amor', escrita a partir del 2009 y traducida ya a nueve idiomas.

El autor catalán hace una crítica feroz, despiadada y con todo el humor de una sociedad que considera "cada vez más deshumanizada".

La Seca-Espai Brossa tiene en cartel 'Contra el amor' y el domingo todavía se puede asistir a una maratón bien provista de las tres obras.

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Esteve,Soler,reflecteix,societat,pervertida

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Esteve Soler (Barcelona, 1976) se ha hecho un nombre en el mundo del teatro catalán y universal. Su trilogía "de los contras" ( Contra el progreso, Contra la democracia y Contra el amor) se ha representado (y se sigue representando) en 10 idiomas en muchos países europeos. Se trata de un ataque frontal, feroz y cargado de argumentos a una sociedad que nos están haciendo aceptar como la única, la buena, la sana, la respetuosa... la democrática. Pero resulta que hay un montón de gente que lo ve de otra manera, todo esto. La sucesión de los acontecimientos desde que hacia el 2008 Soler empezó a escribir Contra el progreso no sólo han mantenido la vigencia de las obras sino que la han acentuado: "No estamos tan lejos de ese momento", dice Soler, "cosas que después hemos vivido estaban entonces en una fase germinal y han ido creciendo, se han ido sublimando ".

Uno de los mensajes de estas tres obras, concebidas como cuentos teatralizados, es la deshumanización del mundo: "En pocos años hemos ido perdiendo mucha humanidad. La idea primitiva era mostrar cómo palabras como progreso o democracia, en manos de políticos, pensadores o filósofos, es utilizada a menudo de una manera perniciosa". Los personajes de Contra el progreso, de hecho, tratan de darse cuenta de que el progreso económico no los hace más humanos, al contrario. Por lo tanto, la idea de mezclar el progreso humano con el progreso económico o financiero “es peligrosa porque nos engaña”.

Vivimos, pues, un engaño. El que nos quieren imponer desde el poder acicalándolo con las mejores galas. "Cada vez la democracia es menos real y está más secuestrada. Hemos llegado a tal extremo de infamia que ahora quien no se siente indignado es que no es humano". En cambio, nos quieren vender todo lo contrario: "En nombre de la democracia se destruyen continentes, se invaden países. Se les da una supuesta libertad pero a la hora de la verdad no es más que echarlos a un infierno, implantando un sistema económico feroz que en ningún caso podrán llegar nunca a gestionarse estos pueblos por sí solos. En nombre de la democracia se han cometido los peores horrores del siglo pasado ".

Un momento de la representación de 'Contra l'amor'.

Un momento de la representación de 'Contra l'amor'.


Quizás la palabra democracia sea la más pervertida del diccionario... "Una de ellas. Es una palabra que simboliza ‘el poder del pueblo', pero resulta que el pueblo, este poder, no lo tiene ni de broma y no hay ningún interés en que lo tenga. Por eso es una palabra totalmente travestida". Todo ello suena muy pesimista, pero este joven dramaturgo, inquieto observador y comunicador de la realidad, confía en ver la luz: "Sí, creo que algún día llegaremos a una democracia real. Si no somos optimistas perdemos la guerra".

Un enemigo invisible

"El obstáculo que nos impide verlo claro es un obstáculo invisible", dice Soler. Es la idea de la portada del libro en el que recoge los textos de la trilogía, En contra. 23 contes teatralitzats (Edicions 3 i 4), obra del artista suizo Stephan Bundi: un zapato pisa la nada, un fondo blanco. "El adversario ha convertido en un enemigo invisible, con mucho poder y que está pervirtiendo el lenguaje para que no se pueda decir nada en su contra".

Soler sostiene que están tergivesant peligrosamente la historia. El sistema educativo ha convertido en un arma cruel y cínica del poder. Uno de los cuentos de la obra nos lleva a una escuela, donde la maestra lee a los niños el cuento de Caperucita roja. Pero el cuento va cambiando una barbaridad... "La alteración de la educación puede llevar a que la siguiente generación se convierta en un lobo. En el futuro, los lobos nos devorarán. Es lo que estamos fomentando. Despreciar la cultura y la educación nos llevará a un mundo lleno de lobos. De momento nos dicen que la educación pública no es rentable... Ya veremos, yo veo que están gestando los lobos que devorarán la sociedad ".

Este ataque "tan deliberado contra la cultura ya la formación" pretende "que seamos absolutamente dúctiles y que simplemente nos convertimos en personas que son, básicamente, mano de obra baratisimo que siguen la opinión de quien tiene el poder". La cual nos puede llevar a ser una especie de infrapersones, de esclavos: "Hemos llegado al punto en que quien tiene un trabajo se siente una persona muy afortunada. Quieren que asumamos la esclavitud como una suerte. Es triste. Es muy triste ".

¿Cómo no darse cuenta de todo esto? "Hoy en día coges cualquier periódico y hay tal acumulación de barbaridades... El disparate se ha convertido en una rutina y en muchos casos la única alternativa que tenemos es desconectar. Es muy triste, porque significa que hemos perdido una batalla".

Humor, imprescindible

Si la tergiversación es el arma para mantenernos engañados, el arma para desengañar hacernos no es otra que el humor. "Para mí es una prioridad", sentencia Soler. "Si el espectador sale de mi obra tal como ha entrado, he perdido. Para mí lo importante es que el público haya cambiado interiormente. Y para ello, el humor es esencial. Siempre he querido jugar con un cóctel de géneros, un choque entre la comedia y el horror ". El autor recurre a escenas duras, terroríficas, pero reales, conocidos, crueles, palpables ("nada de vampiros o sandeces similares"): una enfermedad, un accidente, un niño muerto de hambre... "Esto crea el conflicto del que el espectador sólo se podrá distanciar a través del humor". El problema es que siempre podemos cambiar de canal, al contrario de lo que les pasa a los de la primera escena de Contra el progreso, que se quedan horrorizados con imágenes que les entran en casa.

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