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¿Una alternativa –de izquierdas- a la independencia?

Protesta de la PAH en Tenerife, en una imagen de archivo

Durante los años 80 Margaret Thatcher popularizó un eslogan político: "No hay alternativa". El TINA (por sus siglas en inglés, There is no alternative) se refería principalmente a la hegemonía del proyecto neoliberal -con mercado, capitalismo y globalización como tres principios nucleares del nuevo mundo que estaba por venir-. El tiempo ha confirmado, sin embargo, que sí había alternativa. Configurar esta alternativa, dotarla de contenido ideológico y formularla en clave de acción de gobierno es el gran reto para las izquierdas europeas; en grave crisis de identidad tras el naufragio de los partidos socialdemócratas, hegemónicos durante todo el siglo XX.

En este contexto de incertidumbre en el espectro político de la izquierda -y de una cierta renuncia ideológica-, en Catalunya ha cobrado fuerza la cuestión nacional. La sentencia del Constitucional fue un punto de inflexión en cuanto a la percepción del Estado en Catalunya, haciendo entrar en la agenda pública el derecho a decidir -sobre la independencia- del pueblo de Catalunya. Las izquierdas catalanas han manifestado, durante estos últimos años, opiniones diversas en relación a la independencia. Desde un apoyo mayoritario al derecho a decidirse que incluso asumido por el PSC años atrás-, la pluralidad ideológica de la izquierda en el ámbito nacional ha tensado relaciones y modificado el sistema de partidos del país. La difícil configuración del espacio político que representan los Comunes y Podemos, las escisiones en el PSC o las guerras internas en la CUP son dos ejemplos de cómo el debate sobre la independencia ha dificultado la articulación de una alternativa política amplia en clave social en Catalunya.

Las condiciones materiales sobre las que vive la mayoría de la población en Catalunya son precarias. Tal y como afirmaba el politólogo Guillermo Pujol, en su artículo "¿Qué está pasando en Catalunya?", Catalunya es más desigual que países como Polonia, Bélgica o Polonia. La crisis, además, ha golpeado con fuerza las clases populares, llegando a cuotas de desempleo nunca antes vistas en nuestro país. La izquierda política tiene la necesidad de articular un discurso y un programa político para dar respuesta a esta situación de desigualdad y pobreza -que se encuentra cercana a cronificarse.

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Catalunya: ¿agua o fuego?

Concentració Plaça Universitat / Independencia / 1Octubre / Referendum

Aunque algunos sectores de Madrid dicen estar convencidos de que el mal tiempo escampa y que gracias a las tablas de la ley incluso podremos ir a la playa el domingo, en Catalunya todo el mundo ve cómo se va acercando la amenazadora columna anunciando para el 1 de octubre un carajal de aúpa. Sin embargo, aún no está del todo claro si lo que se divisa es humo o nubarrones. Y la diferencia es enorme, como saben bien los payeses: si es fuego, quizá se pueda aún encauzar y controlar, con la ayuda de bomberos. Pero si es agua, no hay nada que hacer para salvar la cosecha.

La situación se ha tensado tanto con el referéndum del 1-O que ni siquiera los principales actores implicados saben ya con seguridad si lo que tendremos es un incendio o un temporal. Si el domingo centenares de miles de personas salen de sus casas con la intención de votar y el impresionante despliegue policial montado por el Gobierno del PP decide impedirlo, cualquier pequeño imprevisto puede desencadenar un espiral de caos que se sabe cómo empieza pero no cómo acaba. En estas circunstancias, sólo un milagro permitiría mantenerse en el guión previsto por los líderes de los bloques enfrentados.

Si lo que viene es fuego, siempre se podrá acabar llamando a los bomberos, aunque ya no está claro con qué dispositivo de emergencias. En el estado actual, pueden surgir aún   candidatos a bomberos tanto por la izquierda como por la derecha, aunque sin garantías reales para controlar el fuego rápidamente y hasta con riesgo de extenderlo incluso más o de que se cuelen pirómanos aprovechando el caos.

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Micromachismos

Campaña en contra de las agresiones sexuales

A finales de julio o primeros de agosto de 2016 tuvimos noticia de que cinco hombres, autodenominados “La mandada” y con un grupo de whatsapp donde enunciaban las barbaridades que pensaban perpetrar contra las mujeres en las fiestas de San Fermín, fueron detenidos, acusados de haber violado los cinco a una chica de diecinueve años. Esto no es un micromachismo, obviamente. Esto es violencia de género y además un delito.

Ahora, el abogado de la mandada dice que no hubo violación, sino que fue sexo consentido, a pesar del testimonio contrario de la chica, a pesar de los vídeos que grabaron ellos mismos, a pesar de los fármacos hipnóticos muy potentes usados en las violaciones que les encontraron encima, a pesar de los comentarios que habían dejado ellos mismos en las redes, a pesar del estado de shock en que unos testigos encontraron la chica, a pesar de las lesiones en la zona vaginal que le diagnosticaron en el hospital... En cualquier caso, el abogado cree que sus defendidos son inocentes. Leyéndolo no puedo dejar de pensar qué debe de pasar por una mente masculina para imaginar que el sueño lúbrico de una mujer es montárselo con cinco tíos en una portería y hacerlo con tal violencia que acaba totalmente desorientada y necesita ser atendida en un hospital.

Las declaraciones del abogado constituyen, según los diccionarios, un ejemplo de micromachismo, a pesar de que, a mí, me parecen una muestra flagrante de macromachismo o de machismo, simplemente.

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¿Qué está pasando en Catalunya?

Interior de una oficina de prestaciones y subsidios

Son momentos de tensión y de excepcionalidad política en Catalunya. El proceso, que parece llegar a su clímax, ya no se puede entender como dilación calculada para obtener réditos electorales. La represión se sabe cómo empieza, pero no cómo termina. Y aún así, la vida sigue en Catalunya. Ha seguido siempre, pero lo ha hecho de manera más silenciosa durante los últimos años. Haya o no referéndum, o incluso independientemente de si Catalunya acaba convirtiéndose en el futuro un Estado propio, hay una serie de retos que reclaman la atención inmediata. Las condiciones materiales sobre las que vive la mayoría de la población en Catalunya son precarias.

El paro sigue siendo el principal problema que preocupa a los ciudadanos y ciudadanas de Catalunya según el último Barómetro Oficial de Catalunya. Se sitúa en la primera posición en las principales preguntas: 1. En su opinión, ¿cuáles cree que son los principales problemas que tiene actualmente Catalunya? y 2. ¿Cuál de estos problemas considera que es lo más importante? No es para menos. El paro en Catalunya es del 13%, cifra que sube hasta el 28,4% cuando hablamos de la población entre 16-24 años. Muy por detrás de la media de la Unión Europea (7.7%), Catalunya sólo estaría por delante de Grecia (21.7%) y la misma España (17.1%). Asimismo, el mercado laboral en Catalunya no está exento del tipo de contratación temporal - y casi precaria por extensión -, caracterizada por la neoliberal figura del "emprendedor de uno mismo". En el primer trimestre de este año, de cada 7 nuevos contratos creados sólo 1 es indefinido. La estabilidad laboral es el elemento básico que permite a los individuos planificar y proyectarse en el futuro. Un modelo productivo basado en la estacionalidad laboral debilita la autonomía de los sujetos, al tiempo que debilita su posición a la hora de afrontar retos vitales. Y es que, por ejemplo, decidir tener un hijo o hija sin saber si mañana dispondrás de un sueldo es una disyuntiva que poca gente puede asumir en Catalunya, que tiene una de las tasas de natalidad más bajas del mundo.

Pero si el paro y la estacionalidad laboral son losas que afectan de forma particular a quien lo padece, la desigualdad afecta a la sociedad en su conjunto. Una sociedad desigual es una sociedad más injusta, en la medida en que reduce la movilidad social entre clases. Es también una sociedad más peligrosa, ya que un mayor grado de desigualdad tiende a polarizar los territorios y generar guetos urbanos. Parte principal de la idea y creación de los Estados de Bienestar era precisamente la de otorgar un cierto techo de igualdad de oportunidades a los ciudadanos que compensara las condiciones iniciales donde se encontraran. Catalunya no es inmune a este declive.

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El dominio del relato y la pérdida de la Razón

Mariano Rajoy, junto al Carles Puigdemont.

De repente fue sencillo notar cómo el miércoles marcaba un punto y aparte en este camino que llamamos Procés. La noche anterior me despedí de una cena entre bromas sobre el tema, pero de buena mañana la radio me despertó con tono alarmado por las detenciones de los cargos de las distintas Conselleries y las redes sociales iban llenas de una histeria propia de lo que con tanta facilidad denominamos días históricos, aunque esta vez la cosa sí iba de verdad.

Viví la jornada con mis ocupaciones laborales, alejado del centro y con un ojo pegado al móvil. En la zona de Sagrada Familia nada se identificaba con el alboroto del centro. A las cuatro de la tarde, sentado en el jardín de Can Framis, escuché unas distantes sirenas en la Diagonal con probable destino a la sede de la CUP.

De vez en cuando el maldito helicóptero, un clásico de las jornadas repletas de movilizaciones, me alertaba de lo sucedido, como la presencia de coches de la Guardia Civil en demasiadas esquinas.

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La trata de mujeres y niñas con fines de explotación sexual: una urgencia en la agenda feminista

Anuncio de contactos para ofrecer servicios sexuales

La trata de mujeres y niñas con fines de explotación sexual (TSH-FES) es una grave vulneración de los derechos humanos y una de las formas más desgarradoras de violencia de género ─la que reciben las mujeres por el mero hecho de serlo. Porque, aunque existe el tráfico de personas con otros fines y también algunos hombres y niños víctimas de trata con fines de explotación sexual (VTSH-FES), el porcentaje de mujeres nos indica que la TSH-FES tiene género. Cada año entre 600.000 y 800.000 personas cruzan las fronteras internacionales como victimas de trata y el 80% son mujeres. Y si hablamos de trata con fines de explotación sexual, encontramos un aplastante 98% de mujeres y niñas.

 Esto es debido, principalmente, a la feminización de la pobreza y las diferentes violencias de género que sufrimos las mujeres desde niñas y que nos sitúan en situaciones de mayor vulnerabilidad. Además del hecho que la demanda de prostitución en los países de destino es, por supuesto, de mujeres.

  La lucha contra la trata, ciega a las necesidades de las sobrevivientes

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Un ataque a la dignidad

Protestas por los registros en la Generalitat por el 1-O

El camino que nos ha llevado hasta aquí, hasta el 20 de setiembre del 2017, ha sido largo, agotador, complejo… Lo hemos reflejado con multitud de voces, con pluralidad, y con la vocación de ofrecer a los lectores toda la información posible, con todo el rigor del que éramos capaces. Con la voluntad de que el lector dispusiera de los datos imprescindibles para formase su propia opinión. Los cinco años de eldiario.es y de Catalunya Plural coinciden con la época en el que este camino se ha hecho más intenso. Y la hemeroteca refleja el esfuerzo por anteponer el periodismo a cualquier otro propósito a la hora de explicar el proceso político que vivía Catalunya. Con una mirada poliédrica, desde Barcelona, desde Madrid y el resto de España. Como uno de los pocos puentes que seguían en pie.

Y hemos llegado al 20 de setiembre. El día en que el periodismo es más necesario que nunca. Con noticias para explicar lo que está ocurriendo y con una opinión clara y contundente para proclamar que las medidas represivas emprendidas por el Gobierno del PP son un atentado contra la democracia. Contra las libertades. Un abuso de poder, una equivocación de tal magnitud, que oculta las cadenas de errores cometidas por todas las partes hasta este momento. Pero es, por encima de todo, un nuevo acto de agresión a la dignidad de la mayoría de los catalanes, que se identifica con sus instituciones. Que más allá de si defiende o no la independencia, se siente parte de una nación que merece ser respetada.

Y este es, de nuevo, el gran error del Partido Popular, de la derecha española. La falta de respeto. La recogida de firmas contra el Estatut que derivó en una campaña de catalanofobia fue, ante todo, un ataque a la dignidad colectiva. Aquella ofensiva culminó con una sentencia del Tribunal Constitucional que fulminó el Estatut votado por los catalanes. El Partido Popular argumentó que era resultado del funcionamiento de la Justicia. Pero entonces, como ahora, sabemos que la actuación de los tribunales es consecuencia de una política que sueña con la derrota definitiva de las aspiraciones de Catalunya. El resultado de negarse a reconocer la realidad nacional que siente la mayoría social en Catalunya; de anteponer la fuerza al diálogo.

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Camino al barranco, la amenaza es el mejor estímulo

Diada 2017.

La política catalana está tan acelerada, camino del referéndum del 1-O, que todos los códigos tradicionales han saltado por los aires. Ello dificulta mucho la comprensión de lo que está sucediendo más allá de las proclamas y la propaganda, y, por tanto, también complica la eficiencia de las respuestas que puedan darse. El Gobierno español parece no haberse dado cuenta de la voladura de los códigos tradicionales: está respondiendo justo como desea la coalición independentista.

En conflictos como este, la parte supuestamente fuerte puede amenazar a la otra con aplicarle todo el peso de la ley, con aplastarla o incluso advertirle que, de seguir así, se despeñará por el barranco. Y según los códigos tradicionales, la parte amenazada hará todo lo posible para evitar in extremis el desastre y ahí reside en buena medida la clave de la guerra de nervios habitual: ¿hasta dónde aguantar para evitar el castigo anunciado? Sin embargo, este comportamiento clásico aquí no rige: los principales actores que conducen el proceso en Catalunya no quieren evitar estos castigos, sino que en realidad parecen desearlos, cada uno con su propio motivo. De ahí que la respuesta del palo clásica no sólo no funcione, sino que incluso sea contraproducente, por mucho que tenga formalmente de su lado la ley, Bruselas y, si se tercia, hasta el Papa de Roma.

La vicepresidenta del Gobierno, Soraya Saénz de Santamaría, ha viajado mucho a Catalunya en los últimos meses, pero parece que no ha sido capaz de captar esta voladura de los códigos tradicionales y por ello el Gobierno responde según el manual legalista clásico. Y eso que la CUP ha reflejado la situación con toda crudeza en el impresionante vídeo del mambo, en el que sus principales dirigentes empujan el procés hacia el barranco y lo despeñan al vacío sin miramientos. Es evidente que si el Gobierno ha visto el vídeo no lo ha entendido, apegado como está a las tablas de la ley y a sus prejuicios, y debe de haber zanjado su incomodidad dejándolo como una excentricidad más de los "radicales". Y ahí sigue: advirtiendo a los impulsores del referéndum que, de seguir así, se despeñarán por el barranco... ¡Justamente lo que estos quieren hacer!

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¿Por qué no salimos a la calle en Catalunya?

Puigdemont durante un discurso institucional

¿Por qué los catalanes no independentistas no aparecemos en olor de multitud? ¿Somos resignados, acomplejados, acoquinados? ¿O nos han desactivado al ponernos de modo subrepticio unas miguitas tóxicas en la sopa de letras de cada día? Me presentaré: pertenezco a una casta de periodistas parias que fueron desalojados de la dirección de sus programas (en mi caso COM Ràdio) y después de las escasas tertulias donde tenían entrada (Canal Català) por desentonar del pensamiento uniforme de quienes hacen de Catalunya una unidad de destino en la independencia. COM Ràdio fue rebautizada y reconvertida en agencia de imagen y palabra al servicio de los espejismos del Govern y sus aliados bien pagados. La constelación soberanista constituye una aduana inexcusable para ser ciudadano de pleno derecho. Después de 46 años de oficio, no pocos de columnista, éste es el único medio que me invita a escribir.

¿Por qué no sale a escena la presumible mayoría de catalanes cautivos que en buena lógica no se apuntan a romper un estado importante de Europa y del mundo porque prefieren construir consensos, que son el fundamento de las leyes, que lo son de la convivencia? ¿Por qué no irrumpe el malestar de esos pasajeros forzados a un viaje por el espacio ilegal, sin plan de vuelo validado de salida, sin un solo OK de los reguladores del tráfico a gran altura (EEUU, Francia, Gran Bretaña, Alemania) y apartados a la bodega de discrepantes? ¿Por qué diablos se achica el seny? ¿No será que el doble fondo de la maleta catalana oculta una voluminosa aceptación tácita del poderoso in-de-pen-den-tis-mo reinante? ¿Será que el hastío de vivir en un incesante baño de espuma publicitaria en clave de confrontación con un enemigo de maldad irreductible arruga al más pintado, ahoga la iniciativa o relaja hasta el desistimiento y la atonía? ¿Será que Catalunya sigue siendo el purgatorio donde todos andamos temerosos de ser tachados de catalanes tibios? ¿Será que la seducción virginal de una república perfecta para seres perfectos ha hecho su trabajo? ¿Será que desmarcarse del soberanismo supone de facto alinearse con una España marcha atrás de modelo injusto, política degradada, justicia desigual, mandones fácticos, servicios atrofiados, moral trilera, cultura apolillada y tics franquistas por una transición cobardona a medias tintas? ¿Supone acariciar la cara, dura, del presidente que pasará a la posteridad por no dimitir cuando el partido del que es cerebro bombeaba corrupción e impunidad a diestro y diestro desde el mismo corazón económico? ¿Será que no resulta fácil quitarle la razón a su colega Puigdemont cuando vocea que España está enferma? ¿Será que, según con quien se habla más allá del Ebro, uno se hace independentista funcional en un santiamén?

Pongamos en juego otro argumento de la abulia o conformismo: el poder es cuestión de lengua, discurso y vocabulario. Se ejerce al difundir y también al imponer, incluso como quien no impone, dando las cosas por hechas. “Welcome to the Catalan Republic”. Parte del proceso constituyente parece ya constituido. Quien controla el relato controla el poder, los medios son los instrumentos donde se crea poder, y el relato totalizador del periodista Puigdemont allí donde va triunfa, también por agotamiento. ¿Cómo se podía hacer creíble en plena crisis que Catalunya, el país que destruyó su modelo social en año y medio aplicando desde 2011 la más dura austeridad conocida, se planteara un colosal objetivo superando la realidad? Mediante una grandiosa operación asimiladora de intensidad saturada, consistente en maquillaje y manipulación desde el léxico hasta los farolillos de las cabalgatas de Reyes, pasando por la okupación de los goles de Messi.

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Viajes sin retorno

Campamento de Solidaridad en Padre de las Casas (República Dominicana)

Todo un año de trabajo, de estrés y de prisas, de papeles y de oficinas. Todo un año de trabajo, de tráfico y de atascos. De agotamiento y de cansancio. Pero por fin llega el calor. Y con él, los meses de verano: llegan las vacaciones. Y con las vacaciones, los viajes. Y con los viajes, los turistas... ¿O quizás los viajeros?

En el pasado las personas efectuaban viajes por diferentes motivos concretos: visitar a parientes o amistades, por razones médicas, para aprender nuevos idiomas y costumbres o para conseguir un nuevo trabajo. El concepto de vacaciones ya existía, pero no incluía dentro de sus variables la tendencia actual de visualizarlas como una necesidad compulsiva.

Un fenómeno más reciente lo conforma el hecho de viajar para no hacer nada, sólo descansar o hacerlo sin tener una idea clara de lo que se quiere realizar. El concepto «Turismo» surgió en este contexto y se ha desarrollado hasta nuestros días. En la actualidad, gran parte de los habitantes del mundo occidental dedicamos tres o cuatro semanas al año a hacer vacaciones. Seguramente la mayoría de nosotros no concebimos nuestras vidas sin unas periódicas y largas vacaciones, las cuales han adquirido un carácter casi sagrado en contraposición a personas de otros países para quienes las vacaciones, más que una necesidad, son un lujo.

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