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Estrellas o cantera: ¿cómo repartir la inversión en ciencia?

Fútbol de laboratorio

La cuesta de Enero nos ha traído la noticia de la marcha de Juan Carlos Izpisúa de España. Lo que primero parecía un nuevo episodio de fuga de cerebros ha ido seguido de una serie de revelaciones acerca de la gestión del Centro de Medicina Regenerativa de Barcelona como simple satélite de su laboratorio en el Salk Institute for Biological Studies de La Jolla, en California (discutidos, por ejemplo, en eldiario.es, Materia [ 1 y 2] o El País [ 1 y 2]). Lo que está claro es que el caso de Izpisúa es un ejemplo paradigmático de algunas de las flaquezas de la política científica española. Parece innegable que tanto la talla de los hallazgos liderados por Izpisúa (un potencial Premio Nobel) como el impacto que tendrán sobre la medicina del futuro cercano convierten esta marcha en una pérdida significativa para el sistema de I+D+i español. Pero también cabe reflexionar hasta qué punto vale la pena centralizar la inversión en este tipo de “ estrellas científicas”. Usamos el término “estrella” en lugar de “líder científico” porque el primero es el más utilizado en la literatura científica que hemos consultado y porque líderes son también muchos otros científicos que dirigen o coordinan equipos pequeños, medianos o grandes: un detalle que, como veremos, no debe desdeñarse.

Como miembros de un sistema de I+D+i que debe ser capaz de contribuir al desarrollo y la mejora de las condiciones de vida de la sociedad española, debemos preguntarnos si este tipo de acuerdos con estrellas internacionales son la mejor forma de invertir los limitados recursos de que disponemos. Sin conocer el caso de primera mano es difícil opinar acerca de si la gestión del Centro de Medicina Regenerativa de Barcelona ha estado a la altura de lo esperable de un científico de la talla de Izpisúa o no. Pero el hecho de que su marcha implique la pérdida de 18 de 21 proyectos en curso parece indicar que su impacto sobre el centro es más coyuntural que estructural, y su efecto sobre nuestro sistema de I+D probablemente muy inferior al de la sangría de jóvenes investigadores a los que la política científica actual niega la posibilidad de establecer sus equipos y proyectos en España, abocándolos al exilio forzoso. Estos Quijotes, de los que nos ocupábamos hace unos meses, están (o estaban) atrayendo proyectos seguramente de menor cuantía que los del Centro de Medicina Regenerativa y probablemente aportando avances más modestos al conocimiento científico. Pero, al hacerlo, estaban contribuyendo a generar una estructura sólida de crecimiento futuro que (a tenor de lo leído sobre este centro) la centralización del laboratorio de Izpisúa alrededor del Salk Institute no ha permitido generar.

Un buen ejemplo de por qué a veces invertir en determinadas estrellas puede no ser la mejor opción viene de examinar el campo en el que, quizás, la innovación española ha obtenido sus mejores resultados en los últimos años: el fútbol. Puede parecer una trivialidad, pero el desarrollo del fútbol de élite en España puede darnos algunas ideas de en qué condiciones es bueno invertir en estrellas de la ciencia, y en qué otras esta estrategia representa una mala inversión a medio o largo plazo. La inversión realizada desde los años 80, tanto en fichajes millonarios de estrellas como en el fútbol de base, convirtió a la Liga Española en la más importante del mundo durante los años 90. Sin embargo, hasta 2008, este liderazgo (reconocido a nivel mundial, aunque tal vez no tan superlativo como nuestros medios publicitaban) no se tradujo en éxitos a nivel de selección nacional (posiblemente, el mejor indicador de la eficacia y excelencia del sistema). Durante años los fichajes estrella de la liga más cara del mundo se estrellaron repetidamente contra el muro de los cuartos de final en las competiciones a nivel de selección. Si la relación entre fichar estrellas y tener éxitos fuera directa, algo nos habríamos llevado para hinchar el pecho ante nuestros vecinos entre el gol en blanco y negro de Marcelino a Rusia en la Eurocopa de 1964 y el de Torres a Alemania en la de 2008. Fueron 44 años, 30 de ellos con inversiones millonarias: ahí es nada. Y, de repente, una selección de tíos igual de bajitos y con la misma tendencia a la alopecia que los de antes, que corren igual que antes y sufren arbitrajes tan polémicos como los de antes, lo gana todo y se convierte en la mejor del mundo. ¿Por qué?

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Brujos y aprendices de la energía nuclear

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Aprendiz de brujo nuclear - Ilustracion de Yoana Novoa

La historia del Aprendiz de Brujo pertenece a un poema de Goethe, que la música de Dukas y los dibujos de Disney han hecho muy popular. En esta historia un aprendiz de magia y brujería da vida a una escoba durante la ausencia de su maestro para que realice todas las trabajosas tareas que tenía encomendadas. El aprendiz, incapaz de recordar las palabras mágicas para detener a la escoba que estaba vertiendo demasiada agua para limpiar el cuarto, la quiere detener rompiéndola. Esto empeora las cosas, ya que la escoba se multiplica y comienza a generar una inundación, que es al final evitada con la llegada del maestro.


La humanidad, con su creciente demanda de energía, ha estado siempre buscando formas de controlarla y ponerla a su servicio. Posiblemente nunca hayamos encarnado mejor el papel de aprendices de brujo que con la energía nuclear. Con el objetivo de generar grandes cantidades de energía se realizaron en la década de los 40 del pasado siglo diversos experimentos explorando la reacción nuclear de fisión. Los primeros ensayos fueron principalmente de índole militar, y culminaron con las bombas arrojadas sobre Hiroshima y Nagasaki en el verano de 1945 y que precipitaron la rendición de Japón y el final de la Segunda Guerra Mundial. Aunque irónicamente la fuerza demoledora de las bombas nucleares asentó la paz entre los países occidentales hasta nuestros días, algunos ya vemos en esto un mal comienzo para el programa de desarrollo nuclear. Una característica clave de la energía nuclear es la alta calidad de la energía por unidad de masa de material utilizado, muy superior a cualquier otro tipo de energía conocida por el ser humano. Destaca también la poca eficiencia de un proceso en el que se pierde entre un 86% y un 92% de la energía liberada. Pero por encima de todo destaca el manifiesto descontrol que tenemos de los dos problemas principales, el de los residuos radioactivos y el de los riesgos de accidentes nucleares. Los residuos tienen un largo periodo de peligrosidad y deben almacenarse durante miles de años, pero ¿quién asegura la estabilidad geológica de los almacenes en esa escala temporal? Eso por no hablar de la estabilidad sociopolítica y de los riesgos de sabotaje y terrorismo en relación a los almacenes nucleares, algo que cambia en marcos temporales de pocas décadas. 

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Causa y efecto: el ejemplo de la Astrología como pseudociencia

Las Pléyades

Desde tiempos remotos los humanos han intentado predecir una gran variedad de sucesos en función de lo que ocurría en el firmamento. Es obvio que esta querencia por la interpretación del patrón celestial se basa en la experiencia. Desde los bosques tropicales hasta los polos, pasando por los desiertos o la campiña francesa, la posición de las constelaciones a una determinada hora del día puede anunciar de manera más o menos exacta la proximidad de la época lluviosa o el invierno (dependiendo de las coordenadas del globo en que nos encontremos). Así el nacimiento de la Astrología podría haber tenido inicialmente una base puramente empírica, basada en experiencias o mediciones reales. Sin embargo, incluso si aceptásemos que alguna parte de la Astrología, tal y como se usa hoy día, tuviese algún poder predictivo, deberíamos preguntarnos si la causa (posición de las constelaciones) es lo que lleva al efecto (ej. perfil de personalidad). A través de este caso (la Astrología) queremos analizar en este post una de las labores principales de la ciencia: dilucidar sin ambigüedades las causas que llevan a determinados efectos observados.


Hoy en día a (casi) nadie se le ocurre pensar que son las estrellas presentes en el firmamento en un momento puntual las que tienen el poder de determinar la llegada de las lluvias, tal y como presupondría una Astrología ancestral y geocéntrica. Y eso a pesar de que la estacionalidad sí tiene que ver con la interacción entre la Tierra y el Sol. La diferencia entre la verdadera causa de la estacionalidad (la inclinación del eje de La Tierra respecto a la eclíptica que hace que el Sol incida de manera diferente sobre los diferentes puntos de ésta en diferentes épocas del año) y la coincidencia entre las estaciones y la posición de las constelaciones nos lleva a un corolario importante en ciencia: “ correlación no implica causalidad”. Con el movimiento del globo terráqueo alrededor del sol, la noche nos orienta a una parte diferente del firmamento en las diferentes estaciones. Esta es la razón de que veamos constelaciones diferentes, o bien las mismas a diferentes horas, y la razón por la que coincide con el cambio de las estaciones. Es decir, una tercera razón coincidente (la órbita terrestre) explica la asociación entre la configuración del firmamento y la estacionalidad, en un claro ejemplo de como correlación no implica causalidad.

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Ha nacido la universidad concertada

Sin financiación no hay excelencia

Sí, ya lo sé, esto es un blog de ciencia. Como otras veces nos asalta la duda, y nos parece que como decía Soulé al definir la Biología de Conservación: es una ciencia de crisis que exige respuestas (Soulé, 1985 What is Conservation Biology, Bioscience). Pues eso, son momentos excepcionales de los que no podemos escapar. Así que hablar de ciencia lo dejamos para otro post. O no. Al fin y al cabo la calidad y el éxito de nuestra investigación dependen de cómo la financiamos.

Estamos asistiendo al nacimiento de la universidad concertadade facto (la nomenclatura es nuestra y no está patentada). Como no podía ser de otra forma, la Comunidad de Madrid constituye una punta de lanza en esta cruzada por alcanzar nuevos escenarios de degradación de lo público. Sí, sé que suena raro, pero ¿cómo podemos denominar al hecho de que los recién aprobados presupuestos de la Universidad Rey Juan Carlos (o URJC, una de las seis universidades públicas de la Comunidad de Madrid) contemplen que de los 110 millones de euros de presupuesto para el año 2014, la friolera de 47 millones son ingresos propios y el resto de transferencia corriente? Se ha aprobado en esos términos. El Consejo de Gobierno de dicha universidad ha dicho que sí. ¿Qué remedio?, como las lentejas, si quieres bien, y si no las dejas.

Lo de ingresos propios es un pequeño eufemismo, dado que en su gran mayoría se trata de ingresos vía tasas y matrículas de los alumnos. Es decir que la URJC debe generar cerca de la mitad de lo que necesita para mantener todos sus servicios. Es una situación absolutamente nueva en la historia de la universidad pública española donde los ingresos propios hasta hace un par de años nunca se habían acercado a un 15% de los presupuestos totales. No sabemos, quizá es una de las ideas que la reforma que tiene en cartera nuestro siempre reverenciado ministro Wert pronto esgrimirá ( ver el artículo de Prado Campos en diario.es).

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Cuando la medicina puede curar pero la fe obliga a morir

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Víctimas de la sanación basada en la fe

Se ha escrito mucho sobre la coexistencia de ciencia y religión. Uno de los argumentos más utilizados por los denominados “ acomodacionistas” es que religión y ciencia tan solo representan dos formas diferentes y complementarias de acceder al conocimiento, y que, al analizar aspectos trascendentes a la realidad, la ciencia no tiene nada que aportar sobre “las grandes preguntas” que abordan las religiones.

Sin embargo, hay al menos tres importantes áreas en que ciencia y religión entran en abierto conflicto. Primero, cuando la religión defiende dogmas que están en abierta contradicción con hechos comprobados científicamente. Segundo, cuando la religión utiliza hechos, interpretaciones o jerga pseudocientíficos para hacer que las argumentaciones que soportan esos dogmas sean (en ausencia de un escrutinio detallado) más convincentes. Y tercero, cuando intenta imponer esos dogmas a todos los ciudadanos, forzándoles a convertirse en feligreses “de facto”. Es por ello que algunos críticos del acomodacionismo lo consideran como “fundamentalismo con piel de cordero”.

Este debate podría ser tan sólo dialéctico si no fuera por las consecuencias realmente dramáticas que acarrean algunas creencias de religiones oficiales o muy extendidas, a menudo con la complicidad de una tolerancia legislativa que excede ampliamente la legítima garantía a la libertad de culto.

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El científico ante la sociedad: ¿zapatero a tus zapatos?

Zapatero

Cuenta Plinio el Viejo, allá por el siglo I, que el famoso pintor griego Apeles estaba siempre pendiente de lo que el público opinara de sus obras. Hasta tal punto le importaban las críticas que cuando un zapatero encontró que las sandalias que había pintado en un cuadro eran demasiado grandes, las corrigió con diligencia. Sin embargo, cuando al día siguiente el mismo zapatero, posiblemente crecido por el efecto de sus observaciones, comenzó a criticar otras partes de la pintura, Apeles le soltó aquello de "zapatero, a tus zapatos."

Muchos profesionales se encuentran tarde o temprano ante situaciones análogas a las del zapatero  griego, opinando sobre temas ajenos o muy indirectamente relacionados con su profesión. El debate sobre la ética periodística y el estilo a seguir al cubrir la información cobra mayor actualidad ante la creciente injerencia de otros profesionales y del público en general, el llamado periodismo ciudadano, en la cobertura de noticias y eventos. El periodismo tiene tintes políticos claros en países como Estados Unidos mientras que en otros, como España, se pretende establecer una barrera estricta entre información y opinión, cuando un repaso a los contenidos (o a la falta de contenidos, que a veces es aún más ilustrativa de la ideología) muestra que ningún medio permanece ajeno al color político. El periodismo, que se ve forzado a reinventarse constantemente en esta era de la información global y rápida, requiere más que nunca de profesionales y quizá hasta de activistas, pues como se pregunta la profesora Ana Azurmendi "¿Queremos noticias planas como las instrucciones de una lavadora?". Tal como describe Merche Negro, en su postrera entrada en eldiario.es, asistimos a una proliferación de tertulianos, columnistas y opinadores en general, situación empujada por el hecho de que, en palabras de editores y responsables de prensa, la opinión es lo que más se lee y es lo más barato. Pero opinar es bien distinto de informar, y eso le ha llevado a la autora de ese último post a dejar de opinar, en un esfuerzo por recuperar y practicar la esencia de su profesión como periodista.

Los científicos pasamos por situaciones muy similares. Basta con comprobar los contenidos de esta sección. Hay un cúmulo de situaciones que explican y quizá justifican esta intromisión de los científicos en las actividades de comunicación, difusión y, también, de opinión. Por un lado la sociedad, que financia  buena parte de sus actividades, demanda y merece atención e información rápida y asequible. Por otro lado, los científicos nos rasgamos las vestiduras cuando vemos algunas reseñas científicas y saltamos a la palestra en un intento quijotesco de desfacer entuertos. Nuestras propias instituciones (universidades, organismos de investigación) van premiando cada día un poco más estas incursiones en ámbitos sociales ya que dan visibilidad a la actividad científica que apoyan y financian. Muchas cuestiones técnicas requieren, además, de la participación directa de científicos en gabinetes de asesoramiento a políticos o en programas destinados a generar opinión en la sociedad sobre las bases del conocimiento. El paso del laboratorio a la columna de un periódico o al plató de televisión es casi inevitable cuando el tema de investigación es relevante o simplemente seductor para la sociedad. Y el siguiente paso, el de comentar y opinar sobre temas satelitales al de la investigación concreta de que se trate, es, también, casi inevitable. ¿Debe el científico dar un paso atrás y delegar en periodistas y otros profesionales la transferencia de su conocimiento a la sociedad? ¿ Dónde están los límites entre informar, divulgar y opinar cuando la sociedad lo que exige con frecuencia a los científicos es que se comprometan y den una respuesta clara a cuestiones que científicamente no suelen estar del todo resueltas?

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Ciencia espuria, democracia endeble

The Shine Dome, sede de la Australian Academy of Science en Canberra.

En muchos sentidos, aunque con tiempos y formas distintas, la buena ciencia es como el buen periodismo: centrada en el objetivo de buscar la verdad y hacer partícipe de ella al resto de la sociedad, llega a extremos de gran sofisticación para protegerse de quienes, por interés o prejuicio, prefieren que ésta solo llegue a descubrirse y revelarse cuando no les incomoda.

Y también como el periodismo está sujeta a la interferencia de intereses contrarios a este objetivo: desde la utilización de redes de influencias para controlar los recursos, publicaciones o paradigmas vigentes hasta la búsqueda del éxito y la fama rápida mediante el plagio o el fraude.

No es por ello extraño que, al igual que la independencia respecto a quienes ostentan el poder es consustancial al buen periodismo y la buena investigación, el escrutinio y crítica de todas las decisiones políticas indican un ejercicio respetuoso del poder. Por todo ello, la sumisión de la investigación a los intereses de administraciones y empresas sería una muy mala noticia para los ciudadanos.

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De Cajales a Quijotes

Un clásico en España, por Thierry Torres / http://thierrytorres.blogspot.com.es/

En una universidad señera, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un investigador español de los de currículum excelente, experiencia antigua, buenas ideas y oficio investigador.

Una olla de algo más orgánico que transgénico, jamón de casa las más noches, turismo y cenas con los colegas los sábados, lentejas los viernes, algún lujo de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda. El resto della concluían sayo de calidad para aguantar el frío, calzas elegantes para las fiestas con sus pantuflos de lo mismo, los días de entre semana se honraba con ropa cómoda de lo más fino. Tenía en su grupo una postdoc que pasaba de los cuarenta, y una doctoranda que no llegaba a los veinte, y un técnico de campo y plaza, que así ajustaba el material como hacía experimentos.

Frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cuarenta años, era de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro; gran madrugador y amigo de la conversación. Quieren decir que tenía el sobrenombre de Quijada o Quesada (que en esto hay alguna diferencia en los autores que deste caso escriben), aunque por conjeturas verosímiles se deja entender que se llama Quijana; pero esto importa poco a nuestro cuento; basta que en la narración dél no se salga un punto de la verdad.

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El desPrestigio de todo un sistema

Vertido de chapapote del Prestige en la costa da morte. Foto de Stéphane M. Grueso, perteneciente al documental "Historias del Chapapote" (Backpackvideo Films, 2003). Más info en: www.steph.es.

Alaska, 24 de marzo de 1989. El petrolero Exxon Valdez causa un vertido de entre treinta y cuarenta mil toneladas de crudo en la costa de Alaska, contaminando 2.100 km de costa y 28.000 km2 de océano. La gestión de esta crisis por Exxon fue lenta y deficiente, centrada en contener daños de imagen y evadir responsabilidades. Esa forma de abordar el problema le generó grandes costes: 2.500 millones de dólares por los trabajos de limpieza, 1.100 millones de dólares en varios acuerdos para evitar la acción judicial, una indemnización de 287 millones de dólares y una multa (daño punitivo) de 5.000 millones de dólares – aunque, tras varias apelaciones, ésta fue reducida a 507.5 millones de dólares, que Exxon pagó en 2009. Las causas del desastre incluyeron las reducciones en el tamaño de la tripulación y las deficiencias en la instalación, mantenimiento y operación del equipo necesario para operar el barco. Tras él, el congreso de EEUU introdujo el Acta de Contaminación por Petróleo ( OPA) en 1990, que exige a las compañías planes para la prevención, control y limpieza de vertidos de crudo, prohíbe operar en Alaska a aquellos que han causado vertidos de más de 3,78 millones de litros (como la propia Exxon) y prohíbe los petroleros monocasco de más de 5000 toneladas en aguas de EEUU a partir de 2010.

Península de Bretaña, diez años después: 12 de diciembre de 1999. El petrolero monocasco Erika, contruido en Japón en 1975, fletado por Total-Fina-Elf, propiedad de la empresa maltesa Tevere Shipping y operado por la compañía italiana Panaship con certificados de la empresa italiana RINA, se parte y hunde vertiendo entre cuatro mil y veinte mil de las 31.000 toneladas de petróleo que transportaba y contaminando 400 km de costa. En 2008, la empresa RINA y los propietarios de Tevere Shiping y Panaship son condenados a pagar de forma solidaria 192 millones de euros y multas individuales. La sentencia también concluyó que Total SA fue culpable de imprudencia y la obligó a pagar una multa de 375.000 euros y cerca de 400 millones de euros a los grupos involucrados en la operación de limpieza. Esta sentencia fue ratificada en 2010, y el accidente del Erika ha cambiado la legislación ambiental francesa. Obligó a las cortes de justicia francesas a examinar la interacción entre la legislación nacional e internacional y, al hacerlo, a reafirmar su jurisdicción sobre este tipo de incidentes e implementar reformas a la ley criminal marítima francesa. La ley francesa de contaminación ambiental de 1983 fue además complementada con legislación introducida en 2001, 2004 y 2008, que establece una lista de todos los daños ambientales que cualifican para compensación frente a las cortes francesas y eleva las multas criminales desde 375.000 a un millón de euros.

Galicia, tres años después: 13 de noviembre de 2002. El petrolero monocasco Prestige tiene un accidente mientras transita frente a la Costa de la Muerte y acaba vertiendo más de 50.000 toneladas de petróleo que causan la marea negra que afectó las costas del norte de Portugal, todo el norte de España y SO de Francia. En base a los ejemplos anteriores, uno podría pensar que un accidente así acabaría en una condena ejemplar a las empresas propietaria (la liberiana Mare Shipping), explotadora (la griega Universe Maritime), clasificadora (la americana ABS) y propietaria de la carga (la rusa Crown Resources). Parece indudable que el accidente inicial, que causó una vía de agua que afectaba a dos tanques de lastre, estaba directamente relacionado con las malas condiciones del petrolero, de 26 años de antigüedad y cuya última reparación en China fue una chapuza (las 1000 toneladas de acero que debían sustituirse acabaron siendo 362) refrendada por la certificadora ABS. Sin embargo, la gestión de la crisis por las autoridades españolas que, en lugar de permitir que el buque se acercarse a puerto para repararlo y contener el vertido, le obligaron a alejarse de la costa hasta provocar su hundimiento a 250 km de ésta, las convirtieron en co-responsables del accidente –haciendo prácticamente imposible delimitar las responsabilidades a las empresas mencionadas e iniciando la consabida espiral de encubrimientos, inacciones y presiones encaminados a frenar la acción de la justicia.

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Ahorcados con cinta roja

Monigote McCoy

Según el Diccionario de la lengua española, un balduque es una “cinta estrecha, por lo común encarnada, usada en las oficinas para atar legajos”. Parece que el uso del balduque data de tiempos de Carlos V, quien lo utilizaría para identificar los documentos de especial importancia – los expedientes comunes se ataban con un cordel. La costumbre se extendería rápidamente entre las monarquías europeas. Y hoy día, en inglés, el término balduque ( red tape) denota “ una excesiva burocracia o adherencia a las reglas oficiales y formalidades” ( Oxford English Dictionarydixit). Desde entonces la administración española se ha distinguido por su prolífica y asfixiante burocracia, que representa uno de los principales obstáculos al funcionamiento de la investigación pública y privada – muchas empresas, sobre todo de pequeño tamaño, prefieren renunciar a las ayudas y créditos para I+D+i que enfrentarse a la burocracia que éstas exigen.

Los responsables de nuestra política son conscientes desde hace años de este problema. Hasta el punto de que tanto la Ley de Agencias aprobada en la legislatura pasada como la Estrategia y el Plan Estatal de I+D+i aprobados en ésta incluían entre sus objetivos la reducción de la burocracia. A pesar de ello, durante el último año los investigadores hemos visto un aumento de la carga burocrática, y acabamos de recibir un nuevo balducazo.

La idea, si bien un tanto retorcida, no deja de ser inteligente y es posible que hasta funcione: es fácil que acabemos disminuyendo costes. Veamos cómo funciona, porque representa un ejemplo excelente del gasto que se esconde tras la burocracia excesiva. Para evitar el despilfarro en comisiones de servicio (costes de alojamiento y transporte en viajes de trabajo), las Secretarías de Estado de Presupuestos y Gastos, y de Administraciones Públicas, establecieron el 22 de octubre una serie de instrucciones que en conjunto parecen razonables. Por ejemplo,  hay que comprar billetes con una antelación mínima y que viajar en transporte público y clase turista (esperemos que nuestros políticos se den por enterados). Lamentablemente, las instrucciones también aumentan la carga burocrática, obligando a presentar una memoria y documentos justificativos con motivaciones y explicaciones más extensas y detalladas de lo habitual. Esto implica que es necesario escribir, imprimir y firmar una memoria de 1-2 páginas para cualquier tipo de desplazamiento, como una reunión de dos horas en una población cercana o un día de trabajo de campo, que se podrían solventar con un desplazamiento en coche propio y una memoria genérica al final del proyecto o serie de reuniones. Dichas memorias, además, deben ser leídas y aprobadas por gerentes y directores de centro antes de aprobar las comisiones de servicio – con el consiguiente coste en términos de horas de trabajo que se podrían dedicar a labores más productivas, maximizando la efectividad de la administración.

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