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Los siete magníficos

Els caps de llista de les candidatures d'aquest 27-S / JAUME BACH

Con el objetivo de liberarse de la tiranía de Calvera, jefe de una banda de malhechores, los habitantes de una aldea toman la decisión de contratar siete pistoleros para que los liberen de esta opresión. Los 'siete magníficos' aceptan el reto y elaboran un plan para capturar al bandido que, a pesar de su destreza, termina fracasando... A partir de ahí, que cada uno adapte como mejor le plazca el épico western de John Sturges, remake de "Los siete samuráis" de Akira Kurosawa, a la realidad catalana. Albiol al margen, casi todos coincidirán en otorgar el papel de Calvera a Mariano Rajoy y, si se me permite la simplicidad, el de Yul Brynner a Raül Romeva.

Raül Romeva / JAUME BACH

Raül Romeva / JAUME BACH

Si hace poco más de un año alguien hubiera dicho que Raül Romeva sería el candidato de una lista de confluencia con el presidente Artur Mas y el jefe de la oposición Oriol Junqueras de números 4 y 5 respectivamente, le habrían dicho que había perdido el juicio. Pero el proceso ha hecho que la política catalana sea de todo menos previsible. Romeva, hasta las últimas elecciones eurodiputado de Iniciativa per Catalunya, se ha convertido en el hombre de consenso entre Convergència y Esquerra. Se desconoce cuántos perecieron antes en la mesa de negociaciones.

Su currículum avala la elección: doctor en relaciones internacionales y licenciado en Ciencias Económicas. Su trayectoria profesional de la mano de la cultura de la paz. La militancia política comienza en 1989; en 2004 es elegido eurodiputado y se mantiene hasta 2014, cuando abandona Iniciativa por discrepancias con la dirección del partido por la tibieza independentista. Cuelga los hábitos políticos con la idea de apartarse, al menos durante un tiempo. Pero el retiro político le dura nada. Acaba estando en el lugar oportuno en el momento indicado y se convierte en el elegido. Por si todo ello fuera poco, Romeva ha sido nadador, bastoner, bailarín y profesor de lambada, y es casteller y escritor.

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Buenafuente, artesano de la risa

Andreu Buenafuente (Il·lustració de Jaume Bach)

Andreu Buenafuente (Il·lustració de Jaume Bach)

Partidario de reírse de todo para poder sobrevivir, Andreu Buenafuente (1965) ya imitaba a Jesús Hermida en la escuela. Se dio cuenta entonces que tenía una gracia que ha desarrollado a lo largo de una dilatada y poliédrica carrera. En una primera aproximación al personaje, de él se podría resumir: humorista, presentador y productor. Pero el reusense tiene un resumen difícil y, seguramente, deberíamos ampliar hasta el agotamiento los caldos catados por el heterodoxo personaje.

Entró de aprendiz en la radio de Reus (COPE) a los 17 años haciendo deportes. Siete años más tarde comenzaba el inicio de un viaje que aún no ha terminado: presentó el programa El Terrat (SER Catalunya), con el que logró su primer Ondas al mejor programa de radio local. Entonces creó la productora El Terrat, un afortunado invento que aún funciona.

En la televisión entró durante el año olímpico de la mano de Miquel Calçada, entonces Mikimoto, en Persones Humanes (TV3), de Alfonso Arús en Al ataque (Antena 3) y de Xavier Sardà en Tot per l'audiència (TV3). Pronto llegaría su primer programa, Sense Títol (1995), y después sus secuelas: Sense Títol 2 (1996),  Sense Títol, Sense Vacances (1997), y  Sense Títol S/N (1998). Pero el éxito absoluto llegó con el late show La cosa nostra y, luego, Una altra cosa. De ahí saltó a Antena 3 y continuó el éxito, ahora ya a nivel estatal, con un programa similar al de TV3. Le tocó rivalizar con el mítico Crónicas Marcianas, y ganó. Hace dos temporadas y después de un paréntesis, volvió con el programa En el aire, que dirige y presenta en La Sexta.

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Pasqual Maragall, un polític inoblidable

Pasqual Maragall / Il·lustració: JAUME BACH

Pasqual Maragall / Il·lustració: JAUME BACH

Ha estat moltes coses i per unes quantes passarà a la història, però per sobre de totes elles se li situa l’alcaldia de Barcelona. Ara que els nous alcaldes balbucegen els seus primers discursos, fa bo recordar un dels que diuen que va ser el més gran: Pasqual Maragall (1941). Pels espais que ara trepitja Ada Colau i fa poc ho feia Xavier Trias, abans lliscava amb perícia el tercer dels vuit germans Maragall. Un barceloní de raça que el 1965, amb 24 anys, va ingressar com a economista al gabinet tècnic de l’Ajuntament de Barcelona i que, encadenant distintes i més responsabilitats, ja no abandonaria la casa de la vila barcelonesa fins l’any 1997 quan, llavors ja amb 56 anys, deixava l’alcaldia de la capital catalana. En aquests 32 anys van passar una pila de coses que van marcar la biografia del polític i la de la mateixa ciutat.

Maragall és nét del poeta Joan Maragall. Això, com ell mateix ha reconegut en més d’una ocasió, marca molt. El seu historial polític arrenca amb la militància activa en el Front Obrer de Catalunya (FOC), federat amb el moviment antifranquista d’esquerres Frente de Liberación Popular (FLP). El 1974 va impulsar Convergència Socialista de Catalunya, un dels grups fundacionals del Partit dels Socialistes de Catalunya (PSC-PSOE), on va crear la Federació de Barcelona. En l’àmbit acadèmic, va cursar a la Universitat de Barcelona les carreres de Dret i Econòmiques, i ha estat professor universitari.

El seu periple polític és prou conegut i notori: va rellevar Narcís Serra com alcalde de Barcelona l’any 1982. Deu anys després, va posar Barcelona al mapa del món transformant-la gràcies a l’impuls dels Jocs Olímpics de 1992. El 1997 Pasqual Maragall va donar per acabada l’etapa d’alcalde i va recuperar la docència universitària a Roma i a Nova York. El 1998 va retornar a la política activa i el 1999 fou candidat del PSC-Ciutadans pel Canvi a la presidència de la Generalitat. Va ser president de la Generalitat de Catalunya de 2003 a 2006. Sota el seu mandat es va aprovar en referèndum el nou Estatut d'Autonomia de Catalunya el 18 de juny de 2006. No són pocs els qui veuen en aquell gest i en la posterior oposició que va generar en el conjunt d’Espanya, l’espoleta que va fer explotar l’actual procés independentista que viu el país.

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Luis Enrique, el genio imperfecto

Luis Enrique (Ilustración: Jaume Bach)

Luis Enrique (Ilustración: Jaume Bach)

En una sola temporada ha sido capaz de todo y más: ilusionar, hacer dudar, desconfiar, decepcionar, enfadarse, reñir con el Messi, con la directiva, volver a ilusionar, hacer soñar, maravillarse, abrazarse con Messi... Él no se ha movido de lugar, ha sido el temido entorno del Barça, que es de tipo movedizo, propenso al baile de San Vito, de forfollar fácil, que no ha parado de subir y bajar de la crítica al elogio... Impertérrito, como quien oye llover, Luis Enrique (1970) se ha mantenido fiel a su filosofía y, después de sembrar en medio de la tormenta, recoge ahora, ya con la calma, los frutos esperados. Ahora ya es un héroe. Aquí es fácil pasar de demonio a santo sin necesidad de beatificación.

Más genio de carácter que de divinidad sobrenatural, el asturiano volvió a repetir lo que ya hizo como jugador: ser él, no cambiar, y ganarse a la gente a fuego lento, a golpe de trabajo y autenticidad. Así, alejado de la divinidad, siendo una persona normal y corriente, con defectos y virtudes, Luis Enrique ha vuelto a ganar el selectivo corazón culé. Si antes supo hacerse perdonar por su pasado madridista, ahora ha conseguido sobrevivir y marcar estilo propio después del ciclo Guardiola, un reto, sino imposible, nada fácil.

Cuando era jugador ya era versátil, terminó jugando en casi todas las posiciones de campo, salvo portero y defensa central. Tres clubes han marcado su carrera como profesional del fútbol: el Sporting de Gijón, donde debutó en Primera División, el Real Madrid, donde creció, y el FC Barcelona, donde se retiró. Como destacó muy pronto en el club de su tierra, el Madrid decidió ficharlo. Su periplo merengue está lleno de luces y sombras, pero al final pesaron más las segundas y fichó por el FC Barcelona, donde encajó desde el primer momento y hasta su retirada. También fue el Barça donde comenzó a entrenar, sustituyendo Guardiola en el filial. De allí daría el salto a la Roma, luego al Celta, y de nuevo al Barça, donde en su primera temporada ha hecho el segundo triplete de la historia del Barça: Champions, liga y copa.

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Pep Guardiola, más que un entrenador

Pep Guardiola (Foto: Jaume Bach)

Pep Guardiola (Foto: Jaume Bach)

Imborrable la imagen de aquel recogepelotas renacuajo que al terminar una semifinal de Copa de Europa entre el Barça y el Goteborg en 86 reclamaba a Víctor Muñoz la camiseta. Veintidós años después ese mismo niño, haciendo ahora de entrenador del primer equipo del FC Barcelona, pedía, al margen del resultado, intensidad a los recogepelotas de un Barça-Madrid. Un poético bucle que resume la intensidad de un futbolero de los pies a la cabeza: Pep Guardiola (1971).

En medio, aquel niño que idolatraba a Michel Platini, de quien tenía un póster colgado en la habitación, se ha hecho mayor y en más de un sentido. Del Gimnàstic de Manresa pasó a la Masía. Después de crecer en las categorías inferiores del Barça, debutó en el primer equipo el 16 de diciembre de 1990 contra el Cádiz, y lo hizo como titular. A partir del año 1991, Johan Cruyff lo seleccionó como medio-centro del primer equipo. Inmediatamente se convirtió en el director de orquesta del memorable Dream Team. Tras la retirada de José Mari Bakero, Guardiola se convirtió en el capitán del equipo.

La segunda parte de Pep Guardiola en el Barça comienza en junio de 2007, cuando se pone delante del Barça B, y un temporada después, el día 5 de junio de 2008, firma con el presidente del Barça entonces Joan Laporta, un contrato para entrenar al primer equipo, en sustitución de Frank Rijkaard. A partir de aquí y hasta 2012, el Barça vive uno de los períodos más exitosos de su historia, logrando dos champions y tres ligas, entre otros trofeos y disputando el juego más vistoso que se le recuerda.

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Albert Sánchez-Piñol, 'veni, vidi, vici'

Albert Sánchez-Piñol (Foto: Jaume Bach)

Albert Sánchez-Piñol (Foto: Jaume Bach)

Una de las mejores noticias de lo que va de siglo XXI ha sido el nacimiento literario de Albert Sánchez-Piñol (1965). El antropólogo y africanista barcelonés ha revolucionado el panorama de la literatura catalana convirtiéndose en un santiamén en un los autores más internacional. El hombre se ha transformado en un auténtico rey Midas, que convierte en best seller toda lo que toca, y encima con altas dosis de calidad en la escritura.

El foco del éxito le iluminaron de manera extraordinaria con La piel fría (2002), su primera novela. Esta obra, que sorprende por su fuerza y originalidad, consiguió un triunfo excepcional de ventas y crítica, vendiéndose los derechos de traducción a 37 lenguas, que se dice pronto, y logrando la edición catalana más de 150.000 ventas. La piel fría cuenta la historia de un antiguo luchador de la independencia de Irlanda que, desengañado de la vida, huye de la sociedad y se refugia en una isla perdida en medio del océano Atlántico, donde hace de oficial atmosférico. En la isla hay un faro y un solo habitante, de difícil convivencia, y seres monstruosos. Con todo ello, Sánchez Piñol crea un estudio antropológico sobre la relación entre los dos hombres y sus soledades.

Sánchez Piñol probó de estudiar Derecho, pero finalmente se decantó por la antropología, especializándose en estudios de África. Para concluir su tesis doctoral viajó en los años 90 al Congo. Del tercer país más grande de África, el escritor catalán debió salir por piernas, huyendo de la guerra civil. De aquellos conocimientos después escribiría Pandora en el Congo (2005), donde Piñol narra la historia de un joven galés que viaja al Congo con dos aristócratas a explotar una mina y cómo, después y en tiempos de la Primera Guerra Mundial, cuenta su historia a un periodista.

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Lucía Caram, la monja 'cojonera'

Sor Lucía Caram. (Ilustración: Jaume Bach)

De verborrea excelsa, la argentina catalana se ha convertido en los últimos años en una monja rara avis. Sor Lucía Caram, nacida en Tucumán (Argentina) en 1966 y residente en Manresa desde hace más de veinte años, se ha convertido en una monja mediática que se rifan los principales medios de comunicación del país porque con su locuacidad, simpatía y carencia de pelos en la lengua, convence y gusta al gran público. La llaman monja 'cojonera' y ella no tiene ningún tipo de objección a añadir que si le llaman así será porque les toca, y los toca.

Medio en broma medio en serio, ha llegado a decir que quizás a Rajoy le costaría entrar en el cielo, luego matizó: entrar entrará porque Dios se misericordioso, pero no por méritos propios. En su cruzada contra la pobreza también ha llegado a pedir la dimisión del ministro Montoro. De gira mediática constante, no ha tenido problemas en polemizar con personajes de todo tipo, desde el pequeño Nicolás hasta el ex jefe de comunicación del primer gobierno de Aznar, Miguel Ángel Rodríguez.

La polvareda que se ha levantado en torno a la monja revolucionaria dificulta a menudo conocer su trajín diario y tarea principal: aparte de levantarse temprano muy temprano, como evangelizaba Pep Guardiola, para rezar, Caram multiplica como si fueran panes y peces sus horas para ayudar a los pobres. Con este objetivo, que la ocupa y preocupa, forma parte de la Fundación Rosa Oriol de Manresa.

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Jorge Fernández Díaz, a la derecha de la derecha

Jorge Fernández Díaz. (Foto: Jaume Bach)

Jorge Fernández Díaz. (Foto: Jaume Bach)

El único ministro catalán del gobierno de Mariano Rajoy, Jorge Fernández Díaz, nació en realidad en Valladolid (1950), si bien su familia se estableció en Barcelona en 1953. Hijo de militar falangista, estudió ingeniería industrial, y ha sido inspector de trabajo y seguridad social e ingeniero del Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo. Se dedica a la política desde los 28 años, habiendo militado en partidos de derechas desde la transición: UCD, CDS y hasta llegar a Alianza Popular, actual PP. Fernández Díaz también es reconocido por su enorme religiosidad, que lo ha convertido en miembro supernumerario del Opus Dei. Desde el 22 de diciembre de 2011 es ministro del Interior de España.

Antes de llegar al Ministerio del Interior, una de las carteras más apreciadas del Gobierno, Fernández Díaz ha jugado casi los papeles en política: diputado durante muchos mandatos en el Congreso, diputado en el Parlament de Catalunya, concejal del Ayuntamiento de Barcelona y senador. Durante el gobierno de José María Aznar ocupó diversos cargos públicos: Secretario de Estado para las Administraciones Territoriales, de Educación, Universidades, Investigación y Desarrollo, y de Relaciones con las Cortes.

Fernández Díaz se convierte en uno de los primeros ministros del Interior que puede disfrutar del cargo sin la amenaza de la espada de Damocles del terrorismo etarra. Lejos de aprovechar este respiro, el veterano político se ha complicado la vida hasta voltear una de las tendencias más inamovibles del departamento: la valoración de los máximos responsables de Interior en las encuestas del CIS siempre ha sido una de las más altas, excepto en Fernández Díaz, al que le ha pasado justo lo contrario. El ministro no recoge simpatías ni dentro ni fuera del departamento y sus resbalones son públicos y notorios. Así, los suyos no le perdonan clamorosas ausencias en funerales de agentes muertos en acto de servicio. También se cuestiona su gestión de fronteras, con la polémica de las vallas de Ceuta y Melilla. O cuando el programa "Salvados" le preguntaba sobre las acusaciones de políticos que le señalan como culpable de las filtraciones de la UDEF y él respondió con un lacónico "¿y?" No menos increíble y polémica fue la comparación que hizo del aborto con ETA. Aunque a un nivel si se quiere más anecdótico, llamó la atención la concesión a una Virgen de la medalla al mérito policial. Y más recientemente ha puesto la guinda al pastel de su ministerio con la controvertida ley mordaza, que ha dado -y todo parece indicar que seguirá dando- mucho que hablar.

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Juanjo Puigcorbé, 'el rey de la comedia'

Caricatura Juanjo Puigcorbé

Il·lustració: Jaume Bach

El actor barcelonés Joan Josep Puigcorbé y Benaigues, más conocido como Juanjo Puigcorbé (1955), ha decidido colgar de manera temporal la careta de comediante para meterse en política. Irá de dos en la lista de Esquerra Republicana de Catalunya en el Ayuntamiento de Barcelona, justo detrás del escritor Alfred Bosch. A tenor de los anuncios, parece que la política deja de ser un terreno poco atrayente para los artistas. Puigcorbé es uno de los que han decidido salir del armario y ponerse el disfraz de político. A menudo se le ha visto comprometido en alguna causa, pero siempre guardando cierta distancia, que ahora ha decidido romper.

Puigcorbé es maragallista confeso. De hecho, recuerda con emoción como participó en el mitin que Maragall hizo en el Palau Sant Jordi en 1999, junto con Felipe González y Narcís Serra. Recuerda como la víspera cenó con los protagonistas y como González 'comprar' la idea federalista. Al día siguiente, el que fue tantos años presidente del Gobierno decía en el mitin: "Estimado Juanjo, yo apoyo al federalismo ...". Y Maragall también se refirió, y destacados socialistas como Joaquín Almunia se levantaron y se fueron. Tiempo después, como otros catalanes federalistas, Puigcorbé llega a la conclusión de que por este camino no se va a Roma y decide cambiar de vía, y se añade al reclamo independentista.

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Alícia Sánchez-Camacho, la Thatcher catalana

Alícia Sánchez Camacho / Il·lustració: Jaume Bach

Il·lustració: Jaume Bach

Mariano Rajoy la devolvió a Catalunya en 2008 para poner orden al desbarajuste post piquerismo. No sin dificultades, pero con mano de hierro, la Thatcher catalana no sólo alineó los populares catalanes más díscolos, sino que, de propina, consiguió superar el listón electoral del todopoderoso Aleix Vidal-Cuadros. Unos éxitos logrados a golpe de carácter y rehuyendo las disimulos catalanistas de sus predecesor más inmediatos. Sánchez-Camacho vino con el encargo de fustigar el independentismo, y a fe de Dios que lo ha hecho y lo sigue haciendo.

Hija del comandante de la Guardia Civil Francisco Sánchez-Camacho -de tal padre, tal hija-, la pequeña de la familia Camacho Pérez forjó su carácter nadando a contracorriente en las catalanistas tierras gerundenses. Se licenció en derecho y estudió un máster en Administración Pública. A partir de ahí, fue juez sustituta, directora provincial de Trabajo en Girona, subdirectora general de Formación Profesional, directora del Instituto de Seguridad e Higiene en el Trabajo y consejera laboral de la Embajada Española en Washington DC. Desde el 5 de julio de 2008 y hasta la fecha es presidenta del Partido Popular de Catalunya, también es diputada y ha sido senadora.

Alicia de pequeña quería ser bailarina, pero su destino la ha llevado por senderos alejados de la plástica y la armonía de la danza. Política de confianza del presidente Rajoy, ahora afronta el reto de detener un independentismo en horas altas. Pero en la política catalana le ha salido un fuerte competidor en la cruzada contra el independentismo: Albert Rivera. Así, Sánchez-Camacho se esfuerza sin éxito por recuperar la exclusividad del espacio robado. Las encuestas la alejan irremediablemente de los diecinueve diputados, al tiempo que ve como su nuevo rival la adelanta por la derecha. A codazos intenta hacerse un lugar en un espacio político que busca nuevos actores. Con su verbo apasionado, alza la voz creyendo que así impondrá su razón.

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