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Albert Boadella, Ubú juglar

A golpes de provocación, el barcelonés parece haber quedado atrapado en una de sus caricaturas. No se hace difícil verlo como el célebre Ubú rey, obra teatral que adaptó para parodiar con exitoso resultado al ex Pujol

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Albert Boadella. (Ilustración: Jaume Bach)

Albert Boadella. (Ilustración: Jaume Bach)

Hubo un tiempo, no muy lejano, que la gente se levantaba cuando oía hablar de Albert Boadella (1943) y le reverenciaba. Se había ganado a pulso un prestigio en el escenario teatral catalán como actor y dramaturgo. El paso de los años no perdona, ni a los joglars. A golpes de provocación, el barcelonés parece haber quedado atrapado en una de sus caricaturas. No se hace difícil verlo como el célebre Ubú rey, obra teatral de Alfred Jarry, que Boadella adaptó para parodiar con exitoso resultado al expresident Pujol. Sin la grotesca panza, pero igualmente con desproporcionado egocentrismo, el ex de los Joglars no parece medir ni controlar sus desprecios, que lejos de disminuir aumentan a grandes zancadas y de manera imparable.

El joven Boadella estudió arte dramático en el Institut del Teatre de Barcelona y el Centro Dramatique del Este en Estrasburgo, y expresión corporal en París. Su primer oficio, cuando todavía estudiaba, fue de mimo para la compañía Italo Riccardi. Con sólo 19 años fundó conjuntamente con Carlota Soldevila y Anton Font, Els Joglars, una compañía teatral que con los años adquirió extraordinario prestigio y donde Boadella ha desarrollado la mayor parte de su trayectoria profesional. Azote de los poderes fácticos, ya sean políticos pero especialmente religiosos, el dramaturgo ha usado siempre la ironía para desgarrar sin piedad a los más poderosos.

Su primer gran escándalo llegó con La Torna (1977), fue acusado de injurias al ejército y fue encarcelado. Posteriormente protagonizó una espectacular fuga de la cárcel y se exilió en Francia. En su regreso a Barcelona, Boadella no rebaja un ápice su crítica. Con Ubú president criticaba con extraordinaria acidez al entonces presidente de la Generalitat de Catalunya, Jordi Pujol. En aquella época, ni el pintor Salvador Dalí se escapaba de las parodias joglarescas.

Por otro lado, llama la atención la evolución política del personaje, que pasa de festejar con el catalanismo en su más tierna juventud y de enfrentarse al franquismo desde posiciones de izquierdas, a defender posiciones que no pocos acusan de catalanófobas. Se opone con contundencia a lo que él mismo llama "deriva soberanista", que sitúa a partir del Pacto del Tinell y señala al PSC como principal culpable. Más recientemente y con relación al 9-N, Boadella ha instado al Gobierno español a "no tener piedad con Catalunya". También ha dicho que "si no hubiera existido el catalán habríamos sido más felices".

Ya hace tiempo que dejó Els Joglars, y ahora vive, como él mismo describe, exiliado en la capital de España, siendo director artístico de los teatros de la Comunidad de Madrid. Un alejamiento voluntario de Catalunya, no sólo físico, que ha descrito en el libro "Adiós Cataluña", con el que ganó el premio Espasa de ensayo.

A Boadella no le molesta que le llamen bufón , al contrario, siempre ha manifestado que le gusta. Y bien mirado, como los bufones dice lo que quiere, pero también como hace ellos, últimamente lo hace sin dejar de complacer a la corte que lo paga.

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