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CATALUNYA

"Lo más importante de la dirección es intentar dar coherencia a lo que se hace, no la unanimidad"

"Somos instrumentos de política cultural, no virreinatos en los que todo el mundo hace lo que quiere, tenemos que estar coordinados en una visión pensada para el ciudadano", apunta Vicenç Villatoro, nuevo director del CCCB.

"La gente confía en la programación, el reto es no traicionar esta confianza y que la gente continúe viendo que aportas valor añadido", añade el también escritor catalán.

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El periodisa, escritor y político catalán Vicenç Villatoro ahora al frente del CCCB / David Ruiz

El periodisa, escritor y político catalán Vicenç Villatoro ahora al frente del CCCB / David Ruiz

Con la repentina marcha de Marçal Sintes el pasado noviembre, ha tomado las riendas de la dirección del Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB) Vicenç Villatoro que, si todo va bien, permanecerá como mínimo hasta las próximas elecciones municipales. El escritor, periodista y político catalán de las filas de CiU quiere hacer valer su bagaje humanístico que lo ha hecho ser director de cultura de TV3 y director general de la Corporación Catalana de Radio y Televisión, así como presidente del Instituto Ramon Llull. Coge el testigo con el mensaje de continuidad sin renunciar a dejar en el centro cierta impronta.

¿Qué dirías a la gente que piensa que con tu nombramiento puede haber una vinculación demasiado directa al partido?

Es normal que la gente que tiene inquietudes políticas, sociales, cívicas sea miembro de asociaciones, pueda ser militante de un partido o estar sindicada. Es lógico que una persona que dirige un centro dedicado al presente, sea una persona que tiene opiniones y posiciones sobre el presente, que las haga públicas y las lleve a formas de compromiso. Lo que me parecería inquietante, es que alguien no tuviera opiniones sobre nada y llegase aquí como si hubiera nacido ayer, me parecería una señal de escasa inquietud por lo que es público. Igual sería inquietante que alguien ejerciera desde la dirección una posición sectaria en la que sólo aparecen unas opiniones y se hace una determinada línea.

¿Al proponerte la dirección del CCCB, te condicionan de alguna manera?

No. Su criterio era hacer un contrato por un año con el argumento que como hay elecciones municipales no querían hipotecar la futura Diputación en caso de una composición diferente. Me pareció razonable.

¿Qué seguirá igual y que cambiarás?

Este centro es cambio permanentemente y es difícil establecer que es continuidad y qué es cambio. Incluso manteniendo un mismo director, habría cambios, porque cosas que se han hecho, no se volverán a hacer y se harían de nuevas. Ahora habrá una persona diferente, con un discurso y unas palabras diferentes que explicará las cosas de otra manera. Lo que yo puedo aportar es una experiencia personal en el mundo de la cultura y algunos temas de interés personal que pueden completar los que la casa ya tiene, como la relación Mediterráneo-Europa que es una visión más geocultural o continuar el interés –del que participo al 100%– por el mundo de la literatura. Es un centro sin colección, es abierto y cuando empieza un curso interpreta el presente de una manera diferente. Lo más importante de la dirección es intentar dar coherencia a lo que se hace, no unanimidad.

¿Hay coordinación con los otros equipamientos culturales de la ciudad?

Relaciones bilaterales hay con todo el mundo, pero tampoco creo que sea responsabilidad de cada centro articularse con los otros. Lo es en el sentido más práctico: no pisarse calendarios, no contraprogramarse... Si sobre un fenómeno cultural hay visiones diversas –una teatral, una plástica y una de pensamiento– estaría muy bien que el TNC, el MACBA y nosotros lo habláramos juntos. Aun así, lo que echo de menos está en un ámbito superior: un planteamiento global de los equipamientos. Si la política cultural quiere decir que al ciudadano le ofrecemos estas vías de acceso a la cultura, ¿qué papel hace cada cual? Esto no lo podemos establecer desde los propios equipamientos, es una cuestión de política cultural a la que los equipamientos nos debemos. Somos instrumentos de política cultural, no virreinatos en los que todo el mundo hace lo que quiere, tenemos que estar coordinados en una visión pensada para el ciudadano. Y el ciudadano tiene derecho a decir cual.

¿Qué retos encuentras a priori?

El reto principal es cumplir tu misión y no decepcionar la confianza del ciudadano. Creo que el CCCB tiene un capital extraordinario en aquello que produce, genera confianza en el ciudadano de que será una cosa interesante, con un nivel, con una lectura sorpresiva del presente. Esto hace que –echo flores a los de antes– que en una conferencia de un filósofo alemán que en otro lugar habría 30 personas, aquí hay 400. La gente confía en tu programación, el reto es no traicionar esta confianza y que la gente continúe viendo que aportas valor añadido.

Y habrá más cosas, el presente por definición cambia constantemente...

Quiere decir pensar nuevas maneras de hacer exposiciones. Un reto concreto y muy importante es que hace 20 años, un centro de cultura era un centro presencial y ahora es lo que pasa entre sus paredes y muchas cosas que no pasan pero que son el centro mismo: desde las exposiciones que van por el mundo, hasta las producciones que emiten la televisión, pasando por el papel en las redes. El centro tiene que ser un centro completo, un museo expandido. Es un reto universal, y como aquí no tienes colección, si no que es un lugar de intercambio, todavía es más imprescindible. Que la gente que pase, quede transformada, que tenga la sensación que entiende mejor el presente y que tiene herramientas para gobernarlo, que sus valores participen en la construcción de este presente.

Y a nivel de exposiciones, buscáis conexiones entre cosas aparentemente separadas.

Creo en esto en todos los ámbitos. Siempre he pensado que la literatura nace de la tensión entre lo que es diferente o contradictorio. Creo que el presente tiene territorios aparentemente contradictorios y uno de nuestros trabajos es crear puentes. Ahí hemos hecho una cosa interesante los últimos tiempos, poder juntar cultura científica y cultura humanística. Forma parte de nuestro trabajo conectar las dos cosas y, además, prevenir de los problemas éticos o políticos que provoca el cambio científico y tecnológico.

Ahora que hablabas del tema político, abrís una línea de discurso política al CCCB para hablar, informar y compartir conocimientos.

Como el término es un término que se ha convertido en sospechoso, no decimos político de lo que es político. Esta casa siempre ha tenido una línea de pensamiento sobre política, sobre cómo se gobierna la democracia. Lo que pasa es que me gustaría que esto fuera muy explícito.

Por ejemplo, ¿en que se materializará?

Lo haremos desde dos lugares. Uno es Tomar la palabra, donde personalidades de todo el mundo nos definirán a su manera los términos esenciales del debate político –soberanía, justicia, libertad, desigualdad, individuo, democracia–, no para ponernos de acuerdo, que no lo haremos, si no para recordar que el debate empieza con las palabras. Antes del debate sobre la independencia, hay un debate sobre qué quiere decir soberanía. Haremos el debate de las palabras, el de las campañas electorales se hará en otro lugar. El otro es Medellín-Barcelona. Pis(o) pilot(o) para hablar de vivienda, que es uno de los grandes temas de la calle. Hablemos desde todos los puntos de vista a sabiendas de que esto no es una batalla de partidos si no de política en el mejor sentido.

Con estas exposiciones y algunas como +Humanos hay una voluntad de captar público más joven.

Sí, pero no sólo! Esta casa por lo que es, por el que ha sido y por lo que hace, tiene elementos muy atractivos para un público que es muy difícil para la vida cultural, que es ese público que está entre los 15 y los 40. De todos modos, tenemos experiencias muy satisfactorias. El 70% de la gente que vino a ver Big Band Data era menor de 40 años. Ahora, si sólo te vienen los menores de 40 años... esto no es un centro cívico juvenil, este es un centro de interpretación del presente para el conjunto de la sociedad. Ahora, tienes la sensación que está mucho más dotado que otros para entrar en un segmento que, tradicionalmente, ha sido poco permeable, poco accesible. ¡Pero los queremos captar a todos, incluso a los niños!

Como la gente sabe, Villatoro, entre otras cosas es escritor. ¿Ahora podrás combinártelo?

Ayer presentábamos en Madrid la exposición Bolaño y Juan Insua decía que Bolaño era un escritor a tiempo completo. Yo creo que todos los escritores lo somos a tiempo completo, lo que pasa es que no siempre se tiene que tener una obra a medias: ser escritor es una manera de mirar el mundo. No dejo de serlo, pero probablemente tendré menos tiempo para escribir. De todos modos, si la propuesta de venir aquí me lo hubieran hecho sin haber acabado Un hombre que se va, no habría aceptado. En aquel momento, para mí, la prioridad vital era acabar el libro. Un tributo a mi abuelo y a mi padre, que es una de las fuentes pero también uno de los destinatarios del libro. No tenía un calendario eterno, se tenía que hacer y lo tenía que hacer ahora.

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