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Catalunya, diez claves para después del 27-S

El 27-S medirá la intensidad de la fractura entre Catalunya y España. Y sentará las bases, o no, de la reconstrucción de los puentes derribados por unos y por otros. El soberanismo habrá puesto las cartas sobre la mesa y sabrá cuál es su verdadera fuerza

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El 27-S medirá la intensidad de la fractura entre Catalunya y España. Medirá cuantos catalanes han decidido irse. Quizás no serán más del 50%, pero serán suficientes para interpelar a la sociedad del resto de España, que deberá responder justo tres meses después, con su voto en las elecciones generales. Será un otoño decisivo para Catalunya y para España. Y visto desde Catalunya, estas son diez claves que intentan avanzar lo que está en juego la noche del 27-S.

1- De las emociones a la razón

Las elecciones del 27-S son plebiscitarias. Ya nadie puede defender lo contrario. La lógica del ‘Sí’ contra el ‘No’ se ha impuesto, pese a la extraordinaria pluralidad de las opciones políticas que concurren en Catalunya. Y este escenario del blanco o negro, del todo o nada, es propicio para llevar el debate al terreno emocional, a los sentimientos. La racionalidad tiene las de perder ante el activismo de quienes deberían aportar argumentos intelectuales. Incluso las amenazas que llegan por parte de los poderes económicos y políticos tienen poco que hacer ante la palabra más pronunciada estos días en Catalunya: la ilusión. Sólo el alto civismo de la sociedad catalana explica que la carga emocional de estos días no genere la tensión que, desde el desconocimiento, algunos proclaman. Después del 27-S será necesario pasar de las emociones a las razones.

2- El mandato de las urnas

Las encuestas sitúan al soberanismo como la fuerza mayoritaria. Todo apunta a que Junts pel Sí, la candidatura de CDC, ERC y las entidades independentistas, ganará las elecciones. La clave está en la naturaleza del mandato que recibirá de las urnas. Puede significar el inicio de la hoja de ruta hacia la independencia, o un aval para negociar con el Estado español. El soberanismo puede ganar las elecciones y perder el referéndum si no logra sumar más del 50% de los votos. Con una victoria en escaños, pero no en votos, el independentismo no tendrá la autoridad moral necesaria para imponer su plan a la otra mitad de Catalunya. Aun así, el soberanismo sí que escenificará la fractura con el Estado español y la necesidad imprescindible de encontrar una salida negociada.

3- Camino de las elecciones generales

Con este mandato encima de la mesa, Catalunya constituirá un factor clave de cara a las elecciones generales de diciembre. El partido Popular puede caer, de nuevo, en la tentación de rentabilizar el anticatalanismo y erigirse como el único garante de la unidad de España. Ciudadanos, por su propia génesis antinacionalista, puede ser la versión moderna del mismo inmovilismo, mientras el PSOE se enfrentará, otra vez, a sus contradicciones entre territorios. Podemos e Izquierda Unida constituyen los únicos actores que apuestan por una España plurinacional. Su poder de decisión en el futuro Congreso de los Diputados constituye una de las pocas esperanzas para encontrar una alternativa a la confrontación actual.

4- El liderazgo soberanista

Artur Mas ha diseñado toda la estrategia de Junts pel Sí para mantener el Govern de la Generalitat y el liderazgo soberanista. Si su candidatura logra una victoria contundente, el mérito será suyo y se verá reforzado, pese al insólito trance de haber concurrido a las elecciones protegido en la cuarta posición de la lista. Si la victoria no es suficiente y la elección del President queda en manos de la CUP, entonces Junts pel Sí pondrá a prueba su cohesión interna. Pese a que comparten candidatura, los partidos y las entidades soberanistas tienen muy claro cuáles son ‘sus’ diputados. Según las encuestas, CDC podría contar entre 29 y 32 diputados, ERC, entre 19 y 24 y las entidades soberanistas alrededor de once. Ahora todos responden a la misma estrategia, pero nadie garantiza que sea así en el futuro.

5- El dilema de la CUP

La Candidatura d'Unitat Popular (CUP) no cedió a la presión de Convergència y optó por acudir a las elecciones con sus propias siglas. Las encuestas parecen avalar esta opción y señalan que sus diputados pueden ser decisivos a la hora de investir a Artur Mas como presidente. Es todo un dilema. Las presiones que recibirá la CUP para que permita la presidencia de Artur Mas serán brutales, bajo el pretexto de ‘salvar el Procés’. Pero los diputados de la CUP, tanto si es por acción (votos) como por omisión (abstenciones), tienen muy difícil avalar a un President que está a las antípodas de lo que ellos representan. La aritmética de los resultados marcará la intensidad del dilema de la CUP, que siempre ha tenido la honestidad intelectual de defender que sin más del 50 por ciento de los votos no existía un mandato para ir a la independencia. La madrugada del 28-M, podría ser que tuvieran en sus manos el futuro de Catalunya.

6- Una mayoría por la ruptura

Una de las pocas certezas ante el 27-S es que en el Parlamento de Catalunya habrá una mayoría clara a favor de la ruptura con el statu quo actual. A la hora de contar la mayoría que quiere cambiar la relación entre Catalunya y España hay que contar los diputados de Cataluña Sí Que es Pot, que defenderán el derecho a decidir. Con Junts pel Sí entrarán en el Parlamento diputados con una larga trayectoria de izquierdas, que se sumarán a los de la CUP y los de Cataluña Sí Que es Pot. Estos diputados no compartirán la independencia, pero si el derecho a decidir. Y a la hora de defender las políticas de izquierda podrían contar también con el PSC. El Parlamento podría mantener posiciones progresistas que condicionarían el Govern de la Generalitat e interpelarían también al futuro Gobierno de España.

7- El riesgo de una Catalunya dual

‘Catalunya, un sol poble’ fue uno de los lemas que acompañó la recuperación de la democracia. Treinta años después, existe el riesgo de dibujar una Catalunya dual, con comarcas abrumadoramente independentistas y ciudades y áreas metropolitanas con mayorías mucho más plurales. Durante la Transición, casi todas las fuerzas políticas se conjuraron para cohesionar la sociedad, para evitar la creación de dos comunidades según fuera su origen. Hoy algunos de los mensajes que aparecen en campaña viajan en dirección contraria. La opción de plantear unas elecciones como plebiscitarias, como alternativa al referéndum que el Estado ha prohibido, y luego contar escaños y no votos es una forma de acentuar esta división. Ante una decisión tan trascendental como la independencia, unos votos contarán menos que otros.

8- Signos de concordia

El soberanismo insiste en que su contrincante es el Estado español, pero no España. La cuestión está en si es posible enfrentarse al Estado sin dañar los vínculos culturales y emocionales con la sociedad española. Sin duda, las relaciones entre las sociedades catalanas y españolas precisarán en algún momento una cierta reconciliación, después de las insensatas campañas que algunos de sus representantes han acometido en los últimos años. Sectores del nacionalismo catalán y del nacionalismo español han alimentado la animadversión en beneficio propio y, como en otras épocas de la historia, serán precisas iniciativas que pongan el acento en lo que nos une. Dos signos de concordia muy recientes: El encuentro de los ‘alcaldes del cambio’, con Barcelona y Madrid a la cabeza. O la actitud respecto a Catalunya de los nuevos gobiernos de Aragón, Baleares o Comunidad Valenciana.

9- ¿La reforma imposible?

El catalanismo intentó durante décadas la reforma de un Estado español, en el que, por fin, pudiera encajarse Catalunya. Hasta que consideró que era una misión imposible. No se entendería la actual hegemonía independentista sin esta convicción. Una parte de la sociedad catalana ha decidido construir su propio proyecto político porque no se siente vinculado al de España. Y la pregunta es si España tiene ahora un proyecto, y si éste es capaz de seducir a los catalanes que han decidido irse. En buena parte, la solución al actual contencioso está en la capacidad que tenga la sociedad española de regenerar la democracia y volver a construir, como logró con la Transición, un proyecto capaz de acoger las aspiraciones de todos.

10- Fractura y reconstrucción

El 27-S medirá la intensidad de la fractura entre Catalunya y España. Y sentará las bases, o no, de la reconstrucción de los puentes derribados por unos y por otros. El soberanismo habrá puesto las cartas sobre la mesa y sabrá cuál es su verdadera fuerza. A partir de aquí, serán las instituciones y los partidos españoles los que deberán abrir el juego. Pueden seguir con el discurso del miedo, con el inmovilismo, o aceptar de una vez que es necesario dialogar con una mayoría de catalanes que, o bien quiere irse, o, bien reclama el derecho a decidir cuál es su relación con España. Esta mayoría social ya no reivindica pactos fiscales, competencias o infraestructuras. Quiere mucho más. A partir del 27-S España debería escucharla sea cual sea el resultado de las urnas.

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