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La hora de la verdad

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El Parlament de Catalunya acaba de escenificar el punto final del catalanismo político. El que fuera relato hegemónico en la vida política catalana ha firmado su último capítulo y se enfrenta al riesgo de la marginalidad. Desde la transición y hasta hace apenas unos años fue el punto de encuentro de la mayoría de fuerzas políticas y ahora nadie se atreve ni a mentar su nombre. Y ¿el ocaso del catalanismo ha dado paso a un nuevo discurso central en la política catalana? Ha alumbrado un relato con un amplísimo apoyo social y político que tiene la independencia como desenlace, pero no alcanza las cotas de consenso que durante décadas disfrutó el catalanismo.

Frente a la opción independentista, surge un relato alternativo, el de la defensa del estatus quo o del constitucionalismo, en una terminología que recuerda el escenario vasco. Y cuando el debate es, en el fondo, independencia o unión con España, se produce un doble efecto. Los partidos con una posición inequívoca se fortalecen y cohesionan. Los partidos con una base más transversal se enfrentan al riesgo de fractura o, en el mejor de los casos, a la inestabilidad y la tensión interna permanente.

En las últimas horas los partidos catalanes han experimentado este efecto en su propia carne. El PSC ha vivido la revuelta del sector más nacionalista y Convergència ha mantenido un esperpéntico pulso con Unió. En cambio, ERC o CUP fortalecen la posición que han defendido desde siempre; como PP y Ciutadans, con su discurso único en favor del vínculo actual con España. En medio, los equilibrios de ICV, que ha logrado firmar la declaración del Parlament sin sufrir tensiones internas y que, con su posición, ha centrado el debate: “la defensa del derecho a decidir es un ejercicio democrático que no debe presuponer el resultado de la consulta”, en palabras de Joan Herrera.

Desde el punto de vista formal, el Parlament ha aprobado el “derecho a decidir” y, a partir de aquí, empieza un largo proceso que debe establecer la posición de cada una de las fuerzas políticas. ERC, CUP y buena parte de CiU celebran la declaración del Parlament como el primer paso hacia la independencia. PP y Ciutadans como el inicio de un largo y duro combate en contra. La clave está en si los partidos y los sectores sociales que no están en el blanco o negro, en la independencia o en el estatus quo actual, son capaces de construir una alternativa, una tercera vía que redefina las relaciones entre Catalunya y España. Esta opción sólo tiene futuro si encuentra complicidades en el resto de España, si los sectores más abiertos de la sociedad catalana y española están dispuestos a restablecer los puentes rotos.

La declaración del Parlament entierra el catalanismo como aquella vocación mayoritaria de construir a la vez la democracia plena en Catalunya y España. Aquella hegemonía política tiene en su haber la cohesión social, la convivencia, la normalización lingüística, la transformación de las ciudades y del país en su conjunto. Y en su deber, muchos silencios que propiciaron la lacra de la corrupción en Catalunya. Pero esto ya es historia y empieza una nueva etapa que pondrá a prueba todas las fuerzas políticas y al conjunto de la sociedad. Empieza la hora de la verdad.

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