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Entender Buenos Aires, un asunto pendiente

Plaza San Martín, Buenos Aires / Wally Gobetz

Aún no he entendido Buenos Aires. La he amado, pero no entendido. Amar permite vivir intensamente algunas cosas, no siempre entenderlas. Tal vez habría sido preciso algo más de estabilidad. Las subidas de azúcar sentimentales disfrutan de mayor crédito que su decantación, los efluvios de más poesía que la calma, las exhalaciones más que las inhalaciones. El amor ha sido muchas veces una pasión arrolladora más que una arquitectura.

La calle Florida

Durante largos años, la calle Florida fue el eje del centro de Buenos Aires, una de las primeras reservadas a los peatones, sin la irrupción circulatoria de las grandes avenidas. Ahora sucumbe en gran parte al comercio de baratillo y a la caza del forastero.

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Túnez, el Magreb más familiar

Cartago

Siempre fue el país más estable de la otra orilla del Mediterráneo , se decía que el más occidentalizado, y seguramente por eso ha sido el primero en completar la transición democrática que comenzó hace exactamente cuatro años en forma de estallido revolucionario, con el derrocamiento del dictador de cuello blanco Ben Ali. Hace sólo unos días Túnez ha vivido la celebración de las primeras elecciones presidenciales democráticas de un país del Magreb , después de que en enero una asamblea constituyente también salida de las urnas aprobara una nueva constitución. La llamada primavera árabe levantó muchas expectativas, pero sólo Túnez ha llegado tan lejos y tan rápido. Y sin sangre. Es un momento excelente para viajar a este país y darse cuenta de hasta qué punto está fundamentado aquel viejo temor que siempre ha planeado sobre el sector turístico español : el día que el Magreb se estabilice se habrá acabado el chollo.

Calma. Para eso aún faltan años. La percepción de inestabilidad aún manda en la región , a pesar de que un país como Túnez, que hace dos o tres décadas podía ser visto como un destino de aventuras , ahora sea sobre todo un destino familiar , si se quiere con un punto de exotismo cultural. A lo largo de todo su litoral, las infraestructuras hoteleras son impecables , gozan de nuestro mismo sol ( con algún grado más , es cierto), de nuestro mismo mar y más o menos de nuestra misma playa , los precios siguen siendo escandalosamente competitivos y se encuentra a un tiro de piedra de los grandes mercados emisores de turistas. ¡ Ay cuando lo sepan los alemanes ! O los rusos. Además , moverse por el país es relativamente fácil , ya sea en coche de alquiler, autocar , ferrocarril o mediante una red de minibuses llamados Lougages . Túnez se puede recorrer de norte a sur y de este a oeste en un par de semanas o menos , y lo que el viajero va encontrando es una sucesión de sorpresas fascinantes.

Soc de Kairouan

Zoco de Kairouan

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Israel, un trozo de tierra prometida entre el desierto y el mar

La Cúpula de la Roca está situada en el centro del Monte del Templo / C. P.

En Israel cada piedra esconde una historia. Encrucijada de caminos y escenario de crueles guerras durante siglos, la prometida tierra bíblica sorprende al viajero por su extrema complejidad. Para disfrutar del país es necesario vaciar la mente de prejuicios y dejarse cautivar por su insólito paisaje mediterráneo y desértico, su cultura hecha de muchas culturas y su gente de procedencias diversas. Situado en una de las zonas más conflictivas del mundo, Israel deslumbra por la belleza de sus ruinas milenarias y maravilla por su capacidad de resistencia como pueblo y por el delicado equilibrio que mantiene entre modernidad y antigüedad.

Hablar de Israel es hablar, irremediablemente, de Jerusalén. Ciudad tres veces santa, venerada por millones de personas de todo el mundo y disputada durante siglos por judíos, cristianos y musulmanes, su visita es una dura prueba para el forastero porque el peso de la religión es abrumador. En la ciudad antigua, amurallada y rodeada de barrios residenciales que se extienden por el desierto hasta el horizonte, se mezclan la magia y la tragedia. La delicada convivencia entre las tres religiones monoteístas de occidente puede saltar por los aires en cualquier momento: basta mover una piedra para que salten chispas y se declare un incendio de impredecibles consecuencias.

La espiritualidad se respira en el ambiente y hay que dejarse llevar por ella a pesar de la presencia constante de militares con las ametralladoras al hombro. En un escenario relativamente pequeño los monumentos de visita obligada se amontonan y la paciencia es requisito indispensable para combatir el fanatismo religioso y la obsesión por la seguridad.

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Moscú, un sorprendente y gigantesco pulmón verde

El reconstruido Palacio Kolomna, la 'octava maravilla' en su tiempo, en el parque de Kolomenskoye / N. R.

Todo es enorme en Moscú. Son gigantes sus edificios; sus calles, infinitas; sus parques, inacabables. Y aunque nadie visite la capital rusa por sus zonas verdes, lo cierto es que éstas son, de por sí, motivo de visita.

"Yo que tú prescindiría de alguno de los lugares que reseñan todas las guías y me iría a pasear al Kolomenskoye o al Tsaritsyno; son una maravilla", me recomendó un rusófilo español que preparaba en Moscú las clases de filosofía que luego impartiría en una universidad de Madrid.

Le hice caso y tenía razón. Uno no debería abandonar la capital rusa sin haber pasado unas cuantas horas en el Kolomenskoye, uno de los fabulosos parques con los que cuenta la ciudad.

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Lisboa, decadentemente encantadora

El entramado de calles, edificios y tejados que componen Lisboa, desde el mirador del monte da Graça / N. R.

Sentados frente a un simple pero exquisito bacalhau da casa com batatas en O Eurico, el señor Eurico nos cuenta la historia de su pequeña taberna. Cómo llegó allí con 13 años; cómo se marchó luego a trabajar de marinero un par de años; cómo retornó al local como patrón en 1969 y cómo ahora, con casi 70 primaveras, se sigue haciendo cargo del chiringo que se extendió por la desaparecida mercería que habitaba al lado.

Pese a ello y a hallarse a tan sólo una cuesta de distancia de las faldas del Castelo de São Jorge, uno de los mayores emblemas turísticos de la bella Lisboa, O Eurico sigue siendo un local chiquito y muy de barrio.

"Hace ya más de 20 años que llegó el primer guía que pisó este local y era de Dinamarca", me dice, orgulloso, el señor Eurico, pantalón de tergal verde botella, jersey gris de lana final, camisa azul y delantal rojo.

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Viena, en tres fotogramas

El Palacio de Schönbrunn

Si por algo destaca Viena es por su carácter imperial. Grandes palacios, grandes parques, grandes estatuas, grandes avenidas, y todo muy barroco. No hay lugar en el mundo más barroco que Viena. Y tampoco hay manera más rápida de viajar en el tiempo hasta principios del XIX, cuando las dinastías absolutistas europeas hacían piña para intentar aplastar las ansias de libertad, igualdad y fraternidad surgidas de la revolución francesa. Precisamente del Congreso de Viena (1815) hará dos siglos el próximo año. Se supone que de alguna manera se recordará la efeméride, por mucho fuera un intento inútil de congelar la historia.

Para el absolutismo de antiguo régimen de aquel gran imperio (que abarcaba una parte de lo que hoy es Alemania, Polonia y los Balcanes, además de toda Austria, Hungría y la antigua Checoslovaquia), la derrota napoleónica y el reparto de Europa entre las potencias vencedoras le concedió una prórroga de un siglo. Justo hasta la primera guerra mundial. Es aquí donde emerge la figura del emperador Francisco José y su esposa, Elisabeth de Baviera, más conocida como Sissí, que dio pie a una trilogía mítica del cine romántico de los años cincuenta: Sissí (1955), Sissí Emperatriz (1956) y El destino de Sissí (1957), las tres con la actriz Romy Schneider en el papel de la princesa del pueblo, empeñada en romper las rígidas reglas y tradiciones de la Casa de los Habsburgo. Hoy puede parecer un empalagoso cuento de hadas (que lo es), pero hay toda una generación que creció con la musa de Sissí, como hay otras que lo han hecho con Heidi o con Hanna Montana.

En el Palacio de Invierno de Hofburg (que dicen que detestaba) es donde se encuentra el museo de Sissí. Una parada imprescindible para nostálgicos y fetichistas, ya que allí se pueden ver sus vestidos, joyas, muebles y vajilla originales. Y es allí donde se glosan las anécdotas (fabulada o reales) sobre su incomprendida lucha contra el sopor de la Corte o su obsesión por mantenerse joven y hermosa. Sissí fue asesinada en 1898 por un anarquista italiano, y contra su voluntad fue enterrada en la cripta imperial, situada bajo la iglesia de los Capuchinos y también visitable. Ahí yacen los cuerpos de 146 nobles, entre los cuales 12 emperadores y 19 emperatrices.

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Corfú, un 'odiseico' periplo por la diversidad natural griega

La antigua Fortaleza Veneciana de Corfú es una isla artificial dentro de la isla.

Por mar, como Ulises en su ‘odiseico’ periplo, llegamos a Corfú, ansiosos de peripecias. Sabemos que en el puerto no nos espera Nausícaa. Y que de los feacios quedan apenas algunos rastros. Pero la más norteña de las Islas Jónicas sigue siendo un fantástico lugar para dejar volar la imaginación y pensar, por ejemplo, que esos marineritos vestidos de blanco y azul que pululan por la zona más agitada del viejo puerto capitalino tampoco difieren tanto de los hombres que navegaban a las órdenes de Alcínoo, cuando el heroico padre de Nausícaa reinaba en la isla.

Sirven al imperio que hoy día rige el mundo y disfrutan de un bastante plácido periodo de formación en una de las islas griegas más diversas. Sorprende que ellos, los hollywoodienses marines, sean una de las primeras imágenes que uno observa al arribar al lugar. No hablan una palabra de griego. Y se mezclan con autóctonos y turistas a su manera: música, alcohol y sexo.

Superada esa primera impresión, no demasiado atrayente, y franqueada la primera línea costera, Corfú ofrece historias y lugares homéricos. Basta con dar unos cuantos pasos para plantarse en la mayor ciudad medieval griega: la capital de la isla, que lleva su mismo nombre.

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Cantabria: castellana vieja de rotunda piedra

Claustro de la colegiata románica de Santillana del Mar / C. P.

Encajonada entre dos territorios históricos con una lengua propia y una fuerte personalidad, Cantabria es la prolongación de Castilla hacia el norte. Así me la definió un amigo cántabro cuando le conté mi intención de visitar su tierra. Nunca antes había visto tantos cinturones, cuellos de jerséis y correas de reloj con la bandera española como vi durante el viaje. Quizás, el hecho de estar entre Asturias y Euskadi haya obligado a Cantabria a mostrar su españolidad de forma tan exagerada.

Sólo en los extremos se suaviza y se muestra más permeable a las influencias de sus irreductibles y orgullosos vecinos. Castro-Urdiales se ha convertido en una ciudad dormitorio para los bilbaínos que han buscado vivienda a precios más económicos, mientras que en el otro extremo, en San Vicente de la Barquera, los lugareños hablan ya un castellano con un marcado acento asturiano que hace las delicias del forastero. Entre una punta y otra, hay un mundo lleno de playas paradisíacas y mar bravo con buena pesca, de verdes prados donde pastan las vacas y crecen las begonias. El aire fresco corta la respiración en los escarpados Picos de Europa y el cielo casi duele de tanto azul.

Cantabria es rica y señorial, construida de piedra rotunda. Se ve en los bellos edificios que salpican pueblos costeros como Comillas y en pueblos del interior como Santillana del Mar, Bárcena Mayor, Carmona o Potes; se ve en las calles y en los elegantes paseos marítimos de la regia Santander o de Santoña, cuna de Luis Carrero Blanco, mano derecha del dictador Franco a quien la localidad honra con un monumento. Cantabria es también marinera en San Vicente de la Barquera, campesina y ganadera en el Alto Campoo y el Valle del Cabuérniga, y minera e industrial en Reinosa y Torrelavega. Sin embargo, es inevitable que al final se imponga un cierto olor a rancio abolengo de castellano viejo y con dinero.

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Oviedo, un viaje en el tiempo entre La Regenta y Woody Allen

La iglesia de Santa María del Naranco, en Oviedo / C. P.

Oviedo es una ciudad sorprendente. Situada en el centro geográfico del Principado de Asturias y paso obligado del Camino de Santiago, el antiguo bastión del reino astur de Ramiro y de Pelayo desconcierta al viajero porque, bajo la pátina de provincianismo y reminiscencias franquistas en calles y monumentos, se esconde un espíritu levantisco y rebelde que hechiza con su sidra, sus pucheros de fabes y sus quesos, su rica mitología pagana y su cultura cosmopolita.

A partir de un casco viejo peatonal presidido por la majestuosa Catedral y lleno de palacios señoriales y de calles empedradas, la capital asturiana se extiende por un amplio valle y se encarama a los montes más cercanos hasta besar los pies de las iglesias pre-románicas de Santa María del Naranco y San Miguel de Lillo, vestigios de un esplendoroso pasado de guerras contra los árabes y únicas en el mundo por su estilo arquitectónico entre el arte visigótico y el románico.

En Oviedo todo es verdor y todo rezuma humedad. La lluvia acompaña casi siempre, incluso en verano, y en cada rincón de la ciudad las fuentes ofrecen agua clara y fresca al caminante. Con este paisaje montañoso cuesta imaginar que a unos pocos quilómetros hacia el norte el Mar Cantábrico nos espera en sorprendentes playas como la de Gulpiyuri y en pueblos como Cudillero, cuna del plato de pobres a base de pescado seco conocido como curadillo, y Llastres, escenario de la exitosa serie televisiva Doctor Mateo.

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La tapa antigua de Olvera

Vista panorámica del pueblo de Olvera, en la sierra blanca de Cádiz / M. N.

La costa atlántica de Cádiz es, casi, un paraíso en una península cuyo perímetro aparece manchado en todo su recorrido de edificios, paseos marítimos, miradores, chalecitos, 'chaletazos', algarrobicos, rascacielos… A pesar de que muchos piensan que, por fin, el turismo ha encontrado su manera de colonizar la arena de las dunas de Bolonia, de El Palmar o de los Caños de Meca con el rollo chill out, el surf y los gintónics ante enamoradizas puestas de sol, lo cierto es que Conil sigue siendo Conil, como una mancha de nieve en el campo con sus casas encaladas. No es Lloret, no es Benidorm, no es Salou. No. Conil mantiene su ambiente, su duende, su aroma pescador.

Y, encima, esta zona costera tiene un atractivo lejano y, para la mayoría, más desconocido. A pocos kilómetros empieza la sierra. Y unos cuantos más al norte, entramos en los pueblo blancos. Territorio de cochinos y de cabras payoyas. La sierra de Grazalema, el punto donde más llueve al cabo del año en España –sí, ahí abajo, donde tantos creen que solo hay sequía y caló–: "Ahora, ya hasta mayo vamo’ a tené lluvia por aquí", nos advierte, en pleno mes de octubre, el gasolinero de Grazalema, impasible ante las gotas que mojan su cara. Se intuye un no-sé-qué de orgullo en su predicción.

Cualquier parada en la ruta de los pueblos blancos está sobradamente recomendada. Una posibilidad es guiarse por el estómago, un más que fiable programador turístico. Por eso buceamos en la web www.cosasdecome.es, revista gastronómica de la provincia de Cádiz, (pronúnciese con acento en la e: cosasdecomé) y decidimos parar en Olvera.

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