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Luis Enrique, el genio imperfecto

Amante del surf y de las maratones, Lucho ha sabido de momento mantener el equilibrio en un mar, el del Barça, siempre de aguas agitadas, y conservar sin desfallecer una resistencia que unos cuantos han puesto a prueba

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Luis Enrique (Ilustración: Jaume Bach)

Luis Enrique (Ilustración: Jaume Bach)

En una sola temporada ha sido capaz de todo y más: ilusionar, hacer dudar, desconfiar, decepcionar, enfadarse, reñir con el Messi, con la directiva, volver a ilusionar, hacer soñar, maravillarse, abrazarse con Messi... Él no se ha movido de lugar, ha sido el temido entorno del Barça, que es de tipo movedizo, propenso al baile de San Vito, de forfollar fácil, que no ha parado de subir y bajar de la crítica al elogio... Impertérrito, como quien oye llover, Luis Enrique (1970) se ha mantenido fiel a su filosofía y, después de sembrar en medio de la tormenta, recoge ahora, ya con la calma, los frutos esperados. Ahora ya es un héroe. Aquí es fácil pasar de demonio a santo sin necesidad de beatificación.

Más genio de carácter que de divinidad sobrenatural, el asturiano volvió a repetir lo que ya hizo como jugador: ser él, no cambiar, y ganarse a la gente a fuego lento, a golpe de trabajo y autenticidad. Así, alejado de la divinidad, siendo una persona normal y corriente, con defectos y virtudes, Luis Enrique ha vuelto a ganar el selectivo corazón culé. Si antes supo hacerse perdonar por su pasado madridista, ahora ha conseguido sobrevivir y marcar estilo propio después del ciclo Guardiola, un reto, sino imposible, nada fácil.

Cuando era jugador ya era versátil, terminó jugando en casi todas las posiciones de campo, salvo portero y defensa central. Tres clubes han marcado su carrera como profesional del fútbol: el Sporting de Gijón, donde debutó en Primera División, el Real Madrid, donde creció, y el FC Barcelona, donde se retiró. Como destacó muy pronto en el club de su tierra, el Madrid decidió ficharlo. Su periplo merengue está lleno de luces y sombras, pero al final pesaron más las segundas y fichó por el FC Barcelona, donde encajó desde el primer momento y hasta su retirada. También fue el Barça donde comenzó a entrenar, sustituyendo Guardiola en el filial. De allí daría el salto a la Roma, luego al Celta, y de nuevo al Barça, donde en su primera temporada ha hecho el segundo triplete de la historia del Barça: Champions, liga y copa.

Perro viejo, el asturiano ha escenificado en la recta final de la temporada el deshojar la margarita de su futuro, dejándose querer. Enfrentado a la directiva por el cese de Andoni Zubizarreta, amigo y director deportivo que lo fichó, finalmente ha elegido pero continuar en el Barça, ampliando, incluso, su contrato.

Amante del surf y de las maratones, Lucho ha sabido de momento mantener el equilibrio en un mar, el del Barça, siempre de aguas agitadas, y conservar sin desfallecer una resistencia que unos cuantos han puesto a prueba a lo largo de una temporada que bien está porque bien termina.

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