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El consumo de prostitución como un "privilegio muy violento" de los hombres

El antropólogo David Kaplún, de la Asociación de Hombres por la Igualdad de Género, relaciona la educación desigual para explicar la existencia de los 'puteros'

Desde el porno heteronormativo pasando por una educación sexual muy limitada para los jóvenes, pasando por los privilegios masculinos serán parte de su exposición en la Jornada contra la Trata organizada en la UCLM

"Lo han hecho los hombres de toda la historia", explica Kaplún, que señala que existen numerosos esquemas que los sitúan a ellos "por encima" de ellas

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La mayoría de los jóvenes madrileños ve la prostitución como un ejercicio de la libertad sexual.

fotosimagenes.org

"La  prost i tución se presenta como una conjunción de elementos que desde la mirada masculinizada tienen todo el sentido", afirma David Kaplún, consultor de la Asociación de Hombres por la Igualdad de Género, que será uno de los ponentes en la 'IV Jornada contra la prostitución y trata de personas con fines de explotación sexual. Una vulneración de los derechos humanos', que tendrá lugar en la Universidad de Castilla-La Mancha. Organizada por Médicos del Mundo, y con apoyo de la Junta de Comunidades y el Ayuntamiento de Toledo, contará con exposiciones que explicarán la situación actual de la trata en la región y en otras partes del mundo, el papel en el arte y el papel de los profesionales de la salud y el profesorado universitario en el mismo.

En 'Educación sexual y nuevas masculinidades. Por qué los hombres consumen prostitución', Kaplún trazará un recorrido por la formación que se recibe desde muy pequeño que genera, a la larga, una "masculinidad tóxica" y que establece el aspecto de "violento" de los hombres a la hora de las relaciones con el sexo opuesto. "Existe una línea que lo relaciona directamente con la testosterona, pero si fuera por eso tendríamos que ser todos más violentos que las mujeres", señala Kaplún.

El antropólogo prefiere tratar el aspecto que se vincula a razones de índole educativo, formativo y cultural, que es cuando se empiezan a ver las diferencias evidentes en el desarrollo de chicos y chicas. "En el siglo XXI seguimos viendo catálogos de juguetes que son azul y rosa. Esto, obviamente, dirige los mensajes y lleva una carga bastante fuerte y diferenciadora entre hombres y mujeres", explica. Por eso, resalta la importancia que tiene la comunicación, la afectividad y la empatía para luchar contra este tipo de mensajes impuestos. "Los juegos de chicos están relacionados con el descuido, y la violencia, y con las chicas todo lo contrario".

Educación sexual

En este sentido, llama la atención a lo limitado de la educación sexual que se recibe actualmente. "En el cole no hablas de sexo, sino que se trata en dos líneas: atención sanitaria y planificación familiar", señala. Es decir, qué hacer para no adquirir enfermedades de transmisión sexual o para evitar el embarazo. David Kaplún aboga a un enfoque en el que la persona pueda decir abiertamente "me gusta el sexo y me gusta por esto, esto es lo que me gusta. Así podremos distinguir una relación sana de una violenta". En este sentido, critica también que el sexo se trate como un "elemento mecánico" y que sus riesgos dejen de lado las relaciones entre las personas.

Esta falta de educación sexual no sólo se limita a los colegios, sino también a la familia donde no se ve "prácticamente formación" ni tampoco "espacios donde los chavales puedan conocer su sexualidad". Por eso, se limita a fuentes como el internet y la televisión, lo que ha llevado a ver a niños de incluso ocho años que están accediendo a porno. "Se accede a un porno androcéntrico, heteronormativo, y muy violento en el que no se cuidan los temas de comunicación o el afecto", asegura.

Ante esta situación, el antropólogo señala que es principalmente a los hombres, porque es entre ellos donde se genera "más violencia". "Los chavales entienden las relaciones desde un punto de vista en el que no se entiende que se puede estar maltratando a la persona con la que está. Se obliga una visión en la que incluso puede no estar a gusto, pero sino la asume será criticado", explica. La sexualidad, explica, se está investigando sólo desde la "genitalidad" pero sin tener en cuenta el resto del cuerpo.

Prostitución como un privilegio masculino

Pero, ¿cómo se aplica todo este discurso para comprender el consumo de la prostitución? "En general, la formación de los chicos está muy posicionada con esquemas que nos ponen por encima de las mujeres en muchos aspectos", explica Kaplún. En este sentido, la prostitución sería se presenta como el privilegio "más violento" al permitir acceder al cuerpo de otra persona "simplemente pagando". "Es algo evidente, lo han hecho los hombres durante toda la historia", asegura. Los chicos, afirma el investigador, se centra en lo "técnico" y en el "objetivo de la eyaculación", sin importar los medios por los que se consiga. "Desde esa formación masculinizada es muy sencillo plantear la meta como una eyaculación. Plantear la sexualidad como un instrumento genitalizado", explica.

La prostitución, resume, se muestra como una conjunción de elementos que pueden tener "todo el sentido" desde esta mirada masculinizada, fijada en la "genitalidad" y en conseguir el simple objetivo de tener un orgasmo. "Lo que proponemos es empezar a entender que importa la comunicación y que los medios son más importantes, y que esta meta, finalmente no es necesaria", explica. Esto para evitar el pensamiento de que basta con pagar por el sexo y que "no me preocupe la situación de las personas con las que estoy manteniendo las relaciones sexuales".

Este tipo de relaciones, concluye, están dejando de lados los espacios de afectividad y destruyendo un entorno "amigable". "El mercado que se crea alrededor de la prostitución hace que se traiga a personas ya tratadas con fines de explotación sexual y se crea un espacio cada vez más hostil para la sociedad", afirma. Por eso, remata, es un problema social y de derechos humanos, en el que las mujeres son "definitivamente las más perjudicadas" pero en que el espacio es agresivo para toda la sociedad. "Hay quienes pierden más, pero nadie gana", concluye.

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