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Referéndum, república y movimiento feminista

El debate territorial que ha ocupado de manera destacada la agenda política catalana de los últimos años ha sido en buena medida ciego al género, aunque presenta diferentes implicaciones para las mujeres y para la igualdad. Los partidos y las instituciones no han prestado atención a tales implicaciones y el movimiento feminista tampoco se ha movilizado suficientemente para incorporar la perspectiva de género en este debate público. Vaya por delante que, como el conjunto de la ciudadanía, las feministas y las asociaciones de mujeres somos diversas, no habiendo unanimidad sobre el alcance y la forma de hacer efectivo el derecho a decidir o a la autodeterminación ni tampoco sobre la preferencia por un determinado modelo territorial. Esto no quita que no tengamos que plantearnos las siguientes preguntas: ¿Dónde está el movimiento feminista en este debate? ¿Qué está en juego para las mujeres? 

El feminismo siempre ha planteado la necesidad de repensar la comunidad política y lograr la emancipación individual y colectiva. La comunidad política actual nos ha venido dada y un referéndum nos permitiría definirla, teniendo evidentemente la posibilidad de escoger el status quo o una nueva realidad política. Se trata simplemente de una práctica de libertad, al margen de la dirección del voto en un referéndum. En este sentido, hay que distinguir, siguiendo Hannah Arendt (Sobre la revolución, 1963), entre 'contrato social' y 'contrato mutuo'. El primero hace referencia al contrato que la sociedad suscribe con sus gobernantes mientras que el segundo se basa en la reciprocidad entre los individuos que se vinculan para formar una comunidad política.

Como nos dice Fina Birulés (2008), es el último tipo de contrato lo que nos permite pensar un 'mundo en común'. El referéndum se puede entender, pues, como una práctica de libertad política, una oportunidad sin precedentes para definir cómo queremos vivir en el territorio de Catalunya y cómo nos relacionamos con el resto de pueblos de España, de Europa y del mundo. Las feministas sabemos que la libertad nunca se otorga sino que se gana, empleando cuando hay la desobediencia, que es parte del ADN del feminismo (sufragistas, Rosa Parks, etc.). Por que la libertad escapa de los márgenes de los dictados de un estado (sea cual sea este estado), los argumentos legalistas contrarios a la celebración de un referéndum en el que se pueda o bien confirmar o repensar la comunidad política no pueden encontrar cobertura desde el feminismo.

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Sobre el tiempo invisible de las mujeres

El trabajo exploratorio encargado por Barcelona Activa: ¿Bebés en el aula? ha permitido recoger, analizar y ahora trasladar algunas reflexiones a Dones en Xarxa

Mujeres -y hombres- entre los "veinti muchos" y los "treinta y pico". En la curva ascendente de la población económicamente activa. Un dilema vital: Tener o no tener descendencia. Decidir no tenerla, legítimo. Decidir no tener por miedo a no poder ni saber cómo mantenerla, tal vez es una problemática relevante. No debería dejar indiferente a los organismos competentes.

Señala el director del Centro de Estudios Demográficos en el artículo " No vull. No Toca. Amb qui? Massa Tard. " El descenso de la natalidad desde 1975 ha sido vertiginosa. Tres, cuatro hijos/as era "lo normal". Un/a hijo/a coma treinta y pico es la media actual. La inestabilidad laboral es uno de los orígenes " Ahora bien, como en tantos aspectos que sucumben en el terreno de lo" doméstico "; faltan datos; estudios que las reclamen para trasladarlas a informaciones que corroboren o refuten hipótesis. Lo que no se visualiza, no se hace visible, no existe. Permanece en el limbo.

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La despenalización de la violencia de género en Rusia

Hay demasiados países en el mundo en los que se considera que la violencia de género, en sus diferentes manifestaciones, es algo que hay que arreglar dentro de las paredes del “hogar”. Y en demasiados pocos países se adopta un lenguaje específico de género en sus leyes contra la violencia doméstica. O se adoptan leyes específicas contra la violencia de género.

En América Latina, por ejemplo, la legislación específica de varios países, reconoce la violencia contra la mujer como una forma de discriminación basada en el género y prevé atender a las víctimas. En la India, existe una Ley de Protección de la Mujer frente a la violencia doméstica. Y en determinados países de Oriente Medio -que sin mencionarlos, seguro nos vienen a la mente- no tienen leyes específicas para afrontar el problema ni de la violencia de género, ni de la violencia doméstica.  

En cualquier caso, la ONU en 2008 creó un modelo marco que instaba a los Estados a adoptar una definición amplia de violencia doméstica, compatible con las normas internacionales y mucho antes, instó a los estados a adoptar una legislación amplia encaminada a prevenir corregir y castigar todas las formas de violencia contra las mujeres y niñas.

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Adolescencia y feminismo: entendiendo sus códigos

Hace unos días descubrí a una youtuber: Psicowoman. Una mujer que se dirige en sus vídeos a chicas adolescentes y mujeres jóvenes bajo un paradigma feminista. Habla de sexo, de empoderamiento personal, de relaciones de pareja, etc.

Tengo una hija adolescente que, como la mayoría, está fascinada por el universo youtuber y probé suerte: le mostré esta web y empezó a mirar los vídeos uno tras otro, interesadísima en los contenidos. Me hizo pensar.

Tenemos un reto por delante: Conseguir acercar y traducir los feminismos a las nuevas generaciones de mujeres (y de hombres) mediante nuevos códigos y entendiendo nuevos valores. No hablo solamente de una minoría de chicas, las más comprometidas, aquellas que son o serán capaces de leer a Beauvoir o a Judith Butler; hablo de contribuir a una ola de transformación social en pro de la igualdad a través de lo cotidiano. Cada chica adolescente que conozca y reivindique sus derechos, sus placeres, sus libertades, es una pequeña revolución. Para ello, como para cualquier acción educativa, hay que abrir la mente, dejar de pensar en cómo deberían ser las y los jóvenes y observar cómo son: qué esperan, qué necesitan, con qué sueñan, qué universo habitan.

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Guerras y mujeres

Extraordinario el libro de Svetlana Alexiévitch. Detrás del título "La guerra no tiene rostro de Mujer", la premio Nobel realiza un trabajo inédito en el terreno de la dolorosa relación entre las mujeres y la guerra.

La guerra, mejor dicho, las guerras han sido una constante en la Historia desde el comienzo de los tiempos conocidos. Tan constantes que parecen cumplir un destino ineluctable y que en su formulación teórica (y mas conservadora) viene a decir: Como el hombre es un lobo para el hombre, resulta natural que estallen brotes de violencia colectiva. De hecho, todos los esfuerzos civilizadores han tendido a sustituir las armas por la palabra, por la negociación, la diplomacia y la política .. La paz, sería pues el resultado de un esfuerzo de construcción voluntaria y voluntariosa. Por otro lado no es extraño que el discurso de la violencia inevitable haya sido tan dominante. En un tipo de cultura patriarcal basada en la competencia, el dominio y la permisividad en la expresión violenta, la guerra no solo es aceptada, sino a menudo "exaltada" en forma de relato heroico, de muestra de grandeza, de valentía y honor individual y colectivos. La Historia nos ha explicado poniendo mayúsculas en las grandes batallas y haciendo de las conquistas violentas la explicación de muchos avances. Poco se ha explicado las desgracias que conlleva, los grados de sufrimiento humano que causa, sus largas consecuencias en el vivir de las generaciones futuras. Salvo algunas obras bien conocidas de la Literatura (Tolstoi, Stendhal, Erika M Remarque y otros testigos menos conocidos pero punzantes), las grandes guerras, revestidas de oro y plata, son referentes constantes en la historia de los pueblos. Desde otro enfoque, con toda naturalidad, hay tratados de estrategia que estudian con detalle y frialdad las tácticas empleadas en esta o aquella batalla. En estos casos se trata, de estudios enfocados desde una óptica meramente técnica como si del funcionamiento de máquinas se tratara.

Y dentro de este panorama ... que dicen las mujeres? No han sido nunca inactivas. A menudo se han organizado "contra" la guerra o en favor de las víctimas. Ligas por la Paz, Mujeres de Negro ... Pero está por hacer la larga lista de acciones que han llevado a cabo y las pequeñas victorias que ellas- alejadas casi siempre- de los centros de poder donde se toman las decisiones - a pesar de todo, han alcanzado victorias, al mismo tiempo, ampliamente silenciadas como suele ocurrir en muchos aspectos de sus actividades, sobre todo, si son "diferentes" innovadoras. No "canónicas"

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¿A quién representa este Cardenal Arzobispo?

Merece Antonio Cañizares la denominación de Cardenal Arzobispo? Indica la pomposidad con la que reviste la Iglesia sus personajes que éstos puedan decir impunemente las más increíbles crueldades? Y claro, disfrazadas de oveja. La última la dejó ir a la Catedral de Valencia, como happy end de la procesión de Corpus Christi. No les parece escandaloso y preocupante que reclamara a los católicos desobediencia a las leyes basadas en "la ideología más insidiosa y destructora de la humanidad de toda la historia, que es la ideología de género"? Una ideología, nos dice, que tratan de imponernos unos supuestos poderes mundiales más o menos solapadamente con legislaciones inicuas, que "no hay que obedecer". En la incredulidad de lo que leía, me lo he imaginado blandiendo como una furia la cruz de la Santa Inquisición. Difundiendo por doquier el miedo al castigo divino. Pero seamos serios.

Antes habían pasado por su guadaña los gays y unos días después la "invasión de inmigrantes y refugiados" que llegan a Europa, un peligrosísimo "caballo de Troya" ... Sí, el Cardenal Arzobispo se refería a los hombres, mujeres y niños que mueren a mansalva en la lucha salvaje para sobrevivir a la vergonzosa masacre en sus países. Ahora les ha tocado recibir a las mujeres, aquellas que se apartan de la verdad "natural" otorgada por inspiración celestial. Aquellas que se quejan no se sabe muy bien de qué, si no fuera que este "qué" es, por poner tan sólo un ejemplo, que cada 18 segundos una mujer es agredida en el mundo. O bien que la pobreza tiene nombre de mujer. Me golpea en la cabeza la cruel violación colectiva de antes ayer de una chica de dieciséis años en un lugar del planeta que no quiero mencionar. Y no quiero mencionar el país porqué también, sin duda, esta violación habría podido perpetrarse en el nuestro.  Los órganos genitales destrozados y el desesperado deseo de morir.

Seguro que el Cardenal Arzobispo sabe qué significa el verbo "deshumanizar": desnudar a las personas de las características que las hacen humanas. Verlas como animales no racionales. En resumen, como los nazis con los judíos. Que tantas y tantas mujeres se conviertan humanizadas a los ojos de un mayoritario mundo masculino es una de las prioridades de la ideología de género. Ya basta de hacer proselitismo del odio, no le parece Cardenal Arzobispo Cañizares?

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Educar en la tribu: Perder poder individual, ganarlo en colectivo

Recientemente hemos podido leer y escuchar una fuerte polémica en los medios de comunicación causada por las palabras de la Diputada de la CUP Anna Gabriel sobre el modelo actual de familia y formas alternativas de entender la crianza. Siempre he pensado que cuando una cuestión −que nos toca a todos y todas de alguna manera− genera este nivel de polémica es porque atenta a los fundamentos de nuestro modelo social y a las diversas posiciones de poder que este modelo implica. Esto hace que resulte extremadamente interesante el análisis, especialmente, desde el punto de vista de los feminismos.

Más allá de las burlas frívolas expresadas por los medios de comunicación más conservadores a la propuesta de Anna Gabriel sugiere una transformación social profunda que sin duda contribuiría a desmontar diversas creencias tradicionales que nos limitan y encorsetan: los roles de género tradicionales en primera instancia, el sentimiento de propiedad hacia los propios hijos e hijas y la omnipotencia a la vez que inseguridad en la educación de los mismos. Las tres cuestiones confrontan al sistema patriarcal desafortunadamente todavía tan vigente. Por eso levanta ampollas .

La crianza colectiva de la cual habla Gabriel me la imagino como una estrategia potenciadora del equilibrio entre el trabajo productivo y reproductivo y su tradicional traslación a hombres y mujeres. Imagino un grupo de personas que participan y se comprometen a educar a niños y niñas de forma igualitaria, independientemente de si son hombres o mujeres. La corresponsabilización entre hombres y mujeres en las tareas de cuidado −sobre la cual intentamos incidir en las políticas públicas− sería logística y conceptualmente más factible y, se podría traducir en una corresponsabilización −y por lo tanto una mayor presencia de las mujeres− en el trabajo productivo y en los espacios de decisión en la misma proporción.  No sabemos si el planteamiento de la Diputada profundizaba en esta parte de la cuestión. No sabemos si pretendía ser trasgresora respecto a los roles de género en la crianza. En lo que ponía más énfasis es en la ruptura de la familia tradicional. Pero, desde mi punto de vista, no hay transformación social profunda si las mujeres no podemos ser miradas y tratadas como iguales en nuestro derecho a escoger las opciones de vida que queremos y esto incluye el estilo de crianza. Sin esencialismos de ningún tipo. Por lo tanto una crianza colectiva heteropatriarcal y que mantuviera a los hombres “colectivamente” en el espacio productivo y las mujeres “colectivamente” en el espacio reproductivo no sería transformadora. Serían nuevas formas para viejas ideas.

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Feminizar la política

En los últimos tiempos hemos escuchado a algunos líderes afirmar su intención de “feminizar la política”. Como el término no es muy claro, ha provocado algunos debates interesantes acerca de su significado y posibles consecuencias.

Algunas de las personas que lo proclaman parecen aludir a un aspecto cuantitativo: sencillamente a la necesidad de incorporar mujeres en los puestos de decisión política, es decir, alcanzar la paridad. Sería, ciertamente una medida de justicia, en estos momentos no vigente, y, desde esa perspectiva, el término “feminizar” sería correcto y no habría más que decir.

Sin embargo, la cuestión se enreda cuando “feminizar” se refiere a algo cualitativo, en concreto a las supuestas cualidades de la feminidad en nuestra sociedad. En este segundo caso, a continuación del verbo habría que exponer una serie de argumentos descriptivos sobre qué entiende el hablante por “feminizar”, ya que no existe, ni mucho menos, consenso.

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Paternidad, maternidad y percepciones relacionadas con el trabajo

Diversas investigaciones nos muestran que las madres que trabajan son penalizadas debido al conflicto que se percibe entre dos esquemas cognitivos que prevalecen en nuestra sociedad: la "madre ideal" y el "trabajador ideal" (Viladot y Steffens, en prensa). Las normas sociales prescriben que las madres (pero no los padres) actúen como cuidadoras principales de sus hijos y participen intensivamente en su crianza. Las expectativas sociales para las madres contradicen el esquema que define al trabajador ideal como alguien que da prioridad al trabajo sobre todos los demás compromisos. Como resultado, la gente asume que las madres trabajadoras están menos comprometidas y, por lo tanto, son menos eficientes en el trabajo.

Además de afectar a la carga de trabajo general de las mujeres y a las tareas contrapuestas que tienen que compaginar, la maternidad también afecta al modo en que las madres que trabajan fuera del hogar son vistas por los demás. Las madres parecen encarnar la esencia de la feminidad (Okimoto y Heilman, 2012). ¿Qué implica esto para las carreras de las mujeres (y para las carreras de los hombres) que tienen hijos?

 

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Día Internacional de las Mujeres: reivindicar para poder celebrar

Dicen que el día 8 de marzo se “celebra” el Día Internacional de las Mujeres.  La primera pregunta  sería qué es lo que exactamente hay que celebrar, suponiendo que haya que celebrar algo.  ¿Acaso se celebra la brecha salarial que hace que percibamos un 25% menos que los hombres? ¿O bien que ocupamos los contratos más precarios y con una menor protección social del conjunto de la sociedad? ¿Se celebra las dificultades que ponen la mayoría de empresas para poder conciliar la vida laboral y familiar en condiciones de dignidad? ¿O que cada vez aumentan más las situaciones de violencia contra las mujeres? Yo creo que no. Sin embargo, hay que preguntarse qué es lo que, en el día 8 de marzo, hace que coincidan tantos políticos –de tan diverso signo- que “felicitan” a las mujeres como si de un cumpleaños se tratase. Muchos de ellos adoptan esta posición condescendiente, pueril, desde la posición de prepotencia y superioridad que otorga el poder a quien lo detenta pero que, sin embargo, no tiene ninguna intención de cambiar las cosas. Y es que las cosas no se cambian con una simple felicitación. Perdone, ¿de qué me felicita usted? Revisemos la historia y actuemos para lograr la igualdad efectiva.

Hay varias respuestas históricas a la elección de este día como Día Internacional de la Mujer, una de las más extendidas es el asesinato en el lugar de trabajo llevado a cabo por el empleador de la fábrica Sirtwoot Cotton de Nueva York, como reacción criminal a la lucha sindical protagonizada por las aproximadamente 130 trabajadoras de su fábrica.  La mayoría eran mujeres pobres, inmigrantes y muchas de ellas enfermas por las nefastas condiciones de salubridad en las que desarrollaban su trabajo, por lo que se declararon en huelga con ocupación pacífica de los locales donde desarrollaban su prestación laboral. Su reivindicación era básicamente una jornada laboral digna, una mejora de las condiciones de seguridad y salud en el trabajo y la equiparación salarial con sus compañeros masculinos. El dueño de la empresa ordenó cerrar puertas y provocar un incendio para que las trabajadoras cesaran en sus reivindicaciones y volvieran al trabajo. La fábrica en llamas actuó como una inmensa ratonera, donde las trabajadoras murieron atrapadas. Los barrotes de las ventanas impidieron a las trabajadoras salir al exterior, muriendo calcinadas. Las telas en llamas desprendían un color lila, el color que hoy en día simboliza la lucha de las mujeres por la igualdad de oportunidades.

Estas trabajadoras, como tantas otras, visibles o invisibles, famosas o anónimas, nos han dejado un legado muy importante que hemos de continuar manteniendo vivo a través de la reivindicación. Porque, para celebrar, tenemos primero que reivindicar nuestros derechos. Empezando por la dignidad, la igualdad y la libertad de todas las mujeres. Ahórrense felicitaciones si no es para ayudarnos a conseguir los derechos que nos pertenecen como seres humanos. Muchas gracias.

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