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Otra ley contra la libertad

¿Qué confianza tiene en ella misma una persona que quiere que le restrinjan su derecho a decidir?

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Hoy, mientras llevaba los niños al cole, en el coche escuchaba a Mònica Terribas entrevistando por teléfono a Alicia Sánchez-Camacho. Le preguntaba sobre diferentes temas en los que su partido se ha posicionado tan clara y sólidamente  estos días. Entre ellos la posibilidad que Catalunya si se convierte en un nuevo Estado se quede dentro o fuera de la UE... y sobre el intento de la nueva (que digo nueva, viejísima!) ley Gallardón sobre el aborto o mejor dicho; en contra del derecho de la mujer a decidir libremente sobre un aspecto que le es tan propio como su cuerpo (otro tema sería en base a qué criterios, miedos o informaciones decidimos o no la interrupción).

Era un discurso muy coherente, ya que en cinco minutos ha utilizado múltiples “no” y ha declarado tres veces que su partido está en contra la libertad en diferentes ámbitos. Contra la libertad o, mejor dicho, con la amenaza de los que deseen “lo que es imposible” o lo que quiere decir “hacer una consulta”, contra la libertad de la mujer a decidir sobre su maternidad y ¡contra la libertad de voto de sus compañeros de partido!

¿Qué confianza tiene en ella misma una persona que quiere que le restrinjan su derecho a decidir, qué confianza tiene en sus propios compañeros que puedan pensar algo diferente y quizá mejorar una propuesta inicial, y qué confianza tiene en lo que siente una amiga que desea cambiar una relación, abandonarla o recontratar las condiciones iniciales que considera más justas para ella?

Y claro, teniendo dos niños preciosos detrás del coche que como muchos otros se dirigen hacia la escuela que intenta ser inclusiva, donde intento que no les corten el deseo ni sus formas de hacer genuinas, sino que les acompañen a descubrirlas y sepan a la vez compartir espacios con otros con sus formas también genuinas, me iba preguntando ¿qué mundo desea esta gente que declara consciente y orgullosa ir en contra la libertad? ¿A quién está hablando que cree que le aplaudirán después? ¿A qué miedos responde esta acomodación en la opresión?

Y qué daño puede hacer la discrepancia, aquello nuevo o imprevisto, las aportaciones originales, aquellas que sólo podemos ofrecer cada uno/a de nosotros por ser como somos con nuestras capacidades y discapacidades particulares?

¿Cómo es la vida diaria de estas personas? ¿Cómo intentamos hacer de padres y madres suficientemente buenos? “Niño, no pienses en lo que no está establecido por la familia”, “Niño, no desees algo que no conozco y no controlo”, “Niño, no hagas nuevas amistades”, “Niño no confíes en la tu intuición”... ¡aaaaaah!

Y las consecuencias sociales que tiene una educación basada en el propio control y en el de los otros, en el miedo a lo desconocido, en la adaptación a lo establecido por los años o por la autoridad competente, en la prohibición de probar sin saber los resultados...? La muerte en vida.

Y lo que más me asusta no son los miedos (todos los tenemos), ni el deseo profundo de controlar al otro a veces (ay si supiera qué piensa tal persona...), pues nuestro inconsciente es políticamente incorrecto... Lo que me asusta en serio es que un político hoy en día pueda declarar con determinación, orgullo y sin pelos en la lengua que, como ha hecho siempre su partido y hará en los próximos años, es ir en contra la libertad de voto interna y externa.

Y si lo puede decir tan alto y claro, no es que lo sienta en el fondo de su corazón (o al menos no me lo quiero creer) , sino que cree que esta postura antidialogante y antireflexiva resulta un valor para algunos votantes... ¡y esto si da miedo!

Señores y señoras conservadores declarados o implícitos, vean la película infantil (o no tanto) Los Croods y verán lo que se están perdiendo con tanto miedo a la vida.

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