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Disculpen las molestias, estamos trabajando para la ruptura

Nuestra historia la quieren simplificar en Mas o marzo, la señal inequívoca de que el discurso personalista ha ganado. Pero no por ello debemos caer en la trampa de no leer qué hay detrás

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Hay que reconocer que el ingenio de los convergentes es bueno y sorprendente; casi tanto como su obsesión por aferrarse a la silla. Y que todo ello, nos está dejando episodios bastante esperpénticos y divertidos: después de haber fagocitado y anulado ERC a través de JxS, después de haber puesto un hombre de paja como cabeza de lista, ahora parece que la propuesta es una presidencia colegiada con tres marionetas bailando a ritmo de Mas. Si fuera una película de los hermanos Marx, daría risa y todo. "Y dos huevos duros!".

Pero más que una película de los hermanos Marx, algunas preferimos leer como una historia que ya contaba el falso hermano díscolo de la familia: Carlos. Y lejos de Marx, nuestra historia la quieren simplificar en Mas o marzo, la señal inequívoca de que el discurso personalista ha ganado. Pero no por ello debemos caer en la trampa de no leer qué hay detrás.

Estamos ante la personificación del movimiento popular, la personalización de un movimiento de calle que fue perdiendo sábanas cada colada. No nos cansaremos de repetirlo: en la calle, en el parlamento. Del Parlament, a los partidos. Los partidos, al gobierno. Y del gobierno, al presidente. Era de esperar, siguiendo esta lógica reduccionista.

Ahora bien, disculpen las molestias si eso algunas no nos lo tragamos. Y que queramos clavar el freno de mano, aunque sea para hacer un trompo... y quién sabe si lo controlaremos y podremos seguir adelante. Pero dejémonos de metáforas, que ya nos sobran y todo ello dificulta mucho más la comprensión.

Hay quien defiende que investir Mas es imprescindible para que el Procés siga vivo. Y eso nos da, como mínimo, dos elementos de análisis. Por un lado, la identificación de Mas con el Procés. Ahora que los convergentes han visto que la identificación de Catalunya con su partido -o su presidente- ya no cuela por tantos escándalos de corrupción pasados, lo que sí sirve es identificar su partido con la Catalunya del futuro, es decir , el Procés. Pim pam, giro y volvemos a estar en el mismo lugar.

Por otro, quizás aún más fastidiado, es que el Proceso sea un objetivo en sí mismo. La lobotomía discursiva ha conseguido anular el debate sobre qué es esto del Proceso, o qué puede llegar a ser. Hace tiempo que lo decimos: es un movimiento popular, pero es también la reestructuración del bloque dominante de la burguesía catalana. Es blanco y negro al mismo tiempo. El Procés es una pugna, es un conflicto. Y está llegando a sus máximos puntos de agudización. Cosa, por otra parte, que era de esperar y, sinceramente, bastante más saludable que hasta ahora en que parecía que todos estábamos en el mismo barco.

Como decíamos, lo que comenzó como un movimiento popular ha sufrido una suerte de jibarización que ha despojado de gran parte de su potencial de fuerza y capacidad de coerción. Lo que consiguió forzar los convergentes a romper su pacto con el PP -sí, lectores y lectoras, CiU gobernaba con el apoyo externo del PP hasta hace tres años-, ahora se encuentra sometido y frenado por las necesidades partidistas de los convergentes. Sería ridículo si no fuera cierto. El músculo desobediente del Procés -el movimiento popular- está perdiendo la batalla contra la cordura y el orden -la reestructuración de clase de la burguesía catalana-.

Aquí es donde debemos situar el esquema de análisis. Costará, pero tenemos que romper con el debate estrictamente personalista y leer más allá. Y los pasos que tenemos que hacer deben encaminarse hacia lo que llamamos ruptura, y no hacia un mero mantenimiento de la llama viva pero sin ningún valor a la hora de alcanzar ningún objetivo.

Para conseguir avanzar hacia la ruptura y, con ella, hacia la independencia, hay una estrategia unilateral por parte del pueblo catalán, una estrategia que CDC ya ha dejado claro, por activa y por pasiva, que no hará.

En la estrategia de unilateralidad y ruptura tiene que, por definición, una estrategia de desobediencia. Y en todo esto hay, sin duda y sin falta, la activación del movimiento popular para participar de un proceso constituyente que encare y decida cómo quiere el nuevo país. Es necesario por una cuestión de salud ii higiene política y democrática. Por un lado, para devolver el músculo del Procés en la calle. Por otro, para no reproducir tics elitistas y clasistas -y, a menudo, machistas- del consejo de sabios que crea el nuevo país.

El grupo dirigente de CDC es incapaz de aplicar ningún acto real de ruptura con la legalidad actual. De hecho, han sido los primeros en desacreditar y dejar en papel mojado la declaración de ruptura aprobada por el Parlament, propone sine qua non de la CUP para seguir con el debate de presidencia, entre otros. Este es el motivo por el que urge desplazarse lo más posible de la dirección del proceso la actual dirección de CDC.

En todo el recorrido hasta ahora, no podemos olvidar las vicisitudes vividas por ERC. La estrategia de pacto con CDC le ha llevado a una situación de chantaje que lo ha anulado políticamente y ha encumbrado el "masisme". Ahora bien, como todo el mundo cuando caemos: cuando has tocado fondo sólo puedes ir hacia arriba.

Somos muchos los que estamos convencidos de que si la militancia de ERC dispusiera de un traslado de información por parte de su cúpula sobre las negociaciones, la situación política se movería a favor de un escenario ruturista. Con la información sobre las propuestas de candidatos alternativos que se pusieron sobre la mesa, se hace muy difícil mantener la imagen de una CUP enrocada. Con la información sobre las privatizaciones que CDC se niega a detener, se hace muy difícil mantener la imagen de higiene democrática de la que se ha querido dotar al proceso. Con la información sobre quién ha aportado más elementos en las mesas de conversaciones, se hace muy evidente cuál ha sido la voluntad de CDC: doblar y anular la izquierda independentista a su estrategia particular. Y no sólo con informaciones avanzaría la cosa, sino también con debate. Cuando la gente sustituye los tertulianos, todo se ve diferente.

ERC puede evitar que CDC aplique su agenda oculta de un nuevo pacto con el estado. O, al contrario, puede allanarle el camino. Ironías de la vida, lo que le dicen 'posición de máximos de la CUP' esconde que la CUP está siendo garantía para el propio cumplimiento del programa de JxS. Si aún así no hay acuerdo, se estará certificando que CDC está dispuesta a aplicar su agenda oculta sin fisuras. Que antepone sus intereses de clase por encima de las libertades nacionales.

Y es eso lo que les molesta de la posición de la CUP. Esta propone medidas de mínimos que cuestionan el carácter antidemocrático del Estado español pero también algunos privilegios de clase. No descubrimos la sopa de ajo si decimos que estamos hablando de la creación de sociedades antagonistas. Tampoco si decimos que las grandes adhesiones a los grandes ideales (la independencia, la revolución, el socialismo, el feminismo, la libertad) siempre se generan a partir de las necesidades más concretas. Pan, techo, trabajo, educación, derechos.

Mientras algunos quieren pactar y cerrar por arriba su recolocación en el poder, sin perder ningún resorte, otros apostamos por un proyecto transformador y de base. A la postre, es lo que llaman lucha de clases. Y que en nuestro país se muestra también y sobre todo en el conflicto nacional.

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