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El arzobispo de Toledo incluye el aborto y el desempleo en una "cultura de la muerte"

Braulio Rodríguez asevera que las manifestaciones de esta "cultura de la muerte" resultan "contradictorias" en sociedades mayoritariamente cristianas

Si no se procura el "bien de todos" y ni se logra la construcción de un mundo "más humano por lo fraterno" se puede llegar a una experiencia religiosa "falsa"

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EFE

La homilía de Domingo de Resurrección del arzobispo de Toledo, Braulio Rodríguez, comienza con una reflexión: si Dios tiene conocimiento de la sociedad en la que vivimos. Así, enumera una serie de "sinsentidos", "vicios" y "evasiones" entre las que incluye abortos, inestabilidad económica personal o familiar, imposibilidad de alcanzar ideales por falta de recursos, el desempleo, la carencia de vivienda, la imposibilidad de acceder a la educación... Entre muchos otros, que también incluye la corrupción administrativa, política y gubernamental, falta de equidad e injusticia social, el hambre, las epidemias y pandemias, y la "pésima" calidad en la prestación de los servicios públicos, así como el terrorismo y los refugiados.

En definitiva, señala, se trata de "mil formas de muerte" o una "cultura de la muerte". De este modo, se pregunta si se debe seguir celebrando la Pascua con el velo "sombrío" de la duda y la tristeza. "Cada uno de nosotros, (personal y socialmente) padece carencias, desea mejores condiciones de vida, tiene la esperanza de días mejores que suponen días de mayor justicia y equidad, días de mayor y más fácil acceso a las oportunidades sociales, tiempos de mayor solidaridad, libertad y fraternidad. Todos añoramos 'el cielo nuevo en la tierra nueva'", afirma el arzobispo.

En este sentido, asegura que la resurrección de Cristo "alienta" dicha esperanza, ya que implica que se alienta "la necesidad" de mejores sistemas de educación, vivienda y salud, así como de mayor equidad y justicia. Rodríguez asegura que la Pascua "nos empuja a comprometernos por un mundo mejor, más humano, más fraterno, más solidario".

"¿No resultan las manifestaciones de la Cultura de la Muerte contradictorias y escandalosas en sociedades donde mayoritariamente nos confesamos públicamente como 'cristianos'?", se pregunta el arzobpiso. Y es que, afirma, dichas manifestaciones "chocan" contra el proyecto "fundamental" de Dios. Además, advierte de que se si no se procura el "bien de todos" ni se logra la construcción de un mundo "más humano por lo fraterno y justo", entonces la experiencia religiosa "puede llegar a ser falsa porque es hipócrita, porque la construcción que hacemos de nuestro entorno personal y social contradice los postulados, principios y valores del Evangelio de la Vida de Jesucristo".

Por eso, insta a la sociedad a examinar sus compromisos personales y familiares, así como los frutos que se han conseguido, en Toledo, España y Europa. Es tiempo para preguntarse, afirma, si los frutos y las "virtudes morales" de la sociedad "corresponden coherente y auténticamente al proyecto y cultura de la Vida abundante para todos, que emana del Evangelio". 

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