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Europa nos deja tirados

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Que Artur Mas envíe una carta a los presidentes de todos los países que forman la Unión Europea (excepción hecha del español) y al presidente de la Comisión Europea me parece que demuestra su concepción equivocada de la Europa que hay que construir. Si quiere explicar a la Unión Europea las razones por las que intentará que Cataluña se separe de España tendría que dirigirse sólo a la Comisión Europea y no a todos y cada uno de los líderes de los países que la componen. Incurre en el error que tanto daño ha causado al sur de Europa en los últimos años (Cataluña incluída) de entender que la Comisión Europea no pinta nada y que quién manda es la señora Merkel y los dirigentes europeos que le ríen las gracias (o desgracias).

Pero, dejando de lado esta equivocación (que no lo es si se piensa que Mas no quería respuestas sino añadir madera a la hoguera independentista), la respuesta obtenida es triste y preocupante.

“¡Allá vosotros!”, ha sido la respuesta de quienes han dicho algo. No es éste el papel que debería jugar una Europa en la que nos sintamos todos implicados. “¡Es una cuestión interna de España!”, han afirmado Merkel, Hollande o Cameron, sacándose el muerto de encima. También lo ha hecho, lamentablemente, el presidente del Parlamento europeo y candidato socialista a presidir la Comisión Europea, Martin Schultz.

Los problemas de España son problemas de Europa y no entenderlo así nos ha llevado a la trágica crisis que sufrimos tantos países europeos. La Unión Europea que derrote a la crisis ha de compartir las dudas y quebraderos de cabeza de todos sus miembros. No necesitamos una Unión Europea que nos diga solo si les aceiteras han de ser uso simple o doble. Necesitamos una Europa valiente, que combata los paraísos fiscales, la prepotencia del poder financiero y la disparidad impositiva y adquisitiva de sus países miembro.

Europa tiene que mojarse. Cuando los independentistas dicen que España no es una democracia porque no les deja votar emiten una crítica concreta y dura que no se puede soslayar. Si Europa no tiene nada que decir, la acusación de falta de democracia se traslada a toda ella. La Unión Europea, y su órgano de Gobierno, la Comisión, tiene que decir si le parece correcto o no que Cataluña celebre un referéndum sobre su independencia. Tiene que decir si le parece correcto que Cataluña se separe de España. Ya ha dicho que si lo hace le tocará, como también le pasará a Escocia si aprueba separarse del Reino Unido, pedir su incorporación a la Unión Europea como nuevo país que será. Tiene que ir más allá.

El “¡vosotros mismos!” no es una respuesta para los que confían en Europa. Una cosa es que actúe de forma diplomática y otra muy distinta que se escaquee y nos deje tirados cuando pintan bastos. Salvando las distancies y las diferencias, Europa ya nos dejó tirados cuando España sufrió la guerra civil en los años trenta. ¡Que no se repita la historia!

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