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40 años después

De peligrosas sociales hemos pasado a poder sancionar conductas que discriminan o incitan al odio

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El 26 de junio de 1977 se llevó a cabo la primera manifestación de lesbianas, gays, y transexuales (lo que después se ha convertido en LGTBI) en España. Fue en Barcelona, en la rambla y la convocatoria la hizo una organización que se había creado pocos años antes, en pleno franquismo, el Frente de liberación Gay de Cataluña ( FAGC).

40 años después los avances son evidentes y los derechos de las personas LGTBI se han ido convirtiendo en reales. Desde la persecución que hacía la dictadura de las personas LGTBI, vía ley de peligrosidad social hasta la aprobación y desarrollo de la ley 11/2014 para garantizar los derechos de las personas LGTBI y contra la LGTBIfòbia han sido muchas las demandas y reivindicaciones, muchas las vidas marcadas y muchas las celebraciones. Cuarenta años después seguimos en la calle para seguir reclamando derechos reconocidos y que van siendo cada vez más reales.

La aprobación de una ley no conlleva cambios sociales inmediatos, pero creo que los cambios son evidentes. De peligrosas sociales hemos pasado a poder sancionar conductas que discriminan o incitan al odio. Tenemos ya algunos ejemplos, tanto en el ámbito privado (ya hay una sanción interpuesta) como en el público, dado que hay varios expedientes de denuncias en resolución. Un ejemplo de cambio social sería la protesta de los estudiantes a las palabras del profesor de instituto de Lleida que tildaban las personas homosexuales de antinaturales. Palabras más propias de otras épocas y que han encontrado la protesta del alumnado y la sociedad.

Seguimos saliendo a la calle para pedir los derechos que aún no podemos ejercer. De hecho, las mujeres lesbianas, los hombres gay, las mujeres y hombres transexuales, transgéneros, bisexuales e intersexuales tenemos reivindicaciones diferentes porque las situaciones son diferentes. Nos expresamos y reflexionamos comúnmente pero nos son necesarios espacios diferentes en los que podamos trabajar y concretar aspectos identitarios, reivindicativos a los que reclamamos respuesta.

Seguiremos saliendo a la calle y construyendo espacios propios porque no se trata de normalizar situaciones, sólo, sino de hacer posibles espacios de libertad que no nos clasifiquen y etiqueten según las normas sexistas, heterosexistas. Nuestro deseo rompe normas discriminatorias que seguiremos cambiando, luchando contra los prejuicios y los estereotipos.

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