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Puesta del sol en París

La capital francesa vive temperaturas veraniegas desde hace dos meses, pero sigue teniendo el encanto de siempre

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Imatge del Canal Saint Martin

Imatge del Canal Saint Martin

París acogió la última cumbre mundial para contener el cambio climático, un fenómeno que a pesar de las reuniones y las grandes declaraciones de los líderes mundiales avanza imparable. Uno de los efectos del cambio climático, tanto en casa como en la capital francesa, es que la primavera se acorta y el verano y las altas temperaturas se alargan. París vive temperaturas veraniegas desde hace dos meses, pero sigue teniendo el encanto de siempre. Además, hay recetas fait à Paris para mitigar el bochorno. Aquí van algunas.

A partir de media tarde, el canal Saint Martin se convierte en un punto de encuentro donde todavía se oye mayoritariamente hablar francés. Está un poco alejado del centro turístico pero bien comunicado con el metro. Vale la pena pasar una tarde.

Grupos de gente, muchos jóvenes pero también familias, se sientan en la orilla del canal y empiezan a desplegar un arsenal de saber hacer gastronómico. No hay que ir a buscar a ninguna tienda de delicatessens: la variedad de aperitivos y comida preparada que se puede encontrar en cualquier supermercado a buen precio es sensacional.

Todo ello, acompañado con cerveza o con una botella de vino –en el canal Saint Martin no impera la ordenanza del civismo barcelonesa– convierte la zona en un lugar ideal para pasar la tarde y la hora de la cena antes de hacer camino hacia el Oberkrampf, el barrio de la noche parisina. Si se quiere sentarse alrededor de una mesa –lo que saldrá un poco más cara de precio– son recomendables el Ten Bells o Le Verre volé.

Una vez cenados, se puede bajar a pie hasta la Oberkrampf, donde, para huir de los precios prohibitivos de determinados locales, se pueden buscar las happy hours de bares y restaurantes, con todo a mitad de precio hasta la medianoche. Y en el Café Populaire la pinta de cerveza cuesta –increíble pero cierto– 3,5 euros durante toda la noche.

Para pasar la noche al aire libre pero más cerca del centro, el Ayuntamiento de París ha habilitado desde hace años espacios a la orilla del río Senna donde, a diferencia del canal Saint Martin, hay césped y bares con hamacas y música en directo donde apalancarse. Aunque aquí sí hay más turistas que autóctonos, también vale la pena.

Pero para refrescarse no siempre es necesario estar al aire libre. El extenso catálogo cultural del que dispone la capital francesa permite escoger al gusto del consumidor. Hace mucho por las fechas veraniegas una exposición en el edificio de la Philarmonie titulada Jamaica, donde, Bob Marley en parte, se exploran todos los pormenores del reggae a través de fotografías, arte visual, audios y vídeos.

Y en el Pompidou –que recientemente ha renovado su colección– también se puede ver una muestra dedicada al fotógrafo norteamericano Walker Evans. La exhibición cuenta con unas 300 fotografías y 100 documentos que son el equivalente fotográfico en la memorable película Las Uvas de la Ira: un retrato de la Gran Depresión de EEUU de los años 30, además de proyectos publicados en la revista Fortune en los años 40 y 50.

Y en cuanto a la escultura, con ocasión del centenario de la muerte del escultor Rodin, el museo que lleva su nombre acoge una exhibición celebra su obra y su carrera. Se presentan no sólo obras de este precursor de la escultura moderna, sino también de otros artistas que se han visto influenciados por él. En total, la exhibición se compone de más de 200 obras.

Vueling dispone de 12 vuelos diarios entre Barcelona y París.

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