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El espíritu salvaje de Fuerteventura

Isla de Lobos

Fuerteventura es un paraíso para los amantes del sol y la playa. Kilómetros arenas doradas, aguas turquesas y un clima privilegiado hacen de esta isla, la segunda más extensa del archipiélago canario tras Tenerife, el lugar ideal para pasar unas vacaciones inolvidables o para desconectar unos días. A pesar de ser un destino turístico de primer orden, Fuerteventura no es una isla masificada y se pueden ver y visitar muchos lugares con relativa tranquilidad.

Un litoral prácticamente llano convierte a Fuerteventura en una inmensa e interminable retahíla de playas de arena blanca, muchas de las cuales gozan de condiciones de viento muy adecuadas para practicar el surf o el windsurf. Las de Corralejo, al norte, y de Jandía, al sur, son las más famosas.

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Venecia: el arte de convertir lo práctico en estético

Uno de los canales de Venecia.

La primera vez que vi una góndola en los canales de Venecia pensé en la Edad Media. Pensé en los primeros siglos de vida de ese tipo de embarcación, que se remonta a los años 1000, y me imaginé lo diferente que debía ser entonces montar en una de ellas. Toda untada de esa mezcla de brea –una substancia viscosa de color rojo oscuro-, pez, sebo y aceite de pescado, que se utilizaba para pintar las maderas y calafatearlas -cerrar las junturas para que no entrara el agua- y que le daba un color negruzco. Con una pequeña cabina para proteger al pasaje o la mercancía, que las hacía parecer un carruaje acuático. Y manejadas por hasta 12 remeros. 

Poco tenían que ver con el melodrama de decoración que son ahora, con esos asientos que parecen sacados de un salón kitsch, esa elegancia estructural y ese romanticismo que se les otorga. Parece que eso llegó en el s.XVI, cuando la burguesía veneciana empezó a utilizar la góndola como símbolo de su estatus social y las cargaba hasta los topes de decoración en un intento material de decir “y yo más”.

 

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Corfú, la belleza jónica

Puesta de sol en Peroulades.

Esta enorme isla, la mayor de las jónicas, situada a 75 km de la famosa bota de Italia y a casi tiro de piedra de Albania, no responde al prototipo. Corfú puede alardear de poseer algunas de las playas más espectaculares de toda Grecia y, como en muchas otras islas de este país, en su territorio también florecen los olivos (se han contabilizado hasta tres millones) y los cipreses. Pero ahí se acaban los parecidos. En Corfú apenas sí hay restos arqueológicos. Y, a diferencia de la aridez que caracteriza la mayoría de las islas griegas, el paisaje está cubierto de vegetación. Nada raro si se tiene en cuenta que esta parte del Mediterráneo cuenta con un régimen de lluvias superior al normal. Pero no hay que asustarse: en verano puede disfrutarse del sol las altas temperaturas. Y por el continuo chirriar de las cigarras.

Corfú remite a algunos de los personajes más conocidos de la mitología griega. Por ejemplo Poseidón, el rey del mar, de quien se dice que raptó a Córcira (hija del rey Asopo y una ninfa) y se la llevó a una isla desierta del mar Jónico, a la que bautizó con su nombre como regalo de nupcias. El nombre mutó con el tiempo hasta convertirse en la Kerkyra actual, tal y como se conoce a Corfú en griego. Juntos, tuvieron un hijo llamado Féax, héroe de los feacios, posteriores habitantes de la isla.

Precisamente, la isla de los feacios es mencionada por Homero en La Odisea como la isla que acogió a Ulises tras su regreso a la cercana Ítaca después de haber luchado en la guerra de Troya. Aún hoy diversos lugares pugnan en la isla por ser el punto donde Ulises desembarcó en su viaje. 

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Asturias: la luz tamizada de Garci

Playa de Aguilar.

En el prólogo de El abuelo, Benito Pérez Galdós deja claro que: “no tienen determinación geográfica el país ni el mar que lo baña. Todos los nombres de pueblos y lugares son imaginarios”. Sin embargo, cuando José Luis Garci pensó en cómo llevar esa novela a la gran pantalla, no dudó: “Yo he elegido Asturias porque siempre ha sido para mí un buen talismán. Pero además he venido buscando la luz de Asturias, que es una luz muy tamizada y tenue, que permite rodar una gama de colores suaves". Y, efectivamente, en la película Garci se deleita con esa luz que descubre unos acantilados soleados o sombríos –según el momento-, un mar con carácter, como el abuelo, y unos verdes frondosos, que hacen de Asturias por lo menos un lugar sentimental y, llevándolo un poco más allá, hasta mágico.

Igual por eso, allí se pueden ver escenas impresionantes, extremadamente sencillas pero de una belleza de obra de arte y con una emotividad tan intensa como una descarga de arma de fuego.

Al norte del norte hay un bar, algo destartalado. Está en el Cabo de Peñas, el punto más septentrional de Asturias. Desde allí, bebiendo un poco de sidra o comiendo y contemplando las vistas, es fácil ser feliz. En cualquier momento del día, esos acantilados, las rocas peladas, cubiertas a trozos de verde intenso, y el mar, muy abajo y amplísimo, te hace feliz.

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Las aguas turquesas y cristalinas de la Puglia

Playa Punta Prosciutto.

El tacón de la bota, la tierra sin lluvia –Apuvlia- o la zona menos montañosa de Italia. Todos esos nombres para designar a la Puglia, una zona increíble al sur de Italia, encajada entre los Apeninos, el Adriático y el mar Jónico, con unas playas y una comida espectaculares y decenas de pueblos en los que perderse y disfrutar de sus calles, de sus plazas, sus bares, sus helados, cafés, sol y sombras. Un lugar para recorrer, para coger un coche y dejarse llevar por la improvisación, parando en cualquiera de los 300km de costa.

La capital de la región es Bari y puede ser un buen punto de partida, aunque como punto de inicio, Bríndisi, un poco más al sur, también es buena opción. Desde allí en coche se tarda cerca de una hora en cruzar de la costa del Adriático a la del Jónico y llegar a la “Ciudad bonita” –del griego Kalé polis-, Gallipoli, en la provincia de Lecce. 

Gallipoli, en la costa del mar Jónico.

Gallipoli, en la costa del mar Jónico. ALICIA FÀBREGAS

 

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Zumaia, donde las rocas hablan

Prados verdes y acantilados en la costa de Zumaia.

El surf es el gran atractivo de la costa vasca -y con razón-, pero allí también se encuentran tesoros muy poco conocidos que merecen ser visitados. Concretamente en un rincón de Guipúzcoa, a menos de una hora en coche de San Sebastián. En un lugar rodeado de montañas verdes que descienden en acantilados hacia una bahía donde confluyen los ríos Urola y Narrondo: en Zumaia.

Desde finales del s.XIX este lugar ha atraído a centenares de paleontólogos, geólogos, antropólogos y muchos otros investigadores de todo el mundo, porque allí las rocas son capaces de contarnos la historia de los últimos 60 millones de años de la Tierra: los cambios en el clima, las especies, las catástrofes... Un libro abierto, escrito por la naturaleza y el tiempo, que el hombre puede leer cada vez con más precisión.

Ermita de San Telmo, en Zumaia.

Ermita de San Telmo, en Zumaia. ALICIA FÀBREGAS

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Málaga, la nueva capital del arte urbano

Grafiti en las calles del Soho de Málaga, parte del proyecto MAUS.

Paseando entre sexshops y puticlubs te encuentras muros de edificios enteros -hasta 38m de alto- pintados por grandes como Shepard Fairey, conocido artísticamente como Obey, que tiene también la famosa marca de ropa, D*Face, Roa y muchos más. Pero no es solo arte urbano, también hay exposiciones de fotos que cuelgan de los balcones, conciertos, artes escénicas a pie de calle, rutas gastronómicas, festivales de cine…Es el MAUS (Málaga Arte Urbano Soho).

Se podría decir que todo empezó con el Centro de Arte Contemporáneo (CAC). A veces hace falta crear ondas expansivas a partir de un diamante en bruto o soltar un antídoto en medio de zonas desoladas para que contagien a todo el entorno y que la hierba vuelva a crecer.

Ese fue el caso del CAC. Se apoderó del antiguo Mercado de Mayoristas, que en 1987 fue declarado Bien de Interés Cultural pero que necesitaba una remodelación a fondo. El edificio estaba en lo que era la periferia de la ciudad, al lado del puerto, en una zona abandonada y deteriorada, donde se concentraba la prostitución y el estraperlo. Y la hierba volvió a brotar. 

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La Costa de la Luz: el oro rojo y la batalla de Trafalgar

Calles de Vejer de la Frontera.

La flota española fondea en la bahía de Cádiz. Cuenta con a penas 15 navíos y la mayoría de los combatientes españoles acuden a luchar–muchos de ellos de manera forzosa- sabiendo que seguramente no cobrarán nada, porque hace meses que los fondos se han acabado. Estamos en octubre de 1805 y una de las batallas más tremendas de la historia del s.XIX está a punto de estallar frente a las costas de lo que entonces era el municipio de Vejer de la Frontera.

Al frente de los navíos españoles está el Teniente General Federico Gravina y Napoli, que conduce el buque insignia, el Príncipe de Asturias. Una bestia con 118 cañones y más de 1.000 hombres a bordo. Navega valiente junto a la Armada francesa de Napoleón hacia una muerte casi segura, pues los barcos ingleses son mucho más numerosos y sus tripulantes están más entrenados en el dominio de la guerra en el mar.

Es casi mediodía cuando el Almirante Horatio Nelson, el marino británico más célebre de la historia, al frente de la Royal Navy, envía por señal a sus buques el siguiente mensaje: “England expects that every man will do his duty” (Inglaterra espera que cada hombre cumpla con su deber). Y a partir de ese momento se empieza a abrir fuego.

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Praga, siempre rebelde

El puente Carlos, sobre el río Moldava.

“Josef Gabcik, echado sobre su estrecho jergón, escucha fuera el chirrido del tranvía que sube hasta Karlovo námestí, la plaza Carlos. Muy cerca de aquí, la calle Resslova, que baja hacia el río, ignora todavía la tragedia de la que muy pronto será escenario. Algunos jirones de luz se abren paso a través de los postigos cerrados del piso que esos días acoge y oculta al paracaidista”, escribe Laurent Binet en su genial HHhH.

Reinhard Heydrich se ganó a pulso el sobrenombre del “Carnicero de Praga”. Como Gobernador de Bohemia y Moravia –la actual República Checa- durante la Alemania nazi, jefe de la Gestapo y de las SS, demostró que su crueldad y su sed de sangre no tenían límites. Pero la dirección de su vida acabaría con un giro brusco, la resistencia checoslovaca le tenía algo preparado: la Operación Antropoide. Un paracaidista checo y otro eslovaco fueron los encargados de llevarla a cabo. La suya es una historia sobre los recovecos de la Historia, sobre las personas, sobre actos heroicos y sobre Praga. Un relato que Laurent Binet hace brillar con su HHhH, impresionantemente bien escrito y bien documentado. Un libro que te hace cambiar la manera de pisar las calles de la capital de la República Checa, historia viva.

Praga ha sido capital de muchos territorios. En la Edad Media lo fue del reino de Bohemia, después de Checoslovaquía y finalmente de la República Checa. Algo especial tiene que tener para acaparar tanto protagonismo. De hecho, es una de las 20 ciudades más visitadas del mundo. 

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Edimburgo, la hija intelectual de Escocia

Gaitero escocés a las puertas del Castillo de Edimburgo.

Cómo abre el apetito esa primera escena de Trainspotting, con Renton –Ewan McGregor- a la carrera por las calles de Edimburgo al ritmo de Lust for life de Iggy Pop y una espiral de afirmaciones de la voz en off con la adrenalina de la velocidad –brillante crítica social, concisa y directa, un buen puñetazo de apertura- que culminan con un “Escoge la vida. Pero, ¿por qué debería yo querer hacer algo así? Escojo no escoger la vida: escojo otra cosa. ¿Y las razones? No hay razones. ¿Quién necesita razones cuando tienes heroína?”. Y abre el apetito porque te entran unas ganas enormes de visitar Edimburgo y vivirlo en plenitud.

Esa decadencia que transpira la novela de Irvine Welsh llevada a la gran pantalla por Danny Boyle está muy alejada del Edimburgo actual y todavía más del Edimburgo que conoce el visitante que sólo está de paso. De hecho, el moribundo barrio de Leith, lleno de drogadictos, que retrata la película es ahora el lugar con la mayor concentración de restaurantes con estrellas Michelin en Escocia.

Para el viajero, la capital escocesa es bonita y amable, asequible a pie, histórica, con el carácter particular que tiene esa parte del Reino Unido que ha estado al borde de independizarse. Tal vez es eso lo que la hace tan acogedora y atractiva. O porque se asienta sobre colinas de magma solidificado, de volcanes que dejaron de estar activos hace unos 300 millones de años, o porque en ella nacieron, entre otros personajes históricos, David Hume o Adam Smith. 

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